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Bitcoin encuentra un nuevo propósito: ¿por qué ahora importa más que nunca?

De símbolo de rebeldía digital a activo adoptado por Wall Street, Bitcoin redefine su papel en las finanzas globales. Su institucionalización promete estabilidad, pero también riesgos sistémicos.

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Se reposiciona el bitcoin (Ismael Ángeles)

Cuando el Bitcoin irrumpió en el imaginario colectivo en 2013, la idea detrás de él capturó rápidamente la atención: una moneda digital para pagos instantáneos y anónimos, sin necesidad de intermediarios bancarios. Ese año su precio se disparó, pasando de alrededor de 13 a 747 dólares.

Doce años después, la criptomoneda más conocida del mundo ha superado los 120 mil dólares. En el camino, decenas de miles de personas han hecho —y perdido— fortunas. Pero, pese a todo el discurso sobre la adopción masiva de Bitcoin, nunca ha representado una amenaza real para desplazar a las monedas tradicionales como medio de pago para comprar en el súper, adquirir un auto o incluso enviar dinero al extranjero, un negocio que, por cierto, parece listo para una disrupción, dadas las elevadas comisiones que implica.

La principal razón por la que Bitcoin sigue siendo relevante tiene poco que ver con los pagos. Lo que ha llevado su precio a niveles estratosféricos es su adopción por parte de las finanzas tradicionales como una alternativa potenciada a las acciones, los bonos, los bienes raíces o el oro. Una creciente lista de “millonarios del Bitcoin” ha despertado el apetito de muchos más, lo que ha puesto presión sobre asesores financieros para ofrecer a sus clientes alguna exposición al token digital. Grandes instituciones financieras ya están ofreciendo fondos cotizados (ETFs) basados en Bitcoin, promocionándolos como herramientas para diversificar portafolios y protegerse frente a la inflación.

Este giro ha recibido el visto bueno del gobierno de Estados Unidos gracias a una oleada de legislación impulsada en el Capitolio por el presidente Donald Trump, abierto defensor de las criptomonedas. Sin embargo, el coqueteo de las finanzas convencionales con las monedas virtuales plantea preguntas importantes. Por ejemplo: ¿cómo pueden los banqueros recomendar con responsabilidad un activo que no tiene valor intrínseco más allá de su escasez? (incluso el oro puede transformarse en joyería). Y si el precio del Bitcoin depende únicamente de la expectativa de que más personas lo compren, ¿qué sucederá cuando la última institución financiera dispuesta a adoptarlo ya lo haya hecho?

¿Qué es el Bitcoin?

Bitcoin y otras criptomonedas son tokens digitales que operan sobre una red blockchain, una especie de libro contable digital que registra transacciones. El token de Bitcoin que se compra y vende actualmente es la criptomoneda principal en esa red. Se les conoce como criptomonedas porque utilizan criptografía: están codificadas de tal forma que falsificarlas —la mayor amenaza para cualquier moneda— resulta prácticamente imposible. Por eso pueden mantener su valor sin necesidad de estar respaldadas por una autoridad central, como un gobierno.

El diseño original de Bitcoin se expuso en un documento técnico publicado en 2008 por una persona —o grupo de personas— bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto. Su identidad real sigue siendo un misterio, pese a varios intentos por adjudicarle autoría. Los juegos de fantasía en línea ya utilizaban monedas virtuales desde antes. La gran innovación detrás del Bitcoin fue el blockchain: un registro público, en su mayoría anónimo, que documenta transacciones realizadas con el token.

El blockchain cumple la misma función que el sistema bancario para las monedas tradicionales: rastrear el movimiento del dinero de una entidad a otra, evitando que una misma persona gaste el mismo dinero dos veces. Las transacciones con Bitcoin pueden realizarse en sitios web o mediante dispositivos que funcionan como “carteras” electrónicas que suben la información a la red (aunque no siempre son seguras). Las nuevas transacciones se agrupan en bloques y se transmiten a la red para ser verificadas por los llamados mineros de Bitcoin.

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Bitcoin (Ismael Ángeles)

¿Qué es la minería de Bitcoin?

Cualquiera puede ser minero de Bitcoin, siempre que cuente con una computadora muy potente, mucha electricidad y ganas de resolver acertijos. Los datos de cada lote de transacciones se encriptan mediante una fórmula que solo puede desbloquearse a través de prueba y error a gran escala. Los mineros utilizan potentes sistemas de cómputo para competir entre sí y ser los primeros en resolver el problema. Si la respuesta de un minero es verificada por otros, los datos se agregan a una cadena enlazada de bloques y el minero recibe Bitcoin recién emitido como recompensa. Cada bloque contiene datos que lo vinculan con los anteriores, de modo que intentar gastar dos veces el mismo Bitcoin requeriría modificar muchos eslabones de la cadena. Y mientras los mineros compiten, también van verificando el trabajo de los demás paso a paso.

¿Qué le da valor al Bitcoin?

Los dueños de Bitcoin no reciben ingresos periódicos como ocurre con los bonos o las acciones. Su valor proviene del hecho de que la oferta está limitada. El protocolo del software de Bitcoin establece que nunca existirán más de 21 millones de “monedas”. Además, la tasa de emisión de nuevos Bitcoins se reduce a la mitad aproximadamente cada cuatro años, lo que limita el crecimiento de la oferta con el tiempo, sin importar qué tan alta sea la demanda. Sus defensores ven esto como una buena razón para conservar Bitcoin como alternativa a las monedas tradicionales, cuyo valor puede depreciarse cuando los bancos centrales imprimen más dinero para estimular la economía. Incluso con el oro, si sube la demanda, se puede extraer y refinar más metal.

Algunos trabajadores migrantes utilizan Bitcoin para enviar dinero a sus familias. También se usa para comprar bienes ilegales en la dark web o en esquemas de lavado de dinero (aunque hoy en día existen otros tokens cripto que ofrecen incluso mayor anonimato que el Bitcoin). Pero la gran mayoría de los propietarios actuales de Bitcoin lo ven como un activo para conservar, no como una moneda para hacer compras. Confían en que su valor, basado en la escasez, seguirá aumentando en el futuro previsible.

¿Por qué Bitcoin no es muy útil como dinero?

Las operaciones con Bitcoin pueden tardar en liquidarse cuando su red blockchain se satura. Además, su precio es notoriamente volátil, lo que dificulta saber cuántas manzanas, tenis o Lamborghinis podrás comprar con él de una semana a otra. Las monedas tradicionales rara vez experimentan las oscilaciones de precio que sufre Bitcoin, salvo que el país esté en crisis política o económica.

A diferencia del dólar estadounidense, que no compite con otras monedas dentro de su propio sistema, Bitcoin tiene que enfrentarse a otras criptomonedas como Ether o Dogecoin en el terreno de las transacciones comerciales. Las altas comisiones por transacción pueden volverlo poco práctico para pagos pequeños. En 2021, el gobierno de El Salvador adoptó Bitcoin como moneda de curso legal, pero solo el 4.9 por ciento de las operaciones en ese país se realizan con Bitcoin, según un estudio de 2023. Las llamadas stablecoins podrían ser una alternativa más útil para pagos, ya que buscan mantener una paridad uno a uno con monedas tradicionales, generalmente el dólar. Sin embargo, incluso estas se utilizan principalmente por inversionistas cripto como herramienta para cambiar entre tokens o mantener ganancias sin convertirlas a moneda fiduciaria.

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Se reposiciona el bitcoin (Ismael Ángeles)

¿Qué hace interesante a Bitcoin como inversión?

Además de su escasez, Bitcoin es altamente líquido y puede comprarse o venderse a nivel global. No necesitas adquirir un Bitcoin completo —que costaba más de 119 mil dólares a mediados de julio—, ya que puede fraccionarse y comprarse en partes.

Hoy su valor proviene en gran parte de su percepción como cobertura macroeconómica: una forma de diversificar portafolios de inversión para reducir la exposición a los vaivenes de la economía global, la incertidumbre política y la inflación, que erosiona el poder adquisitivo de las monedas tradicionales.

¿Por qué ha repuntado el Bitcoin en 2025?

Como el token digital más grande, Bitcoin suele ser un termómetro de la salud del mercado cripto. Su precio se ha desplomado numerosas veces a lo largo de los años, la más reciente en 2022, cuando el colapso de una stablecoin y el espectacular desplome del exchange FTX provocaron una oleada de quiebras. Estos eventos llevaron a varios gobiernos escépticos a concluir que los riesgos de las criptomonedas superaban por mucho sus posibles beneficios. El Banco Central Europeo, en una publicación de noviembre de 2022, calificó la recuperación parcial de Bitcoin como un “último suspiro inducido artificialmente antes de su camino hacia la irrelevancia”.

Y, sin embargo, Bitcoin repuntó. Comenzó a atraer el interés serio de algunos de los jugadores más grandes del sistema financiero tradicional. A inicios de 2024, el token alcanzó nuevos máximos, impulsado por la posibilidad de que Trump —entusiasta del cripto— fuera reelecto y promoviera leyes para regular las criptomonedas como activos convencionales. Su victoria en las elecciones de noviembre llevó a nuevos récords. El 18 de julio, al firmar la primera ley federal para regular las stablecoins, Trump la celebró como un “gran paso para consolidar el dominio estadounidense en las finanzas globales y la tecnología cripto”.

¿Qué significa la legislación cripto de Trump para el Bitcoin?

Al designar ciertos activos basados en blockchain como “commodities digitales”, la nueva legislación reduce la incertidumbre regulatoria en torno a Bitcoin y otras criptomonedas, lo cual facilita a las instituciones financieras considerar inversiones en este tipo de activos. Este cambio podría aumentar la demanda de Bitcoin, así como dar a los clientes más opciones sobre dónde operar.

En los últimos años, han sido comunes las acciones legales contra firmas cripto por ofrecer valores no registrados. La llamada Clarity Act busca dividir con mayor claridad la supervisión regulatoria entre la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC) y la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), lo que da a las empresas mayor certeza jurídica al ofrecer criptomonedas a sus clientes.

Otras disposiciones, como el establecimiento de un marco legal para las stablecoins, también podrían beneficiar al Bitcoin. Si las stablecoins se vuelven de uso común, las personas podrían adoptar con mayor facilidad el blockchain para pagos cotidianos y transacciones con otras criptomonedas. Trump también ha prometido crear una reserva estratégica de Bitcoin, lo que podría aumentar aún más la confianza en esta clase de activos.

¿Quiénes son los nuevos aliados del Bitcoin?

Hoy, algunos de los actores más importantes del sistema financiero global están involucrados con Bitcoin. Administradores de fondos como BlackRock y Fidelity ofrecen fondos cotizados en bolsa (ETFs) vinculados al Bitcoin, lo que facilita a los inversionistas acceder a su desempeño en plataformas tradicionales como las bolsas de valores. Actualmente, casi 70 mil millones de dólares se comercian en ETFs de Bitcoin en Estados Unidos.

Algunas firmas también han incursionado en servicios de custodia o corretaje de Bitcoin. Instituciones como BNY Mellon, Goldman Sachs y Standard Chartered han entrado a este mercado en los últimos años. Por su parte, fondos de inversión como Twenty One Capital (respaldado por SoftBank), Tron Inc. (de Justin Sun) y Strategy (de Michael Saylor) están recaudando capital y deuda convertible para adquirir Bitcoin y otros tokens, e inyectarlos en vehículos que ya cotizan en bolsa, con distintos niveles de ingeniería financiera.

Este escenario dista mucho del que imaginaron los libertarios antigobierno que respaldaron a Bitcoin hace más de una década como una forma de quitarle poder a las instituciones financieras y devolverlo a las personas. Pero hoy, para un número creciente de inversionistas, el Bitcoin se ha vuelto una necesidad para diversificar riesgos (y no quedarse fuera del próximo repunte cripto).

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Transformación del bitcoin (Ismael Ángeles)

Entonces, ¿el Bitcoin vuelve a ser el futuro?

Quienes hoy defienden el Bitcoin esperan que su creciente base de propietarios institucionales reduzca su extrema volatilidad, ya que podrían actuar como compradores de largo plazo en momentos en que inversionistas minoristas más inexpertos entren en pánico y decidan vender.

Contar con un grupo de inversionistas más amplio y diverso también mejoraría la liquidez y reduciría el impacto de operaciones individuales sobre el precio. Las instituciones, además, traen consigo herramientas de gestión de riesgos y estrategias de cobertura que ayudan a suavizar las fluctuaciones de valor.

Sin embargo, es inusual que los grandes bancos promuevan un activo mientras expresan dudas tan profundas. Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, ha calificado al Bitcoin como un “fraude inflado” y ha dicho que, si pudiera, eliminaría la industria cripto por completo. Aun así, este año su banco comenzó a aceptar ETFs de Bitcoin como colateral para préstamos. En el Investor Day de mayo, Dimon reiteró que “no es fan” del Bitcoin.

A medida que Wall Street profundiza su relación con el Bitcoin, esa tensión entre entusiasmo e incomodidad es difícil de ignorar. Lo que antes se desestimaba como un activo especulativo, ahora se está integrando a portafolios de retiro, líneas de crédito y esquemas de colateral de grandes bancos. Si ocurre otro desplome —como el colapso de 2022— las consecuencias ya no se limitarán a firmas cripto o inversionistas individuales audaces: podrían alcanzar también a instituciones como los fondos de pensiones, que antes estaban protegidas frente a la volatilidad del Bitcoin.

Los jugadores financieros que decidan apostarlo todo por el Bitcoin podrían enfrentar un costo elevado: el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha dicho que criptomonedas como Bitcoin deberían tener un riesgo ponderado de hasta mil 250 por ciento cuando son mantenidas por bancos. Eso significa que tener Bitcoin en su balance podría resultar carísimo para ellos, ya que requerirían mantener un gran capital de respaldo para cubrir eventuales pérdidas severas.

—Con la colaboración de Emily Nicolle y Kirk Ogunrinde

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