Sonya Santos

La odisea del hielo

Los primeros hombres y mujeres que vagaban por el mundo utilizaban el hielo en las zonas frías para diversas actividades de la vida diaria.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía recordaría aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Así comienza la magnífica novela Cien años de soledad del escritor colombiano Gabriel García Márquez. En el pueblo de Macondo, donde se desarrolla la historia en una atmósfera de realismo mágico, los gitanos traían cada año curiosidades de tierras lejanas, entre ellas el hielo, un objeto frío y desconocido en aquel lugar de clima caliente, que dejaba perplejos a los habitantes.

La historia del hielo para el aprovechamiento alimenticio se remonta a la antigüedad. Los primeros hombres y mujeres que vagaban por el mundo lo utilizaban en las zonas frías para diversas actividades de la vida diaria. Además de consumir el agua obtenida al derretirlo, descubrieron que era un extraordinario conservante de alimentos. Sus raíces se remontan alrededor del año 1,000 a.C., cuando la civilización china descubrió cómo cortarlo en bloques que se formaban sobre arroyos congelados y utilizarlo como un medio de conservación.

En el siglo V a.C., tanto los antiguos griegos como los romanos se refrescaban con nieve, a la que aromatizaban con miel o jugos de frutas. Se sabe que Alejandro Magno construyó la primera nevera y disfrutaba de leche congelada endulzada con miel y vino. En Europa, un continente que contempla fríos inviernos y abundancia de hielo, se han descubierto numerosas construcciones subterráneas relacionadas con su almacenamiento.

En cuanto a México, existen leyendas populares que hacen referencia a la supuesta tradición de traer nieve del Popocatépetl para el emperador Moctezuma. Sin embargo, estas historias no tienen ningún registro histórico en códices o material de la época.

Siguiendo el modelo de los grandes pozos subterráneos de estilo europeo, los primeros sistemas en Estados Unidos se establecieron en el siglo XVII. El hielo se cortaba de los estanques y se almacenaba en pozos durante el invierno, a veces durando hasta finales de verano.

Antes de la invención de las máquinas de hielo, en 1806, un visionario estadounidense llamado Frederic Tudor, originario de Boston, decidió hacer fortuna vendiéndolo a personas que vivían en climas tropicales. Compró un bergantín y lo llevó primero a la colonia francesa de Martinica, donde podría utilizarse para enfriar bebidas, conservar alimentos y calmar a los pacientes que sufrían de fiebre amarilla, ayudando a reducir sus altas temperaturas corporales.

En aquel año, partió con 130 toneladas de bloques de hielo provenientes de un estanque familiar. Aunque la mayor parte de éste sobrevivió al viaje de tres semanas envuelto en heno, se derritió rápidamente en Martinica debido a la falta de almacenamiento adecuado. Tudor perdió cuatro mil dólares. Luego intentó llevarlo a La Habana, pero nuevamente fracasó. A pesar de las pérdidas acumuladas, aprendió de sus errores y se aseguró de que se construyeran instalaciones para conservarlo en los puertos a los que llegaba. Descubrió que el aserrín era más efectivo que el heno para evitar el derretimiento. Logró ser el proveedor en La Habana y Jamaica, además de los estados del sur de la Unión Americana.

En 1833, Tudor emprendió una hazaña que se creía imposible: embarcar hielo en un viaje de 26 mil kilómetros desde Boston hasta Calcuta. A pesar de viajar por cuatro meses en el mar, aproximadamente 180 toneladas llegaron a la India en perfectas condiciones. Esta sustancia sólida y cristalina que se forma cuando el agua se enfría por debajo de su punto de congelación, que es a 0 °C (32 °F), proveniente de Nueva Inglaterra, causó furor en el país, y los habitantes solicitaron la construcción de un depósito para conservarlo.

El visionario demostró que era posible producir y suministrar los bloques naturales con éxito a cualquier parte del mundo. Hubo un auge en el comercio del hielo y Tudor se convirtió en un magnate del negocio. La India fue el destino más rentable. En 1856, sus barcos transportaban cerca de 150 mil toneladas al año desde Boston a 43 países, una odisea que lo llevó también a lugares tan lejanos como Singapur y Australia.

Después surgieron los avances derivados de la Revolución Industrial, incluyendo la producción de hielo artificial. En 1851, el médico e inventor estadounidense John Gorrie creó una máquina que empleaba compresión mecánica para enfriar el aire y generar hielo. Su objetivo inicial era el de enfriar hospitales, brindando alivio a los pacientes afectados por enfermedades tropicales.

Fue entonces cuando comenzó una nueva era para refrescar al mundo.

COLUMNAS ANTERIORES

Sostenibilidad en tiempos de primavera
¿Por qué no al maíz transgénico?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.