¿Y si nos mantenemos unidos como sociedad? ¿Y si ponemos en el día a día el esfuerzo que dieron todos los jugadores en la cancha? ¿Y si tomamos su ejemplo de trabajo en equipo, su solidaridad y su honor? ¿Y si dejamos de buscar culpables? ¿Y si de verdad defendemos a México? ¿Y si a diario somos nuestra mejor versión?
Entonces sí llegaríamos como sociedad a construir un México con el potencial que tenemos, sin limitaciones ni trabas, ni divisiones sociales para manipular masas ni generar resentimientos.
Estos 25 días en los que creímos en México, todos empujamos hacia adelante, todos nos emocionamos y la gran mayoría nos sorprendimos de lo que pasó en la cancha y cómo esa actitud nos inundó de fe, de sabernos capaces, y no me refiero al futbol nada más, sino que en el país se respiró distinto, dejamos de seguir el discurso que a diario se dicta y que marca el rumbo de la conversación. El ambiente se cargó de optimismo basado en capacidad, no en sueños. Futbolísticamente llegamos hasta donde el torneo nos permitió, se gana y se pierde, si se hace con honor, no hay reclamo. Otra cosa fueron los cambios, pero ese no es el tema de esta columna, el futbol cada uno lo ve de distinta manera.
La magia que despertó la Copa del Mundo en México es el reflejo de lo que en realidad somos. Un pueblo, sea cual sea la condición social, bueno y trabajador. Con un corazón inmenso, con magia en la manera de ver, sentir, entender y gozar la vida. Con riqueza cultural fruto del origen étnico, del mestizaje y de la evolución de esto durante siglos. Nuestra gastronomía es campeona del mundo. Nuestra música abraza el corazón en la alegría y en la tristeza. El colorido de nuestro paisaje, de nuestra arquitectura, de nuestro arte y nuestros atardeceres embrujan el alma.
No sólo es futbol, México no terminó el domingo en el minuto 90, México brilla en el mundo en distintos ámbitos. Isaac del Toro, el sensacional ciclista de Baja California, nos dio a primera hora del día su primera victoria de etapa en el Tour de France. Tiene todo para hacer podio, quedan miles de kilómetros y todo puede pasar. En el deporte más duro del mundo un compatriota brilla al más alto nivel. Checo Pérez continúa en la F1 por su capacidad y experiencia, todos sabemos que sin opción alguna por conducir para una escudería nueva. Pato O’Ward ganó en Mid-Ohio en la IndyCar. Somos potencia en tiro con arco, clavados y caminata, contamos con grandes peloteros, boxeadores, luchadores, golfistas y puedo seguir. Todos y cada uno de ellos basan su éxito en el trabajo, el esfuerzo, la dedicación y desde luego talento, pero los tres pilares primordiales son los primeros. Ese ejemplo debemos seguir todos en todo.
Taurinamente hablando, hoy en España se encuentran jóvenes que han dejado sus hogares para trabajar y sacrificarse por un sueño: Andrés García, Juan Pablo Ibarra, Marco Peláez, Santiago López Ortega, Ignacio Garibay, Jairo López, Javier Spínola. Todos ellos novilleros que estoy seguro conseguirán trascender en el toreo. México tiene en su escalafón la suficiente calidad para estructurar una fiesta que se sostenga y que las figuras extranjeras sean la cereza del pastel. ¿Y si apostamos fuerte por los nuestros?
Para terminar, dejo lo más desagradable. El alcalde de Tijuana, Abdiel Gutiérrez (entiendo el trauma infligido por sus padres al ponerle ese nombre), se manifestó antitaurino. Está bien, no pasa nada si no entiendes ni conoces la tauromaquia. Pero, al ostentar un cargo público en este país, donde la tauromaquia es legal, lo que le guste al Abdiel, no debe influenciar en la vida cultural de los tijuanenses. En una ciudad con cientos de carencias y problemas serios, este tipo obstruye el derecho al trabajo y el acceso a la cultura de los mexicanos. Una vergüenza que se suma a Brugada, Sesma y todos aquellos que no entienden que México es taurino.
¡Viva San Fermín!