El aislamiento físico nos hizo conscientes del valor del movimiento de las personas en los flujos de nuestras actividades económicas. En el artículo anterior vimos cómo una gobernanza digital y criptográfica puede ayudarnos a reconstruir el tráfico de la población a través del territorio. Veamos ahora cómo el consenso digital descentralizado puede ayudarnos para la reconstrucción de flujos de productos y energía.
De manera semejante al movimiento de personas, las cadenas de valor y suministro de productos son secuencias de traslados en los procesos de producción, de transportación, de distribución y entrega al consumidor final. Estos flujos cuentan con sus correspondientes registros digitales contables y administrativos, así como de cumplimiento de normas y estándares locales e internacionales.
Blockchain, ya antes de la pandemia, permitió complementar estos registros con la garantía de nuevos objetivos de transparencia y seguridad para el seguimiento de productos alimentarios críticos. La iniciativa Food Trust de IBM, desarrollada con Hyperledger Fabric, inició en 2017 y cuenta ya con 80 empresas involucradas en dar seguimiento a 1,300 productos.
La trazabilidad de alimentos que instrumentó Walmart le permite verificar la proveniencia de mangos en segundos, pero, sobre todo, adelantarse a la identificación de brotes de enfermedades alimentarias dando seguimiento a sus productos perecederos, cárnicos, lácteos y alimentos para bebés. En el caso de Yucatán, y de otros estados de la República, el uso de Blockchain para certificar el cumplimiento de estándares internacionales en sus cadenas de producción de alimentos abre oportunidades importantes para la exportación de cerdo, pesca y acuacultura, entre otras.
Con Blockchain podemos además registrar y auditar los flujos vitales de energía eléctrica para intercambiarlos con seguridad en mercados transparentes y eficientes. Sus transacciones, vale la pena enfatizar, no son ahora entre personas sino entre máquinas. Un universo de mecanismos genera electricidad, amplias redes la transmiten y distribuyen a través de extensos territorios, pequeñas o micro redes la administran localmente, y un sin número de maquinarias o electrodomésticos la consumen automáticamente para cumplir sus funciones.
Sus unidades de valor están perfectamente identificadas, cotizadas y cobradas, y, con el Internet de las Cosas, podemos describir con precisión la estructura topológica de sus redes y componentes y asignarles su identidad digital descentralizada (DID).
Independientemente de las posturas políticas que premien un tipo de energía eléctrica sobre otra, los mercados responsables de energía, bajo cualquier ideología, demandan una arquitectura de registro veraz que detalle sus flujos e interacciones para operar digitalmente con reglas codificadas.
En Europa un consorcio de grandes redes de transporte de electricidad cuenta ya con una plataforma de Blockchain que permite a los consumidores acceder a mercados de energía sustentable, integrar generación fluctuante y sustentable, y equilibrar con flexibilidad los balances entre oferta y demanda. El respaldo de esta tecnología a la producción descentralizada de electricidad permite a millones de hogares organizarse en micro-redes para ofrecer la capacidad flexible de sus autos eléctricos y sus baterías en mercados minoristas de electricidad. Para la infraestructura existente y futura de la electricidad, como sucedió para el caso del dinero, el tema relevante es su mejor arquitectura digital.
Estos breves ejemplos muestran caminos donde la gobernanza codificada permite nuevos consensos para el flujo de personas, productos y energía. Su fundamento: la confianza en unas reglas claras de operación y en el registro de una información inmutable, transparente y distribuida.
Estamos frente al reto global más importante de nuestra generación. Es el momento de hacer planes para nuestra recuperación social y económica, y como dijo el General Eisenhower después de ganar la Segunda Guerra Mundial "los planes podrán ser inútiles, pero la planeación es indispensable".