Gestión de Negocios

Mucho poder digital, poca inteligencia aplicada

La IA puede aportar una solución idónea a un problema que el individuo interpretó incorrectamente. El ser puede no tener conciencia situacional y el ente no procesar toda la complejidad.

Ni pierdo la capacidad de asombro de lo que puede ya realizar la inteligencia artificial (IA), ni agoto la posibilidad de sorprenderme frente a la genuina inteligencia humana.

Las organizaciones viven hoy una dualidad en su capacidad para razonar, aprender y resolver problemas o situaciones delicadas: humanos y procesadores. Mentes que pueden enfocarse y aplicaciones que pueden nutrir la comprensión. Sensibilidad que puede leer el contexto y programas que enriquecen las opciones.

Maximizar los beneficios de esa dualidad tiene sus retos. El humano se puede frenar por miedo y la mejor máquina no resuelve si no tiene un comando oportuno y correcto. La IA puede aportar una solución idónea a un problema que el individuo interpretó incorrectamente. El ser puede no tener conciencia situacional y el ente no procesar toda la complejidad.

¿Qué tipo de situaciones concretas observo en más de una entidad productiva en esta dualidad de inteligencias multifuncional? Aquí tres para la reflexión:

1) Miles de APPs con poco uso integral.- Existe una subutilización en todos los sistemas que tenemos a nuestro alcance. De acuerdo con el compilado de Buildfire (2026), tenemos alrededor de 80 aplicaciones en los smartphones y las personas usamos sólo 9 por día, 30 por mes. 25% sólo las usamos una vez tras descargarlas.

Y en la computadora la subutilización del poder de los sistemas es todavía mayor. En general, la gente pasa 88-91% del tiempo dentro de 3 a 5 programas. Y queda abierta la interrogante de qué tanto sabemos usar esos sistemas en los que navegamos, coexistimos y consumimos sistemáticamente.

2) Mucha RAM poca digestión razonada.- Los dispositivos cada vez tienen más ‘Random Access Memory’, más capacidad de procesamiento veloz con microprocesadores de alto desempeño y almacenamiento. Los usuarios no hemos agregado comprensión evolutiva a la misma velocidad.

Y aunque nadie está obligado a ser un experto programador, sí debemos entender cómo funciona la IA, puliendo una comprensión integral de lo que cada pieza del rompecabezas tecnológico que hoy tenemos a nuestra disposición puede hacer por nuestra organización, familia e individualidad.

3) Enorme potencial con rentabilidad por ser descubierta.- Una cosa es que una máquina tenga la capacidad de hacer algo y otra es que ese algo esté inserto en un proceso productivo funcional, sostenible y rentable. La inteligencia empresarial humana debe alinear las capacidades de la IAneutra.

Ningún sistema, APP o prompt es bueno o malo. Lo es en función de la utilidad práctica que alguien le encuentra en un caso concreto, al tiempo que pondera los riesgos de trabajar en sistemas abiertos o que confronta los costos de hacerlo en sistemas cerrados.

Ya nadie tiene duda de que la IA puede procesar todo lo técnicamente procesable. La inteligencia humana debe resolver la aplicación responsable y productiva de esa enorme capacidad de procesamiento complejo a la que mal llamamos ‘pensamiento’.

En fuerza física hace décadas que la máquina superó al hombre. En procesamiento numérico hace varios años que un sistema rebasó al individuo con mayor agilidad mental. Ignoro si viviré para ver el momento en que la capacidad global de procesamiento autónomo supere el control de la inteligencia humana colectiva.

Pero entre que ese momento llegue y la humanidad cambie de era, a los empresarios nos toca comprender, elegir, adoptar, usar a profundidad lo que sirva y continuar sumando capacidades productivas al reto perpetuo de la competitividad.

Y es que con la IA, la diferencia ya no está en pensar más rápido, sino en ejecutar mejor.

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