Costo de oportunidad

Sputnik, Apolo y Olinia

El avance de los autos eléctricos chinos reabre el debate sobre si México debe importar tecnología o desarrollar una industria propia de innovación.

En octubre de 1957, durante la guerra fría, los soviéticos lanzaron el Sputnik, el primer satélite artificial. Los Estados Unidos se estaban quedando atrás en la carrera espacial. El orgullo nacional norteamericano estaba herido.

¿Cuál fue la reacción de Estados Unidos? Había que ganar la carrera espacial. Sin importar el costo. En 1962, el Presidente Kennedy pronuncia su famoso discurso desde la Universidad de Rice, en Houston. Ahí anuncia “que elegimos ir a la Luna”, y a partir de ahí, el aparato gubernamental y privado de los Estados Unidos no paró, hasta que el Apolo 11 alunizó con tres tripulantes.

Con los coches chinos, especialmente los híbridos y los eléctricos, los mexicanos deberíamos tener una sensación parecida. Los coches cada vez más son computadoras con ruedas y motores eléctricos. China nos va ganando en esa carrera tecnológica, que realmente es medio low-tech. Con excepción de las baterías y los semiconductores, todo lo que hay ahí lo podemos fabricar hoy en México.

Entonces, podemos decir que la Dra. Sheinbaum, tuvo una buena idea; un momento Kennedy-Sputnik. Quizá lo que falla ahí es la implementación: algún acólito seguramente anotó: “La presidenta quiere un coche eléctrico”, y lo fue a comprar a China. Eso es como si Kennedy hubiera corrido a la Unión Soviética a comprar satélites y a financiar sus lanzamientos hacia el espacio.

Tiene razón la Dra. Mariana Mazzucatto: hay que generar un esfuerzo a nivel país para meterse a ciertas industrias. Con la industria automotriz tradicional, así fue. Es un esfuerzo que empezó muy temprano en el S. XX, al cual muchos gobiernos mexicanos le dedicaron esfuerzo, tiempo y dinero. Se convenció a las armadoras de que México era un buen lugar para producir automóviles, y las armadoras fueron llegando, probablemente desde los años de la posguerra mundial.

Ahora, debería ser igual. El acólito que fue a comprar coches fuera de norma en China, tendría que haber hablado con la industria. Si el obstáculo era la norma oficial mexicana, teníamos que reformarla. Argumentos no faltan: las motos son mucho más peligrosas que cualquier otro transporte. Cuando el Lic. López Obrador fue gobernador chilango, sacó al Vocho de circulación por no cumplir con elementos de seguridad modernos. Ahí empezó el crecimiento desmedido de las motos.

No está bien que el gobierno quiere ser un competidor de la industria privada, y usa su palanca regulatoria para hacerse un nicho en el cual no puede competir la industria.

Mercado existe. Ayer, el Maestro Enrique Quintana escribió, en su columna diaria de El Financiero, que las restricciones a la importación de vehículos chinos que impuso México sí se reflejó en las aduanas, pero no en las agencias de esos coches, que siguen vendiendo como locos.

¿Dónde hay papel para el gobierno y la academia? En la investigación aplicada. Tendríamos que poner a nuestros mejores químicos, nanotecnólogos, ingenieros de materiales, hasta biólogos, a investigar en nuestras opciones de pilas. Tendríamos que financiar a nuestros ecólogos para trabajar en reciclar la basura de los coches chinos. Nuestros expertos en distribución y logística podrían diseñar esquemas de recambio de pilas estándar para los vehículos, como lo han planteado los franceses.

En el sexenio pasado, pensamos que del litio íbamos a hacer un negocio de rentas como el del petróleo. Tendríamos que hacer empresas spinoff tecnológicos con esos científicos, no pretender crear nuevos Pemex que sustituyan rentas para el Estado. Realmente, China está moviendo el precio del petróleo, según The Economist de esta semana hacen inventarios cuando el precio está bueno, y el resto del tiempo aprovechan sus energías renovables y sus capacidades de almacenamiento en baterías.

Si parte de ese talento hay que importarlo, hay que ir por él. En India y China seguro hay gente brillante que quiere vivir aquí. Los estadounidenses, en su carrera espacial, no hubieran hecho mucho sin ciertos genios del Tercer Reich que acabaron naturalizados allá.

Eso quiso decir Mazzucato. No “tráeme cochecitos sin airbag” de China: desarrolla una industria. Muchos consumidores no tenemos inconveniente alguno en que el coche no tenga airbag, o frenos de disco. La velocidad tampoco es problema en ciudades. Olinia me parece una gran idea, gran proyecto, y hasta gran logo. La implementación, francamente, me parece lamentable. No puede ser un proyecto de gobierno solamente: tiene que ser un proyecto país.

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