Hoy la UNAM está en todas partes, por una serie de resultados inusuales en el examen de admisión, que revelan que los aspirantes hicieron trampa, o que de repente nos llenamos de genios.
El problema no es solamente que la gente es tramposa. También el examen tuvo un problema de diseño, ya que se administró remotamente, hubo tiempo para copiar las preguntas, y además es la época de la inteligencia artificial. El procedimiento se diseñó mal, y entonces todo indica que ya no podrán dar por válidos los resultados de la prueba. Solamente accederán a la UNAM en este ciclo los estudiantes de las preparatorias de su propio sistema.
Dentro de todas las voces que han aprovechado para patear al caballo muerto, han salido por ahí algunos que culpan a la UNAM de todos los males de la República. Que si es nido de porros (cierto), que si venden narcóticos ahí (también cierto), que si de ahí salieron los premios Nobel y es la universidad mejor rankeada del país (ciertísimo), pero también que no producen patentes al nivel que lo hacen universidades similares del Orbe (verdad a medias).
Ciertamente, la UNAM no ha mejorado la productividad del campo, encontrado la cura de todos los tipos de cáncer, o arreglado las fallas institucionales de la democracia mexicana. Eso no quiere decir que sea la culpable de todo lo malo que ocurre en México. Claro, me dan ganas de despotricar, como el Abuelo Simpson con el puño al aire, mirando al cielo, pero no creo que sea útil. Mejor platiquemos de la propiedad intelectual en México.
Según datos de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (WIPO), China solicitó 1.6 millones de patentes en 2024, con un crecimiento del 9.3 por ciento respecto al año anterior. Estados Unidos solicitó 521.3 mil, con una caída del 3.5 por ciento. Alemania hizo 133 mil solicitudes de patentes en 2024, y la República de Corea 414.6 mil. Ese mismo año, México solicitó 1.74 miles de patentes, creciendo al 9.9 por ciento por año. La tasa de crecimiento está muy bien. Pero, los alemanes patentan casi cien veces más que nosotros, y los chinos casi mil veces más.
Entre 2019 y 2024, la UNAM registró 218 patentes. Se le otorgaron 273 (Boletín UNAM DGCS-700). Eso es un promedio de casi 44 por año. Una fracción de las patentes nacionales. La Universidad de California registró, en 2024, 540 patentes. Es la que más patenta allá en Estados Unidos. Pero, hay que tomar en cuenta que en Estados Unidos no hay distinción entre patentes y modelos de utilidad, como sí la hay en el derecho español, chino y mexicano. La comparación no es estrictamente de peras con peras y manzanas con manzanas, pero UC registró el 0.1 por ciento de las patentes de los Estados Unidos, mientras que el promedio 2019-24 de la UNAM revela que patentó el 2.5 por ciento de las patentes mexicanas. En proporción a la innovación total del país, la UNAM produce un porcentaje mucho mayor que el de la mejor universidad de los Estados Unidos.
Las patentes no se hacen naturalmente en las universidades públicas. Puede ocurrir, pero no es lo común. Las potencias en innovación, como Dinamarca (en farmacéutica, por ejemplo), tienen al sector privado como principal motor del patentamiento. Mis amigos académicos llevarían las pupilas al techo y me recordarán la triple hélice, las alianzas público-privadas-académicas. Pero, eso no ocurrirá en México porque los derechos de propiedad intelectual no están correctamente definidos.
En México, los derechos de propiedad de las “innovaciones en el lugar de trabajo”, no son del trabajador. Según la Ley Federal del Trabajo, las innovaciones son propiedad de la empresa, y al trabajador le corresponde “un pago adicional por ellas”, sin más definición.
Eso crea un incentivo para el trabajador a no revelar la innovación. Una vez que la innovación se descubre en una empresa, los incentivos llevan al empresario (verdadero dueño de ella), a mantenerla como un secreto industrial.
Lamentable el examen de admisión de la UNAM, y que seamos un país de tramposos. Pero, nuestros problemas de derechos de propiedad van más lejos que la UNAM. La solución a nuestra falta de patentamiento no está ahí. Hay que redefinir los derechos de propiedad, para que haya spinoffs tecnológicos. Para que haya incentivos a que el dueño de la innovación encuentre socios, y decida comercializar el conocimiento, no que se quede en la caja fuerte de alguna empresa. No hay un mercado de innovaciones en México. Hay que empezar por crearlo.