Contracorriente

Las inversiones no generan ganancias

La tasa de ganancias del capital invertido cayó hasta niveles en que invertir en plantas industriales se ha hecho menos atractivo y partes crecientes de sus activos buscan alternativas en otras esferas.

México no está en situación de sólo reactivar el aumento de inversiones públicas y empresariales para acelerar el crecimiento del PIB, que lleva décadas registrando tasas muy bajas; también es necesario empezar a cambiar el modelo basado en exportaciones por uno que eleve las capacidades internas de producción y consumo.

Dos condiciones para que tal reactivación ocurra son– por un lado- que el Estado amplíe y a la vez, mejore sus capacidades funcionales y por otro lado, que el empresariado nacional tenga expectativas razonables de que el aumento de sus inversiones productivas le redituará mayores ganancias.

En nuestra colaboración de la semana pasada consideramos que el Estado mexicano no cuenta actualmente con los recursos fiscales ni con plenas capacidades funcionales para jugar un eficiente papel promotor de las inversiones privadas, pero puede adquirirlas.

El tema de la rentabilidad de las inversiones productivas es más complejo, y no es exclusivo del empresariado mexicano.

La expectativa de obtener ganancias es el factor determinante por el que cualquier empresa toma decisiones de invertir o no hacerlo; y lo mismo en Estados Unidos que en Europa, las inversiones en capital industrial manufacturero han perdido dinamismo desde los años ochenta del siglo pasado, atribuible a la baja de la tasa global de ganancias.

En el reciente informe Labour presionado, inversión estancada, Mariana Mazzucato muestra que en Europa, “el retorno medio del capital invertido en las empresas encuestadas cayó del 13,4 por ciento en 2000 al 10,5 por ciento en 2024, una caída del 22 por ciento”.

En otras palabras, la tasa de ganancias del capital invertido cayó hasta niveles en que invertir en plantas industriales se ha hecho menos atractivo y partes crecientes de sus activos buscan alternativas en otras esferas.

Partes de los activos de muchas corporaciones han migrado a las esferas financiera y bursátil. “Como porcentaje de beneficios netos, los dividendos y las recompras de acciones más que se duplicaron, pasando del 27 por ciento al 68 por ciento entre 2000 y 2024” (Mazzucato).

Es decir, el sector no financiero en Europa ahorra más e invierte menos. Lo hace con la intención de compensar la baja de utilidades de sus inversiones productivas; la economía de Estados Unidos se adelantó en ese proceso y se le comenzó a ver como una «economía casino» desde los años 90 del siglo pasado.

La migración de parte de los activos productivos a inversiones financieras y especulativas sigue en aumento, a pesar de que las políticas económicas de los gobiernos se han diseñado --desde hace más de cuarenta años-- para proteger a los grandes capitales en la caída relativa de sus utilidades.

En ese sentido, en Estados Unidos y en Europa se han dado significativas reducciones de impuestos a las corporaciones; en la Unión Europea se pasó de un promedio del 35% en 1995 a un 21% en 2023. Con Trump en Estados Unidos el ahorro fiscal de las corporaciones es aún mayor, pero ese ahorro no se convierte en mayores inversiones productivas, como se esperaba, sino bursátiles.

El neoliberalismo abrió espacios y libertades --privatizaciones, desregulación y liberalización mercantil-- a las empresas que pudieran aprovecharlos para fortalecerse, lo que hizo una diferencia en el reparto de las ganancias empresariales; mientras que la tasa global es bajista, muchas de las grandes corporaciones han elevado sus utilidades, lo que explica en parte la concentración de riqueza y de poder político.

El propio neoliberalismo implica el debilitamiento político de las organizaciones sindicales de trabajadores, lo que precarizó el trabajo y en Europa, por ejemplo, redujo el porcentaje del ingreso nacional promedio que corresponde a los salarios, de 68% que era en 1980, a 62% en 2024; al mismo tiempo se encarecía la vivienda y se mercantilizaban los servicios públicos.

Ninguno de los fenómenos enunciados nos es ajeno en México; privatizaciones, desregulación, libertad sin exigencias a inversiones extranjeras, una legislación fiscal que permite ahorros de impuestos, precarización del empleo, congelamiento durante décadas de los salarios, mercantilización de la educación y la salud, elevación del costo de la vida.

México, además, firmó tratados de libre comercio con 55 países, y con muchos de ellos abatió aranceles unilateralmente, con los que tiene un déficit comercial permanente y de los que recibe productos que ponen a la planta productiva nacional en desventaja desleal.

El conjunto de estos fenómenos neoliberales debilita nuestro mercado interno, de cuya capacidad limitada de compra depende la materialización de las utilidades del 99 por ciento de las empresas del país.

¿Para que invertir en ampliar capacidades productivas en tales condiciones de mercado?

Las ganancias no las producen las inversiones; son las ventas de mercancías en mercados con capacidad solvente las que materializan las ganancias y motivan cualquier aumento de las inversiones productivas.

Si la realización de ganancias capitalistas ocurre en el momento en el que la manufactura o cualquier mercancía producida queda en manos del consumidor que la ha comprado, es acertado el propósito de atemperar desigualdades y fortalecer los salarios en México, y mejor lo sería si se cuestiona rigurosamente la conveniencia de mantener 55 tratados de libre comercio, que hacen extremadamente poroso nuestro mercado interno.

El T-MEC mismo exige una cuidadosa valoración de su conveniencia para México, más allá de la ventaja que tienen las grandes corporaciones -en su mayoría estadounidenses- que exportan desde nuestro territorio a Estados Unidos.

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