Gerardo Herrera Huizar

Apenas el comienzo

Quizás la más contundente, directa y demoledora sea la advertencia pronunciada por el director de la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA), el día que Ismael El Mayo Zambada fue sentenciado a terminar sus días en prisión.

De todas las declaraciones que han vertido diversos funcionarios de alto nivel de los Estados Unidos, incluido, desde luego, el mandatario norteamericano, en torno al combate a los grupos delictivos clasificados como narcoterroristas, quizás la más contundente, directa y demoledora sea la advertencia pronunciada por el director de la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA), el día que Ismael El Mayo Zambada fue sentenciado a terminar sus días en prisión.

En su alocución, Terrance Cole se refirió explícitamente a una “peligrosa conexión” entre el crimen organizado y el gobierno de nuestro país, así como a la determinación de su gobierno de ir tras todos aquellos que de alguna manera colaboren en el tráfico de drogas letales, ya sean los propios traficantes o funcionarios corruptos, enfatizando que esto, en referencia a la sentencia de Zambada, “sólo es el comienzo”.

El Gobierno de México ha desestimado las declaraciones del funcionario norteamericano, señalando, como en otras ocasiones, la colaboración y los resultados públicos y verificables en el combate a las organizaciones criminales; sin embargo, esta posición va dirigida sólo al consumo interno y poco o nulo efecto parece tener en la postura de las agencias al norte del Río Bravo.

El interés del gobierno de los Estados Unidos es manifiesto y terminante. Los constantes señalamientos públicos sobre la corrupción en la esfera política y sus vínculos con la criminalidad han pasado del rumor a la exigencia formal, que se ha topado con una férrea negativa por parte del gobierno de México a ser atendida, incentivando la desconfianza del vecino del norte y, evidentemente, tensando, día con día, la relación bilateral, en este y otros temas de carácter estratégico.

Mientras la relación entre los dos países se sitúa fundamentalmente en el tema de seguridad y combate a las bandas criminales, condimentada por la negativa de detener a un grupo de políticos sinaloenses con fines de extradición, en el ambiente doméstico se incorporan a la agenda pública asuntos que atraen la atención y se presentan como temas de gran relevancia que obligan a centrar la mirada fuera del foco bilateral, pero que en la práctica vienen a enrarecer aún más el panorama y el ambiente de incertidumbre; tal es el caso de la detención del panista Ruffo Appel acusado de huachicol fiscal y la controvertida pretensión de expedir lineamientos generales para la protección de las audiencias.

Hasta el momento, nada parece indicar que la posición de México respecto a las exigencias norteamericanas vaya a cambiar, dadas las repercusiones que pueden suponerse para algunos personajes relevantes, pero eso, por su propia naturaleza, sólo estira más la liga. Es cuestión de tiempo y apenas el principio.

Aclaro que todo lo expuesto es sólo la opinión de quien esto escribe.

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