Es probable que muchos hayamos sufrido recientemente algún “apagón”, esos cortes en el suministro de energía eléctrica que durante años parecían acontecimientos excepcionales y que hoy se han vuelto cada vez más frecuentes.
Basta abrir los periódicos para encontrar noticias sobre interrupciones, alertas por demanda máxima, problemas en redes eléctricas o industrias afectadas por fallas en el suministro.
No debería sorprendernos.
Durante muchos años advertimos que el sistema eléctrico mexicano estaba dejando de recibir las inversiones necesarias, mientras la demanda seguía creciendo. Por un lado, el crecimiento natural de la población y de la actividad económica; por otro, nuevas cargas que hace apenas una década eran marginales y que hoy comienzan a ser enormes: vehículos eléctricos, electrificación de procesos industriales y, especialmente, centros de datos.
La electricidad se ha convertido, más que nunca, en la infraestructura sobre la cual funciona prácticamente todo lo demás.
Como lo he comentado anteriormente, la ideología puede discutir durante mucho tiempo con la realidad, pero tarde o temprano la realidad termina imponiéndose.
Por eso hoy quiero hablar de algo positivo.
CFE está invirtiendo a marchas forzadas en reforzar y ampliar el Sistema Eléctrico Nacional, particularmente su red de transmisión.
Solamente en mayo salieron a concurso diez proyectos que, en conjunto, representan inversiones superiores a los ocho mil millones de pesos. Son proyectos distribuidos prácticamente a lo largo del país, desde Sonora hasta Chiapas.
Y quizá lo más relevante sea la velocidad.
Los concursos se están cerrando durante agosto y los proyectos deberán estar conectados en menos de 24 meses. Además, se prevé que durante el segundo semestre aparezcan nuevos paquetes de inversión de magnitud similar.
Durante la reciente Reunión de Verano de Potencia, en Acapulco, que este año volvió a contar con una importante presencia de personal de CFE, era evidente el cambio de ambiente. Se percibía entusiasmo entre fabricantes, constructores, ingenierías y proveedores. Después de varios años de incertidumbre, nuevamente existe una sensación de oportunidades y de mucho trabajo por hacer.
Si México quiere aprovechar el nearshoring, atraer centros de datos, electrificar más procesos industriales y, al mismo tiempo, retomar con fuerza la inversión en energías renovables, necesitaremos mucho más que nuevas plantas de generación.
Necesitaremos una red capaz de transportar esa energía, controlar sus fluctuaciones y mantener estable el sistema.
En DIRAM estamos viviendo directamente esta nueva etapa. Actualmente estamos instalando en conjunto con Entia, un STATCOM de 200 MVAR en Nuevo Laredo, Tamaulipas.
Para quienes no están familiarizados con el término, un STATCOM es un equipo basado en electrónica de potencia avanzada que ayuda a regular las fluctuaciones de la red, manteniendo estable el voltaje y mejorando la confiabilidad del suministro. En términos sencillos, es una especie de enorme estabilizador electrónico para la red eléctrica.
Aunque su aplicación en las grandes redes de transmisión en México es relativamente reciente, en el sector industrial conocemos bien esta tecnología. En DIRAM tenemos ya alrededor de 60 equipos instalados a lo largo de México, además de instalaciones en Estados Unidos, Canadá y Colombia, y recientemente nos han sido asignados proyectos en Ecuador y Guatemala.
Lo que durante años fue una solución utilizada principalmente por grandes industrias se está convirtiendo ahora en una tecnología cada vez más necesaria para las redes eléctricas. La incorporación de energías renovables, grandes centros de datos y nuevas cargas hace que mantener la estabilidad del sistema sea considerablemente más complejo.
Son equipos que hace algunos años prácticamente no existían en el sistema mexicano y que hoy comienzan a convertirse en elementos indispensables de una red eléctrica moderna.
Hay algo más que me parece importante destacar.
Estos proyectos difícilmente tendrán grandes ceremonias de inauguración. No habrá demasiados cortes de listón. Una subestación, una línea de transmisión o un STATCOM no son particularmente fotogénicos ni generan el impacto político de una refinería, un tren o un aeropuerto.
Son inversiones que, en buena medida, nadie verá.
Pero son precisamente las inversiones que México necesita.
Porque una fábrica puede construirse en tiempo récord, un centro de datos puede traer miles de millones de dólares de inversión y podemos instalar miles de megawatts de energía solar y eólica. Pero si no existe una red eléctrica robusta que permita conectarlos, transportarlos y operarlos de manera confiable, todo lo demás pierde sentido.
Hoy CFE parece estar respondiendo con inversiones concretas.
Llegan tarde y el reto acumulado es enorme. Pero hay que reconocerlo: son proyectos necesarios, urgentes y, sobre todo, en la dirección correcta.
A veces, las obras públicas más importantes son precisamente las que nadie ve.
