Colaborador Invitado

La reforma electoral de la 4T, garrotazo al avispero político

Las reformas electorales y la creación de órganos soberanos, como el INE y el TRIFE, han legitimado el voto ciudadano.

Las reformas electorales en México han sido producto de la presión social, de la lucha política y, en especial, de las demandas de las oposiciones. No son dádivas del gobierno, sino conquistas de la gente. Avances democráticos ganados con valentía e incluso con pérdidas humanas. El 68 fue la rebelión de las y los jóvenes exigiendo un cambio democrático. La Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, en busca de apertura política. El EZLN de Marcos, con su reivindicación social y de justicia. Acción Nacional con Gómez Morin y muchos más, en la refriega política.

Estos movimientos dieron origen a las reformas electorales y son la razón de ser de los órganos electorales autónomos. Los gobernantes del momento fueron obligados: las circunstancias los pusieron contra las cuerdas. Nada ha sido gratuito. Nadie nos ha regalado nada. Ha sido una lucha reivindicadora, un largo y sinuoso camino en busca de libertad y democracia.

A pesar de obstáculos e irregularidades, hemos avanzado en el proceso democrático. Las reformas electorales y la creación de órganos soberanos, como el INE y el TRIFE, han legitimado el voto ciudadano. La transición democrática y la alternancia en el poder son un ejemplo concreto y un hecho histórico.

Las reformas a modo, generadas a voluntad del gobierno, son de dudosa legitimidad democrática. Todos los gobiernos, en esencia, buscan su permanencia. Más aún el de Morena, que se originó como un movimiento de múltiples ideologías y hoy está integrado por un hibridismo ideológico simbiótico.

Morena, hoy por hoy, es imán y refugio del poder. La tajada política y burocrática —las diputaciones, las senadurías y las gubernaturas— son definidas y santificadas por este movimiento.

La reforma electoral propuesta por el gobierno tocará aristas de conflicto político con los partidos aliados y, por supuesto, con la oposición. La eliminación de plurinominales, la supresión de los órganos electorales estatales y los recortes de recursos al INE, al TRIFE y a los partidos, entre otros temas polémicos, serán tierra movediza y pantano de confrontación y desencuentro.

La reforma ya está lista. Pablo Gómez solo montará la tramoya. Un ejercicio innecesario, un calmante político y una distracción para ingenuos. Una simulación que culminará con una encuesta nacional que, por el desprestigio de la política y de los partidos, resultará abrumadoramente favorable a la reforma.

Para la presidenta Sheinbaum no es el mejor momento para emprender esta reforma electoral. Su gobierno tiene demasiados fierros políticos en el fuego: la inseguridad, la corrupción, los narcopolíticos, los aranceles, el T-MEC, la falta de crecimiento económico, la pobreza de la frontera sur y los aletazos de la reforma judicial, entre otros. Estos temas deben ser prioritarios en la agenda nacional.

«El horno no está para bollos». La polarización está en plena efervescencia; el intercambio de golpes entre Alito y Noroña es reflejo del acontecer político. Además, por si fuera poco, el factor externo es yesca seca en la pradera. No encendamos más cerillos. Trump anda a la caza de pecadores.

Roberto  Albores Guillén

Roberto Albores Guillén

Exgobernador de Chiapas

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