Colaborador Invitado

Claroscuros en los resultados económicos de la ENIGH

A través de la ENIGH, constatamos que los hogares mexicanos ingresaron más dinero en 2024 comparado con los últimos 10 años.

El vicerrector de la Universidad Panamericana, Campus México.

Una de las notas populares que escuchamos en semanas previas fue que casi 10 millones de mexicanos salieron de la pobreza. La noticia se debió a que, a finales de julio, el INEGI publicó la quinta edición de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, un reporte bianual que ofrece el panorama del comportamiento económico al interior del núcleo de vida de los mexicanos. Sin dejar de reconocer la relevancia en el avance en materia de pobreza, la encuesta también arroja más datos que contribuyen al análisis y al diseño de políticas públicas en beneficio de la sociedad. Como sucede en materia económica, tenemos datos alentadores y otros que todavía muestran áreas de oportunidad.

A través de la ENIGH, constatamos que los hogares mexicanos ingresaron más dinero en 2024 comparado con los últimos 10 años. El promedio de ingresos mensuales de los hogares en 2024 fue de 25,955 pesos contra 23,464 pesos del 2022, un crecimiento de casi 11%. La historia de este instrumento tiene orígenes distintos, según la fuente consultada. Unos la ubican en los años 50 y otros en 1984, sin embargo, desde esas épocas, el instrumento y la medición variaban, lo que producía resultados menos comparables. Fue en 2016 cuando se consolidó el instrumento actual y, desde entonces, la medición se aplica de forma consistente y comparable entre periodos; para esta edición, todos los resultados se transformaron a los pesos a como valen en 2024.

De los resultados actuales, me interesé por tres dimensiones relacionadas al desarrollo y crecimiento económico: desigualdad social, educación y sustentabilidad poblacional.

Si bien los ingresos a nivel general crecieron, el reto de la desigualdad entre pobres y ricos sigue latente. Los hogares más pobres, los clasificados en el decil 1, viven con 5,598 pesos mensuales. Por el contrario, los más ricos, los del decil 10, ingresan un promedio de 78,698 pesos mensuales, prácticamente 14 veces más. Aun así, hay relativas buenas noticias: en 10 años, los del decil 1 vieron crecer sus ingresos 36%, justamente el porcentaje que impulsó que 10 millones de personas salieran de la pobreza; y los del decil siguiente, lograron un porcentaje similar ya que crecieron 32%. Al otro extremo, los del decil 9, los segundos más ricos, crecieron poco menos de 14%. El único grupo que decreció fue justamente el decil 10; los más adinerados experimentaron un decrecimiento de sus ingresos de 7.6%. Dicho de otra manera, en promedio, los que más ganan, ganaron menos y los que menos ganan, ganaron mucho más. Si bien es deseable acercar los extremos, sería utópico pensar que se igualarán algún día. Tampoco es positivo que algún grupo ingrese menos, aún cuando sean los más ricos.

En cuestión de género, siguen las diferencias. Los hombres ingresaron 12,015 pesos mensuales mientras que las mujeres 7,905 pesos. A resaltar está que, en los últimos dos años, los ingresos de las mujeres crecieron a ritmos de 12.5% y los de los hombres 11.4%. Aquí también falta mucho tramo por recorrer, pero estos porcentajes reflejan una tendencia todavía pequeña, pero positiva, en la equidad de ingresos.

En otro frente, los resultados de la ENIGH muestran contundentemente que la educación sí paga. Una persona que ha estudiado un posgrado gana 590% más que alguien que terminó la primaria, sin embargo, el horizonte de los mexicanos debería apuntar al menos a lo mínimo que contempla la ley, como lo son los estudios de preparatoria o de media superior. Una persona con este nivel de estudios ingresa 22% más contra los que estudiaron secundaria. Pero el gran brinco es con la educación superior ya que los que obtienen un título universitario ingresan 77% más que los de preparatoria. La cereza en el pastel son los de posgrado quienes crecen otro 83%. El promedio de ingresos mensuales de una persona con preparatoria es de 9,746 pesos contra los 31,584 pesos de alguien con posgrados.

Por último, y no menos relevante, el rubro que más me ocupó: la sustentabilidad poblacional. En estos 10 años se observa que el tamaño de los hogares decreció en casi 8.5%, pasando de 3.66 miembros por familia en 2016 a 3.35 en 2024. Que una población decrezca 8% parecería un cambio pequeño, pero no es así en términos nacionales. Más preocupante es confirmar la tendencia por grupos de edades. El sector de menores de 15 años disminuyó 25%, mientras que el de mayores de 65 aumentó casi 21%. Perder el sano equilibro de la pirámide poblacional genera problemas económicos y sociales de los que ya hemos sido testigos en otros países. En 2016, había 29 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. En 2024, hay casi 47 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. El problema no está en el crecimiento de adultos mayores, eso está muy bien, sino el claro y consistente decremento del número de hijos y gente menor de15 años. ¿No nos estaremos dando un balazo en el pie que en pocos años nos costará muy caro?

Este tema no es sencillo ni tiene una solución única. Hay temas culturales, sociales, políticos y religiosos que lo abordan y que lo tratan de explicar, pero me pregunto si no se podrían generar políticas que otorguen oportunidades a quienes sí quisieran tener más hijos, pues si consideramos el hecho del desequilibrio de la pirámide poblacional, se puede entender como un servicio a la sociedad: más Mexicanos que ayuden a la construcción y al sostenimiento del país en la actualidad y para el futuro.

Nuevamente, la ENIGH nos muestra que los incentivos económicos existentes dentro de la estructura social actual juegan en contra de aquellos que desean tener un mayor número de hijos. Esto se refleja con la siguiente estadística. El ingreso monetario mensual de una mujer con solo un hijo es en promedio de 9,342, mientras que una mujer con 4 hijos o más ingresa en promedio 5,745 pesos, solo el 61%. ¿No debería ser distinto? Cabe aclarar que la postura no sugiere que sea al revés, sino distinto, pues plantear que sea al revés sería como quitarle algo a quien ya se lo ha ganado (similar a lo que sucedió con los del decil 10 en materia de ingresos, para quienes no deberíamos desear que pierdan como en realidad pasó, sino quizá que ganen a un ritmo más equilibrado que los demás). Así como preocupa que los más pobres crezcan sus ingresos a ritmos más acelerados, me pregunto si no se podrían impulsar políticas para que quienes dan vida a más seres humanos, quienes a la larga ayudarán a lograr ese equilibrio poblacional, tengan los incentivos correctos para seguir afrontando dicho reto. Sé que esta postura es distinta a lo que desde hace varios años se impulsa en materia poblacional a nivel mundial, pero lanzo el reto de al menos pensarlo y considerarlo.

Como muchas cosas de la vida, los números y las estadísticas deben leerse con precaución, con distintos matices y tratar de considerar varios y distintos puntos de vista. Lo más relevante, es al menos darnos la oportunidad de analizar y reflexionar.

COLUMNAS ANTERIORES

La reforma electoral de la 4T, garrotazo al avispero político
Generación Z, motor de cambio para sector turismo

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.