Colaborador Invitado

México frente al contexto de un nuevo orden mundial

La propuesta de imponer aranceles del 25 por ciento para sus socios comerciales, así como el anuncio de imponer aranceles recíprocos para todos los países del mundo, representan una radicalización de la política exterior y económica de EU.

Más allá de las primeras planas que ha provocado el comportamiento errático del presidente Trump, la coyuntura nos indica que nos encontramos frente a un ajuste muy complejo en, y de, las estructuras mundiales. La vida nos da sorpresas y para los que ya tenemos canas, parecía poco probable concebir un mundo en que el libre mercado, la eliminación de aranceles, la homologación de marcos regulatorios, el estrechamiento del mundo y el desdibujamiento de las fronteras se derrumbara en tan poco tiempo. Imaginar un gobierno republicano en nuestro vecino del Norte, que se declare “abiertamente” en contra del libre mercado, procurado por ellos con tanta vehemencia en la década de los noventa, y como un defensor de aranceles y una política de “protección” a su mercado interno, sería una trama digna de una película de Hollywood que pelearía por el Óscar de la Academia.

La propuesta de imponer aranceles del 25 por ciento para sus socios comerciales, ignorando la existencia del T-MEC, la aplicación de más aranceles para China, en ambos casos por “razones” no comerciales –vinculado más bien con problema del tráfico de fentanilo–, así como el anuncio de imponer aranceles recíprocos para todos los países del mundo, representan una radicalización de la política exterior y económica de EU, pero sobre todo un golpe de timón para la normalidad geopolítica de los últimos cincuenta años.

Lo más probable, es que los aranceles no se mantengan como un mecanismo de presión y negociación permanente y que, más bien, estén vigentes unos cuantos meses, porque el mundo no se dejará chantajear de esa manera, pero también, porque la propia economía de Estados Unidos de Norteamérica no podría soportar esa presión, ni en lo interno ni en lo externo. Sin embargo, lo más significativo es mencionar que, podríamos ser testigos del fin de una época –algunos dirían incluso de un modelo–, que conformará una nueva organización política y económica, que esboza un nuevo orden internacional y un acomodo geopolítico que no terminamos de entender.

Las reacciones a este nuevo entorno son diversas. El caso canadiense, que contrasta con la mesura del gobierno mexicano, se entiende tanto por el relevo del primer ministro Trudeau en los últimos días, por Mark Carney, como por los problemas que enfrentará el partido liberal para conservar la mayoría en la contienda electoral que tendrán para fin del presente año. Por su parte, la posición de la Presidenta de México se explica por la aprobación de más del 80 por ciento que, según las últimas mediciones tiene sobre su gestión, pero también por las cifras mostradas en fechas recientes, entre las que destacan la reducción del 15 por ciento en homicidios dolosos; las detenciones de miembros del crimen organizado que alcanzan 14 mil, incluido el envió de 29 peligrosos delincuentes; el aumento en la incautación de fentanilo; el decomiso de al menos 7 mil 300 armas; el fortalecimiento del operativo frontera y la reducción de la migración; así como el proyecto de apoyo permanente a las policías municipales y estatales para evitar la impunidad. Estos resultados del gobierno de México detuvieron las medidas arancelarias para nuestro país, pero también significaron el reconocimiento del presidente Trump de ese esfuerzo.

Así, encontramos un balance sin duda positivo, entre otras cosas, por la pausa lograda de los aranceles hasta hoy y el giro de la narrativa en que, el problema del fentanilo adquiere una dimensión distinta; por el reconocimiento de los resultados del gobierno mexicano en áreas de seguridad y migración; por la visibilización de los acuerdos logrados en Washington por la comisión negociadora; por el apoyo y reconocimiento de una parte importante del sector empresarial nacional e internacional; por el recibimiento del sector financiero y la estabilidad que eso ha generado en indicadores como el tipo de cambio, la inflación y los precios del petróleo; por el reconocimiento que se dio a nuestro gobierno en el espacio internacional por privilegiar el diálogo y la negociación. Pero sobre todo, desde la presidencia de EU se reconoce la necesidad de analizar el tráfico ilegal de armas y se nos reconoce como un interlocutor que hace valer su soberanía e independencia. Será fundamental, privilegiar el diálogo para lograr acuerdos y encontrar el camino que destense la situación en la región de Norteamérica. No obstante, también es momento de reflexionar seriamente, cómo fortalecer nuestro mercado interno y mover nuestra mirada, en lo político, lo comercial, lo financiero, lo académico y lo científico para otras latitudes. Es momento de consolidar puentes y construir alianzas binacionales y regionales con Canadá, así como con los países de América Latina, Europa, Asia y África. Es tiempo de reflexión y serenidad. El tiempo dirá si estamos en las postrimerías de una nueva era.

Enrique Gutiérrez Márquez

Enrique Gutiérrez Márquez

Investigador y Académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana CDMX

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