Termina la pausa invernal y comienza un nuevo año, es una época de deseos y propósitos que quedan rebasados cuando en materia educativa lo que sigue primando es la gran incertidumbre que en Mexicanos Primero hemos evidenciado desde que inició el proceso de regreso presencial a las escuelas hace ya casi 2 años.
Iniciamos 2023 sin escuchar de la autoridad los 3 propósitos que hoy son clave para garantizar el derecho a aprender: una estrategia contra el abandono escolar, focalización en aprendizajes fundamentales para diagnosticar, y empezar a resarcir el rezago escolar y atención prioritaria al tema de las habilidades socioemocionales de niñas, niños y jóvenes (NNJ).
Sí, hemos repetido el tema muchas veces pero insistimos porque siguen pasando los meses –y los años- y las autoridades federales no parecen reparar en que las decisiones erráticas que se toman solo abonan a la incertidumbre y las brechas se amplían; las comunidades escolares siguen afrontando los mismo retos que en el ya lejano agosto de 2021, muchas de ellas generando algunas estrategias o actividades dignas de admiración, pero completamente solas sin una red de apoyo, sin presupuesto suficiente, sin procesos de evaluación para entender lo que funciona y ajustar lo que no y sin políticas públicas que orienten las decisiones y que las encaminen hacia un objetivo que debería ser común: que las y los 26 millones de estudiantes de educación básica en México estén, aprendan y participen en la escuela.
Insistimos entonces porque de acuerdo con Coneval, 829 mil estudiantes de primaria y secundaria no se inscribieron en el ciclo escolar 2020–2021 y para el ciclo 2021–2022, otros 216 mil estudiantes quedaron fuera, es decir no sólo perdimos estudiantes durante la virtualidad sino que seguimos perdiendo al regreso presencial y el problema más grande es que no hay una estrategia para buscar a los ausentes, mucho menos presupuesto para lograrlo.
En términos de aprendizaje la situación tampoco es esperanzadora, no hay datos públicos que den cuenta de lo que cada NNJ sabe en lectura y matemáticas, no sabemos cuánto dejaron de aprender durante el cierre de las escuelas y sin un diagnóstico claro tampoco podemos tomar decisiones para revertirlo y mientras esto sucede, el 68.5 por ciento de las y los estudiantes de secundaria no pueden realizar una división y 42 por ciento de las y los estudiantes de doce años terminan la primaria sin comprender textos diseñados para cuarto grado.
Mucha publicidad se ha dado a los nuevos planes y programas, pero sin acompañamiento docente, sin pilotajes ni participación real de las comunidades escolares y menos aún sin evidencia sobre cómo pueden impactar para mejorar las habilidades lectoras y matemáticas de las y los estudiantes para que puedan seguir su trayectoria de aprendizaje sin interrupciones.
Finalmente, durante el cierre de las escuelas se habló mucho del impacto emocional para NNJ, también del impacto que esto tendría en el aprendizaje y bienestar de las y los estudiantes, pero ahí quedó; hoy no se destina ni un solo peso a la formación de docentes en el manejo de habilidades socioemocionales, tampoco hay un programa para destinar psicólogos educativos a las escuelas ni coordinación entre instancias educativas con otras instituciones que atienden a la niñez como el DIF o salud para poder canalizar casos graves.
Comienza otro año, buenos propósitos siempre hay, pero poco lograremos como sociedad si no priorizamos la niñez y la juventud. Por eso insistimos, parece que repetimos los mismos temas, pero es que tenemos la convicción de no quitar el dedo del renglón, no podemos dejar que la educación se pierda frente a otros temas que parecen más atractivos, controversiales o mediáticos. Nosotros no dejaremos de alzar la voz hasta que la incertidumbre se transforme en verdadera garantía del derecho a aprender, no podemos seguir acumulando ciclos escolares sin prestar atención a lo que más importa.
Cada ciclo escolar perdido significa menos oportunidades para las niñas, niños y jóvenes: para quienes ya dejaron la escuela es condenarlos a truncar su presente y su futuro, ya sea a manos del crimen organizado, afrontando condiciones precarias o con embarazos tempranos que sólo reproducen el ciclo de pobreza y exclusión; para quienes aún permanecen en las aulas es también condenarlos a arrastrar el rezago, a no poder aprender lo que necesitan para desenvolverse como individuos y ciudadanos plenos. Y para todas y todos, es también dejar de lado su bienestar emocional, permitir que transiten la infancia y juventud cargando la depresión y la ansiedad que pueden mermar su desarrollo cognitivo y social, además de arrastrar las consecuencias hasta la vida adulta. No podemos permitirlo, la incertidumbre educativa afecta a nuestras NNJ, pero tiene consecuencias nefastas para toda la sociedad y por eso en 2023 seguimos insistiendo y no pararemos hasta garantizar el derecho de todas y todos a ser la mejor versión de sí mismos.
Laura M. Ramírez Mejía, directora de Activación de Agentes en Mexicanos Primero