Ganar el Premio Mayor. ¿Todos soñamos en algún momento con ello? “¿Qué harías si te ganaras la lotería?” es la pregunta que hemos o nos han hecho. La pregunta correcta, me parece, tendría que ser: ¿cómo te sentirías si ganaras el gordo? Algunos estudios han mostrado que los afortunados pierden el 85% de las ganancias recibidas al ganar la lotería durante los primeros 100 días y que el 70% de los ganadores se arruinaron financieramente después de 5 años, con lo cual no solo se limita el efecto en su felicidad, sino que incluso repercute de manera negativa.
Circulan en Internet abundantes reportes que hablan sobre la tragedia de ganarse la lotería, sobre cómo la mayoría de las personas afortunadas que se vuelven millonarias de la noche a la mañana en realidad sufren y lo pierden todo. Sea porque se ven arrastradas en una espiral de gastos desenfrenados que las dejan más endeudadas de como empezaron, o porque sus vidas se descontrolan de tanto placer. Pero también hay cantidad de notas acerca de cómo lo anterior no es cierto, de cómo las estadísticas que citan los más alarmistas son en realidad incorrectas, y que en realidad los estudios sí muestran un aumento en la satisfacción o felicidad a largo plazo luego de un premio de riqueza.
No se trata tan solo de un debate entre fuentes distintas que podrían ser de dudosa credibilidad o reputadas autoridades, dado que cada una de ellas tiene de su lado un igual número y calidad de proponentes, ya sean entidades financieras multinacionales y consultoras especializadas en educación financiera, o medios periodísticos tradicionales y blogueros. Muchas veces es tan solo una cuestión cultural, que se esclarece cuando se toma en cuenta la práctica del cherry-picking (que consiste en seleccionar sólo los datos, ejemplos o periodos favorables y ocultar los que no lo son), puesto que es de esperarse que las conclusiones varíen, por ejemplo, si se estudian una población alemana y una estadounidense, sabiendo que los hábitos de ahorro y gasto son muy distintos entre ambas. En cambio, otros estudios muestran que la mayoría de los ganadores experimentó una mejoría estable durante décadas en su calidad de vida luego de haber ganado un premio millonario.
De hecho, ese análisis fue real. En el primer caso (los que su vida devino en tragedia), los estudiados fueron españoles y norteamericanos. En el segundo, se trató de suizos y alemanes, poblaciones en las que la educación financiera, los hábitos de ahorro y consumo están muy desarrollados, por lo cual sus puntuajes en salud financiera son muy altos. Es importante resaltar que los cuatro países tienen economías maduras, que son países ricos, y sin embargo sus conductas los llevan a padecer o gozar de diferente manera de un evento como ganarse la lotería.
Este es un ejemplo de transversalidad en la educación financiera, una muestra de cómo la calidad de la relación con el dinero influye independientemente de cuánto dinero tengamos.
Si bien la semana pasada hablé del gasto hormiga, subrayando el componente emocional subyacente que nos lleva a gastar hasta el 40% de nuestro ingreso en compras motivadas por la frustración y la ansiedad (provocadas precisamente por la insuficiencia económica), lo que señalo ahora es cómo no solo en la escasez es vital el control psicológico de nuestras actividades financieras. Incluso los más ricos, cuando no se saben medir, terminan como una versión moderna del rey Midas, sufriendo enormemente, abrumados por la fortuna.