Uno de los mayores conjuntos de obras de Frida Kahlo, considerada un tesoro nacional de México, saldrá del país rumbo a España antes de que termine el verano. Muchos temen que las obras nunca regresen.
Diez de los pocos óleos de Kahlo, entre ellos, el icónico Autorretrato con Monos, de 1943, y más de 100 obras maestras de otros grandes artistas del modernismo mexicano fueron adquiridos en el 2023 por Marcelo Zambrano, integrante de una de las familias empresariales más influyentes de México.
Con esa compra, Zambrano se convirtió en el primer propietario mexicano de la colección Gelman, reunida durante décadas, a partir de los años cuarenta, por los coleccionistas de origen europeo Jacques y Natasha Gelman. Las obras se exhibieron este año en México por primera vez en casi dos décadas. Más de 300 mil personas hicieron largas filas para contemplar los autorretratos de Kahlo, en los que la artista sostiene una mirada intensa y penetrante.

Sin embargo, tras bambalinas, Zambrano concretó una serie de acuerdos financieros que después se hicieron públicos. Utilizó las obras como garantía de un préstamo otorgado por Banco Santander, el mayor grupo financiero de España, lo que encendió las alarmas entre especialistas y en buena parte de la opinión pública mexicana. Según sus críticos, el acuerdo pone en riesgo el control de México sobre algunos de sus símbolos culturales más importantes y podría sentar un precedente para desencadenar el éxodo de otras obras relevantes.
Zambrano, de 37 años y miembro de la familia que dirige el gigante cementero Cemex, obtuvo en enero un préstamo respaldado por la colección, de acuerdo con un documento revisado por Bloomberg. Ese mismo mes, Santander anunció un acuerdo de largo plazo para administrar las 161 piezas, que pasarán a conocerse como la colección Gelman-Santander. Las obras, entre ellas varias de Diego Rivera, esposo de Frida Kahlo, serán trasladadas al nuevo centro cultural del banco en España, donde podrían permanecer al menos hasta 2030.
El acuerdo provocó una ola de críticas: ¿cómo podían obras de semejante valor convertirse en garantía de un préstamo privado? Aunque es habitual que el arte forme parte del patrimonio de grandes fortunas, utilizarlas como colateral implica que, si Zambrano incumpliera sus obligaciones, Santander podría, en teoría, ejecutar la garantía y asumir el control de la colección.
Para los historiadores del arte, incluso más impactante que el préstamo fue la decisión de enviar la colección al extranjero durante un periodo tan prolongado. Las obras de Kahlo, junto con otras 20 piezas de la colección, tienen límites estrictos sobre el tiempo que pueden permanecer fuera de México, ya que hace décadas fueron declaradas “monumentos artísticos” mediante decreto presidencial. “A Frida Kahlo se le debería defender y proteger al mismo nivel que España protege a un Picasso o a un Goya”, dijo Betsabeé Romero, una artista visual mexicana. “Me asombra que no haya un debate público serio sobre las condiciones en que estas obras viajan y se prestan”.
Dado que la colección pertenece a un particular, algunos sostienen que su propietario debería poder disponer de ella libremente, siempre y cuando cumpla con la ley.
El acuerdo con Santander, de casi cinco años y autorizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), parecía contradecir las propias reglas establecidas para proteger el patrimonio cultural. El banco no estaba obligado a devolver las obras a México para inspecciones periódicas, una condición inusual en piezas de esta relevancia. En cambio, el contrato contemplaba que el INBAL facilitara permisos especiales de exportación y enviara especialistas a España para revisar las obras.
También señalaba que el gobierno mantenía una “disposición favorable” para extender el préstamo de las obras en el extranjero más allá de 2030. Bloomberg revisó otros contratos del INBAL y encontró que préstamos de obras con una protección similar no habían superado los dos años fuera de México.

Una persona familiarizada con las intenciones de Zambrano dijo que su objetivo es dar mayor visibilidad internacional a la colección y rechaza que Santander llegue a convertirse en su propietario. Los términos del préstamo están protegidos por un acuerdo de confidencialidad.
Artistas, historiadores y amantes del arte han criticado con dureza el acuerdo, que, según afirman, agrava la ya marcada escasez de obras emblemáticas de Kahlo precisamente en el país donde creó la mayor parte de ellas. En particular, los planes para trasladar la colección Gelman a España avivaron una sensibilidad nacionalista en México, antiguo territorio colonial de España.
Casi 400 artistas, entre ellos Romero, además de curadores de museos y otras figuras del ámbito cultural, firmaron una carta abierta en la que solicitaron que la colección tuviera una sede permanente en México y que el INBAL hiciera públicos los detalles de los permisos de exportación. También se presentaron al menos dos demandas para intentar impedir que las obras fueran trasladadas al extranjero, con el argumento de que las autoridades habían omitido garantías suficientes para asegurar su regreso a México.

“Consideramos que este es un caso crucial debido a la relevancia de las obras para el patrimonio de México y por lo que revela sobre los riesgos actuales para el patrimonio artístico y la capacidad de las instituciones para protegerlo en la economía globalizada actual,” escribió en un ensayo el Comité Internacional para Museos y Colecciones de Arte Moderno.
Gran parte del revuelo se centró en el percibido cambio de titularidad de la colección a favor de Santander, especialmente después de que la colección cambió de nombre. Desde entonces, el banco ha negado reiteradamente que vaya a asumir la propiedad.
“Creo que todo el problema tiene que ver con la falta de transparencia”, dijo Gerardo Estrada, quien dirigió el INBAL de 1992 al 2000“. La familia Zambrano tampoco ha dado explicación alguna”.
La gestión de la colección exige dedicación de tiempo completo, de acuerdo con la persona familiarizada con las intenciones de Zambrano, razón por la que decidió recurrir a Santander.
El acuerdo firmado en enero establece que el banco asumirá los costos de gestión y conservación de la colección.
El convenio permite prórrogas indefinidas para que la colección permanezca fuera de México. Tras la controversia, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró públicamente que las obras regresarán a México en 2028. “En este momento no existe una determinación sobre una eventual prórroga”, señaló la Secretaría de Cultura de México, que supervisa al INBAL, en una declaración enviada a Bloomberg.
Daniel Vega, director del centro de arte El Faro de Santander, dijo a Bloomberg que el contrato garantiza que la colección será administrada en coordinación con el INBAL y en cumplimiento de la legislación mexicana. La colección “merece los más altos estándares de cuidado, conservación y respeto”, afirmó.
“No hay nada de este caso que esté fuera de la ley”, dijo Ismael Reyes Retana, un abogado que en 2012 ganó un caso para poder exportar definitivamente un monumento artístico fuera de México. “El debate debería ser sobre la política pública como está. ¿Cómo debería cambiar? Yo soy de la postura permisionista, de libre mercado”.
Una colección cohesiva
La controversia en torno a este tesoro artístico comenzó mucho antes de que Zambrano apareciera en escena.
La colección fue reunida por los acaudalados coleccionistas Jacques y Natasha Gelman, quienes emigraron desde Europa a México y contrajeron matrimonio en 1941. El éxito de Jacques como productor de cine financió la pasión artística de la pareja, que abarcaba desde modernistas europeos como Pablo Picasso y Amedeo Modigliani hasta sus contemporáneos mexicanos.

Los Gelman entablaron una estrecha amistad con Frida Kahlo; con su esposo, el igualmente icónico Diego Rivera; y con los muralistas Rufino Tamayo y David Alfaro Siqueiros.
Encargaron obras a casi todos ellos, mucho antes de que algunos alcanzaran reconocimiento internacional. Natasha incluso posó para retratos de Kahlo y Rivera.
Fotografías de su casa muestran el Autorretrato como tehuana, Diego en mi pensamiento, de Kahlo, y Paisaje con cactus, de Rivera, decorando las paredes. Con el paso de los años incorporaron también obras de la pintora María Izquierdo y del muralista José Clemente Orozco.
Entre febrero y julio de este año, una parte de la colección se exhibió en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, lo que dio al público la primera oportunidad de ver estas obras en su país desde 2008. La selección curatorial mostraba una notable coherencia, y el artista contemporáneo mexicano Mario García Torres escribió que quedaba claro que “los artistas y su trabajo” importaban para los Gelman. García Torres también se ha pronunciado en contra de que la colección salga de México.
El último día de la exposición, largas filas serpenteaban más allá del vestíbulo y se extendían hasta el exterior del museo. En el interior, las mayores aglomeraciones se concentraban casi exclusivamente frente a las pinturas de Kahlo, donde, en su mayoría, mujeres jóvenes esperaban su turno para tomarse selfies. Muchas sonreían ampliamente mientras la mirada firme de la artista las observaba desde el fondo del cuadro.
Jacques Gelman murió en 1986 y Natasha en 1998. La pareja no tuvo hijos. Antes de fallecer, Natasha donó 81 pinturas de destacados maestros europeos al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
El destino de la parte mexicana de la colección pronto se convirtió en el centro de una larga y amarga disputa.
Un testamento de 1993 firmado por Natasha legaba la colección al curador de arte Robert Littman con la condición de que las 95 obras de artistas mexicanos permanecieran unidas y se exhibieran en un museo o espacio cultural privado abierto al público en México.
A lo largo de los años, dos demandas distintas intentaron impugnar el testamento y la propiedad de Littman, pero fracasaron.
A medida que crecía la fama póstuma de Frida Kahlo, Littman llevó la colección de gira por distintas ciudades del mundo, desde Berlín hasta Sídney y Phoenix, Arizona, aunque en ocasiones el público no sabía donde estaba. En 2004, la colección fue trasladada a un museo inaugurado en colaboración con el gigante minorista Costco en Cuernavaca, donde los Gelman habían tenido una propiedad. En 2008, según personas cercanas a Littman, este retiró apresuradamente las obras del país tras recibir una advertencia de que una de las personas que lo demandaban intentaba embargar el acervo.

Según Arte Informado, una publicación especializada en el mercado del arte que fue la primera en revelar el acuerdo de préstamo entre Zambrano y Santander, la colección Gelman generó ingresos anuales estimados de entre 400 mil y un millón de dólares al año entre 2012 y 2022.
“Littman incumplió su parte. Su obligación era dejarla junta en México”, dijo la crítica de arte María Minera en una entrevista. “Qué tristeza que esté en manos de gente que no ama el arte y que lo único que quieren es hacerse ricos a costa del patrimonio”.
Un abogado de Littman no respondió a las solicitudes para entrevistar al coleccionista, que actualmente tiene más de 80 años.
En 2023, Littman vendió la colección a Marcelo Zambrano, sobrino del presidente de Cemex, Rogelio Zambrano, e hijo de un integrante del consejo de administración de la empresa, también llamado Marcelo Zambrano. El joven empresario obtuvo un MBA en la Universidad de Stanford, inició su carrera en la firma de capital privado KKR & Co. y actualmente codirige la firma de inversión ZdP Investments, con sede en Palo Alto, California.
Para financiar la compra, Zambrano obtuvo un préstamo de Sotheby’s Financial Services. Debido a las elevadas tasas de interés de ese financiamiento, según una persona familiarizada con el asunto, en 2024 intentó vender más de 30 obras de la colección.
El gobierno mexicano intervino para bloquear una de esas operaciones, lo que llevó a Sotheby’s a retirar una pintura de Izquierdo de una subasta y a garantizar que otra obra protegida de Siqueiros no pudiera permanecer fuera de México de manera permanente. Finalmente, Zambrano logró vender una pintura de Kahlo por 408 mil dólares, otra de Leonora Carrington por 516 mil dólares y una de Gunther Gerzso por 900 mil dólares, entre otras.
Posteriormente, Zambrano recurrió a Santander para obtener un nuevo préstamo que reemplazara el otorgado por Sotheby’s. Ni el monto del financiamiento ni el precio de compra de la colección Gelman han sido revelados.
El arte como instrumento financiero
Durante décadas, el coleccionismo de arte ha sido una forma de diversificar patrimonios y protegerse frente a la inflación. Sin embargo, estas colecciones también se han convertido en un activo utilizado como garantía para obtener financiamiento.
Philip Hoffman comenzó a otorgar préstamos respaldados por obras de arte a finales de la década de 1980 en Christie’s International Plc, antes de fundar The Fine Art Group, una empresa especializada en grandes préstamos garantizados por obras de arte, joyas, relojes y otros objetos de colección de alto valor. “Para nosotros es un gran negocio y estamos cómodos con él”, dijo en una entrevista. Explicó que su empresa suele prestar el equivalente a cerca del 50 por ciento del valor de una colección y citó como ejemplo un préstamo reciente cercano a 500 millones de dólares, respaldado por una colección valorada en más de mil millones de dólares.
Kahlo, reconocible por su característica uniceja, sus coronas de flores entrelazadas y su vestimenta indígena, es probablemente la artista más famosa de México, aunque nunca fue la más prolífica. Debido, en parte, a los problemas de salud derivados del accidente de autobús que sufrió a los 18 años, se estima que pintó apenas unas 150 obras a lo largo de su vida. Menos de 50 permanecen expuestas en México y solo ocho se encuentran en museos públicos, según un registro de 2025.
Los especialistas han perdido el rastro de algunas de sus pinturas y muchas permanecen en colecciones privadas, lo que explica la escasez de su obra en comparación con la de Diego Rivera, de quien circulan unas 3 mil piezas, según Minera.

Así, cuando El sueño (La cama), de Kahlo, salió a subasta en Nueva York el año pasado, alcanzó casi 55 millones de dólares, un récord en subasta para una obra creada por una mujer.
Pero no todas las pinturas de Kahlo pueden alcanzar ese valor. En 1984, un decreto presidencial declaró monumento artístico protegido a la obra de Kahlo. El decreto prohíbe que cualquiera de sus obras, incluso las de propiedad privada, salga del país de forma permanente.
Eso significa que una pintura de Kahlo ubicada en México vale, en promedio, un 30 por ciento menos que una obra que ya se encontraba fuera del país cuando entró en vigor el decreto, según Hilda Trujillo Soto, exdirectora del Museo Casa Azul de Ciudad de México, dedicado a la vida y obra de Kahlo. Los coleccionistas, explicó, ven con preocupación restricciones de la legislación mexicana e incluso temen posibles nacionalizaciones.
Según Minera, esto ha llevado a muchos integrantes del mundo del arte a sospechar que el acuerdo entre Zambrano y Santander busca sacar definitivamente la colección de México para, con el tiempo, vender sus obras por separado. A su juicio, la colección podría superar ampliamente los mil millones de dólares si se comercializara en el extranjero.
El gobierno mexicano tuvo múltiples oportunidades para adquirir la colección antes de que lo hiciera Zambrano.
Estrada recordó que exploró por primera vez la posibilidad de que el gobierno comprara la colección Gelman cuando dirigía el INBAL en la década de 1990. Más adelante, Littman volvió a acercarse a él para plantear una posible adquisición, pero el gobierno rechazó la propuesta.
Poco antes de que Zambrano comprara la colección, Estrada retomó la idea al contactar a personas cercanas al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. El mandatario no mostró interés, una decisión que Estrada calificó como poco visionaria, aunque comprensible. “Es cierto que México tiene muchas necesidades y que debe ser difícil para un gobierno declarado a favor de los pobres decir, ‘voy a comprar una colección de 200 millones de dólares’”. El presupuesto federal destinado a la cultura en México se ha reducido mucho en los últimos años.
Por ahora, la colección —que incluye Autorretrato con collar y Autorretrato en la cama, de Kahlo— se prepara para su exhibición en España, cuya inauguración está prevista para el 8 de septiembre en El Faro, el nuevo centro de arte de la Fundación Santander. La fundación indicó que parte de la colección, a la que describió como una “embajadora del arte mexicano”, viajará a Suiza y Noruega en 2027 antes de exhibirse, en el verano de 2028, en el museo de arte contemporáneo MARCO, en Monterrey. El director del museo declaró a Excelsior que, aunque existe la intención de que esto se realice, aún no se ha firmado ningún acuerdo.
Mientras tanto, activistas mantienen sus esfuerzos para reforzar la protección de las obras y procurar su permanencia en México, explicó Francisco Berzunza, historiador del arte y curador mexicano que ayudó a organizar la oposición al traslado de la colección Gelman. “Si no le ponemos un alto a esto, estamos abriendo la puerta para que todo el mundo haga lo mismo”, dijo. “El Estado mexicano no va a tener la autoridad moral ni las herramientas legales para evitar que eso pase”.
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