En 2017, Noruega se fijó la meta de acabar con las ventas de automóviles propulsados por combustibles fósiles para 2025. En ese momento parecía poco más que una fantasía para suavizar la imagen de un gobierno liderado por Erna Solberg, una defensora de la producción de petróleo que se había ganado el apodo de “Erna de hierro”. Pero a medida que el plazo se acerca, resulta que el país nórdico sí está a un paso de alcanzar ese objetivo.
El logro, es cierto, ha sido posible gracias a las exportaciones de combustibles fósiles del país (108 mil millones de dólares en 2023), pero destaca en un contexto donde las ventas de vehículos eléctricos han caído en toda Europa y muestran escaso avance en Estados Unidos, donde la adopción de los autos eléctricos corre peligro con el regreso de Donald Trump al poder. El objetivo inicial era “utópico”, reconoce Harald Andersen, director de la asociación de importadores de automóviles de Noruega, que agremia a empresas que van desde las jóvenes automotrices chinas hasta el gigante alemán Volkswagen AG. “Establecimos objetivos ambiciosos”, dice, “pero esos objetivos fueron acompañados por las políticas adecuadas”.
Esas políticas son en su mayoría incentivos, que datan de 1994, cuando el Think City (un pequeño coche eléctrico cuadrado que hizo su debut en los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer) quedó exento de impuestos de matriculación. Cuando la tecnología empezó a consolidarse una década o dos más tarde, los sucesivos gobiernos fueron añadiendo más beneficios para los propietarios de los vehículos eléctricos o VE: estacionamiento gratuito, acceso a carriles exclusivos para autobuses y exenciones de peajes, tasas de circulación e impuestos sobre el valor añadido.
Aunque Noruega ha empezado a reducir algunas ventajas (desde 2023, por ejemplo, quienes compran modelos más caros han tenido que pagar una parte del IVA), las más importantes siguen vigentes, de modo que los VE proliferan en las callles noruegas. Como resultado, los talleres mecánicos están invirtiendo en cualificación e instalaciones adecuadas para trabajar con baterías. Las cadenas de gasolineras, como Circle K, están eliminando los surtidores de gasolina para introducir enchufes eléctricos. Y los operadores de la red eléctrica están inundados de solicitudes de conexiones de mayor voltaje necesarias para los puntos de carga.
Los VE circulaban inicialmente en ciudades como Oslo y Bergen, pero ahora están apareciendo en lugares tan alejados como el archipiélago Svalbard y el pequeño pueblo de Kirkenes, a pocos kilómetros de la frontera rusa. En septiembre, al menos el 90 por ciento de los automóviles nuevos vendidos en todos los condados de Noruega eran eléctricos, y en algunos lugares llegaron a constituir el 98 por ciento, según la Federación de Carreteras. Con todo, los VE representan actualmente solo una cuarta parte del parque vehicular nacional y probablemente no llegarán a la mitad antes de 2030.

En Noruega hay actualmente unos 170 modelos eléctricos para elegir. Tesla ha superado a Toyota y VW para convertirse en la marca más vendida. Fabricantes chinos como Xpeng, BYD y Nio compiten por la mejor ubicación para sus agencias en el centro de Oslo, y sus concesionarios cortejan a los clientes con fiestas y paseos familiares a una granja de alpacas.
Los países que buscan acelerar el abandono de los combustibles fósiles bien podrían adoptar la estrategia de Noruega de ofrecer ventajas fiscales, pero evitar una prohibición total de los automóviles de combustión. Aunque los vehículos de gasolina todavía se podrán vender en 2025 y más allá, dada la escala de los incentivos (que han supuesto miles de millones de dólares en ingresos fiscales perdidos), los vehículos eléctricos tienen un coste de propiedad mucho menor.
Así lo explica Christina Bu, secretaria general de la asociación de vehículos eléctricos de Noruega, quien señala que el atractivo inicial de los VE apelaba principalmente a los noruegos más preocupados por el medio ambiente, pero eso está cambiando a medida que aumenta la confianza en la tecnología y se multiplican las opciones de carga. Al principio, era habitual que los compradores mantuvieran sus coches de gasolina como respaldo, pero hoy casi dos tercios de los hogares con vehículos eléctricos solo tienen ese medio de transporte. “La gente viene a mí encantada y me dice que nunca quiso un vehículo eléctrico, pero ahora está muy orgullosa de tener uno”, dice Bu. “Es una lección que pueden aprender otros países”.
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