Rosario Guerra

Elecciones

El triunfo demócrata en el Congreso de EU reduce el margen de Trump y complica la relación con México, el T-MEC y la agenda bilateral.

Era esperado un triunfo de los demócratas frente a los republicanos. Pero los resultados fueron demoledores. Trump no tuvo más remedio que aceptar los resultados, que devolvieron la mayoría a los demócratas en el Senado y en la Cámara de Representantes, con amplio margen.

Los demócratas ganaron varios estados, sobresaliendo Texas, siempre republicano, sin omitir Nuevo México, donde una mujer nativa estuvo entre las victorias. El repudio del pueblo norteamericano a las políticas de Trump se expresó claramente: la guerra con Irán, el alza de los combustibles, el acercamiento con Putin, la inflación, el aumento de precios por los aranceles, la violencia de ICE en las redadas migratorias, la mala relación con europeos, asiáticos y sus socios México y Canadá, entre muchos otros temas.

Seguramente, los demócratas pedirán la salida del secretario de Defensa, Brian Hegseth. Al recién nombrado director del ICE, David Venturella, no le esperan mejores tiempos. Hereda los problemas de violencia y asesinatos, la separación de menores de sus padres y otras irregularidades que deberá combatir para poner en orden a un grupo sin disciplina, generalmente sin formación militar o policial y con un alto sentido de xenofobia.

Las cuentas internas pendientes se van a tener que pagar y, desde luego, varias medidas tocarán a Trump. Su margen se reduce, aunque ciertamente cuenta con las órdenes ejecutivas y el derecho de veto para poder gobernar. Pero su uso ya no será tan fácil ni frecuente, porque el Congreso no estará dispuesto a dejar de ejercer sus facultades políticas, presupuestales, arancelarias y de comercio exterior, entre otras.

Ante resultados adversos, lo que han hecho otros presidentes es dedicarse en cuerpo y alma a la política exterior. A eso se dedicará Trump y nos dará lata. Nada de invasión extranjera, que nunca fue una opción, por la codependencia de México con Houston, California, Michigan, Arizona, Nuevo México y Utah, así como por su cercanía con Alabama, Luisiana, Mississippi y Kentucky.

Nuestras economías se han integrado y juntas compiten en los mercados internacionales, además de contribuir a bajar los precios para los consumidores norteamericanos y mexicanos. Por eso no habrá invasión, pero sí sometimiento. Claudia ha tenido que aceptar todas las propuestas hechas por Estados Unidos para evitar conflictos.

Hoy en día, como se apreció en el programa televisivo de ADN, conducido por Fernández Meléndez, la cooperación y la integración con el Comando Norte son una realidad. Juntos pueden realizar operativos que no sean violatorios de nuestra soberanía nacional.

Tampoco será fácil lograr que el nuevo Congreso apruebe el T-MEC sin que se consideren sus preocupaciones. No mejorará en el corto plazo la relación en torno al Tratado. México tendrá que diseñar nuevas estrategias en su trato con Estados Unidos, en concreto con el Congreso, que hoy se convierte en un poder autónomo del Presidente y capaz de tomar decisiones importantes en la relación con México. La Cancillería deberá rediseñar su política con Estados Unidos.

Estados Unidos no se interesa por la democracia mexicana; es un problema interno que los mexicanos deben resolver. Para ellos, el tema es la inmigración, la integración y el fentanilo. Si los políticos son parte de estos problemas, sin duda serán perseguidos. ¿Cuándo y cómo se hará esto? Dependerá de los acomodos en Washington y del rumbo de otros acontecimientos: Irán, Ucrania, China, Rusia y Cuba.

En América Latina y el Caribe ya se ha conformado un frente militar y de seguridad, denominado Escudo de las Américas, que cuenta con 17 naciones para combatir las drogas. Este bloque militar tiene un alto contenido político de alianza con Estados Unidos. Esta relación estará entre las preocupaciones de Trump.

Así pues, las negociaciones entre México y Estados Unidos se complicarán. Los demócratas buscarán reformar el T-MEC y Trump busca una Delcy en Claudia Sheinbaum, a quien tanto elogia. En realidad, quiere un control sobre México más definitorio en la relación bilateral y, ante el fracaso político en Estados Unidos, es muy probable que nos dedique parte de su tiempo.

No son buenas noticias. Lo cual no implica celebrar el triunfo demócrata.

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