Nuestro país era el Reino de la Nueva España cuando Estados Unidos eran trece colonias. Nuestro esplendor nada tenía que ver con las colonias inglesas. Pero una historia de guerras: la Independencia, la pérdida de nuestro territorio, la guerra con el Imperio francés, la Reforma, la Revolución y las luchas por el poder nos fueron empobreciendo, mermando y dejando atrás al País de los Palacios.
Cada vez que los mexicanos nos dividimos, nos empobrecemos, nos hundimos y retrocedemos. La apuesta de la 4T es mantener el rumbo de la polarización, la confrontación y la desigualdad. Los años transcurridos nos han pasado factura en ineficiencia, corrupción, delincuencia, muertes y desaparecidos.
Ahora quieren apoderarse de la Ciudad de México con el llamado PGD, un plan de desarrollo que acaba con los usos de suelo; todos serán mixtos, con zonas arqueológicas e históricas vulneradas; con nuevas centralizaciones de servicios, comercios y viviendas que no serán baratas; sin planes parciales; trastoca las colonias por polígonos; emite una nueva ley ciudadana para aprobar a mano alzada los proyectos polémicos; crea Casas de Gobierno a nivel constitucional y así acaba con las alcaldías y los COPACOS. Y nadie levanta la voz, salvo algunas organizaciones civiles y una parte de Somos MX. Aquí, ganemos o perdamos elecciones, habrá una gran derrota. Ya empiezan los despojos.
Todos distraídos en las elecciones, los candidatos, las alianzas y los partidos. Y no hay avance. Es inexplicable que el PAN, por un presunto prestigio, le deje a Morena las gubernaturas. Ya en Nuevo León se los dijeron: quieren alianza con Adrián de la Garza; ya no experimentos. Y la dirigencia se niega. Lo mismo sucede en varios estados, como Chihuahua, Zacatecas, Colima, Sonora y Campeche, entre otros, y el PAN no da su brazo a torcer. Mejor muertos que mal acompañados.
Hoy debería estarse tejiendo la ley secundaria de gobiernos de coalición: cómo se conformarían, cómo asumirían sus funciones y atribuciones, cómo se tomarían las decisiones, cómo tendrían cierto grado de autonomía y cómo reconstruirían el Estado de derecho. Pero, en lugar de eso, se van perfilando perdedores, pese a adelantar campañas.
¿Es que a Jorge Romero no le importa el país? ¿Es que realmente tiene cola que le pisen? Mejor la cárcel que hundir a la República, ¿o no? De Movimiento Ciudadano no se puede esperar mucho. Es un partido bisagra y se acomoda según toque el son. El PRI está decidido, pese a su disminuido electorado, a dar la batalla. Somos MX no puede aliarse en esta ocasión; va por su registro y marcha bien.
En el PAN, todos se alinean con el liderazgo de Jorge Romero y, aun cuando muchos no estén de acuerdo, nadie se atreve a levantar la voz. Sin arrojo, la ciudadanía se pierde: votar o no votar, por quién y para qué. Mientras Morena, con el beneplácito del INE, hace campañas adelantadas en todo el país. Andy hasta se viste de paisano y se acerca al comal.
Pese a las amenazas de Estados Unidos, no hay miedo, ni hay cuentas, ni se toman medidas. Si la ONU nos condena por los desaparecidos, pues que vengan los expertos a dar consejos y estrategias; aquí manda el que manda. Y no pasa nada, reza cada mañana la presidente. Aunque ya molesta, quiere imponer la ley censura y, aun antes de que pueda pasarla por el Congreso, ya se inician los ataques contra plumas destacadas. ¿Quiénes son las audiencias? Nosotros, no el gobierno ni sus vasallos, quienes acudirán a presentar, una tras otra, las denuncias. Será una gran manipulación de “las audiencias” y, desde luego, de sus “protectores”.
Mi derecho a la libertad de expresión, de información y de pensamiento se ve atropellado de forma burda para obligar a cerrar medios, despedir conductores y hacer surgir la radio social, con apoyos del gobierno para difundir sus historias. Como escribió Ramón de Campoamor: “Nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”. Pero aquí el cristal será muy opaco.
Desde luego, ampliar la censura a redes y prensa sería ya una feria completa, de gran impacto y mayor solidez para el régimen. Lo que no se escucha, no existe. La impunidad como valor de gobierno. No importa que los políticos nada sepan, nada teman, porque nada necesitarán más que seguir la tónica del compás que les marquen. Las fortunas crecerán, el PIB caerá. La deuda seguirá creciendo. Padeceremos cortes de energía, carreteras deshechas, mala movilidad, trenes descompuestos. Las mentiras serán parte del nuevo posdebate que oculte la realidad y disfrace la verdad con hechos a medias.
Así que triunfos y derrotas están en el aire para los diversos actores que combaten por los próximos comicios. Más allá de los presos políticos, como Ruffo. Más allá de los números. Lo que está en juego es el Estado de derecho.