El balón ya empezó a rodar, pero en cuanto se detenga al sonar el silbatazo final del Mundial de futbol, el país se encontrará probablemente fuera de lugar, descolocado ante la cuesta de agosto.
Ante esa realidad, a saber, si la clase dirigente –incluida la oposición estridente e ineficaz– habrá reflexionado y estará en condición de replantear la alineación y la estrategia o si, como lo ha venido haciendo, pateará el bote como si fuera el esférico, sin importarle irse a penales.
Mientras tanto, venga la fiesta, la ola, el coro que fama mundial y sanciones nos da, y celébrese el no poder. Qué más da, ya a finales de julio o principios agosto se verá qué hacer.
...
Al finalizar el Mundial, la situación social, política y económica no garantiza el “fair play”.
No sin razón, el gobierno y Morena dan por sentado que la política de bienestar, fincada en dádivas contantes y sonantes, mediante becas y pensiones, le asegura un soporte social firme en el estadio. Cierto, pero en su renuncia a las políticas públicas de largo alcance, el oficialismo ha desatendido, cuando no menospreciado o ignorado, derechos o demandas de la afición que van más allá del bolsillo o el monedero. En la cancha de la seguridad y la justicia, así como de la salud, la educación y el empleo, el marcador no favorece a la acción gubernamental. Y, en ese esquema, sin crecimiento económico, la política de bienestar no está exenta de sufrir un esguince o, peor aún, una luxación con desgarre de ligamentos.
En seguridad y justicia, el gobierno se interesa más por corear la disminución de homicidios que por resolver el drama de quienes buscan a los desaparecidos, en extraditar o entregar capos y subcapos (sin incluir socios políticos de talla) y saturar las cárceles sin advertir el estado del sistema penitenciario ni empeñarse en establecer la paz con justicia. En esa área no chica, la política –pese al reconocible el chanfle dado– responde más al reclamo internacional que al clamor nacional, sin plantearse conjugar ambos vectores.
En salud, luego de casi ocho años y tras esfuerzos en vano y en serio, la respuesta no rebasa el nivel de la promesa con cita transferida a un futuro lejano. De la política educativa mejor ni hablar, en su nivel básico, medio y superior se ha privilegiado el acceso sobre la permanencia, a la cantidad sobre la calidad sin diseñar una fórmula combinada. En la básica, la prioridad son los maestros no los niños; en la media y superior, la creación de universidades de contentillo a costa de las establecidas, haciendo de la mediocridad el nivel más alto de la enseñanza y el conocimiento. Y, en cuanto al empleo y el trabajo, la cancha la domina la informalidad y el doble tributo compartido por el fisco del Estado y la extorsión del crimen.
En esa área, el oficialismo anima sin querer un malestar social que, en más de un caso, comienza a manifestarse en movimientos de protesta aislados, pero que articulados –como se vislumbra– pueden perforar la portería del gobierno. Eso sin hablar de la capital de la República, donde la administración ya estableció que el mantenimiento de bienes y servicios públicos es cosmético y sólo aplica si hay Mundial de por medio, sin poder decir quién descuidó la infraestructura de la capital durante el sexenio pasado para no anotar un autogol memorable.
La política de bienestar con efecto inmediato, pero sin consecuencia a largo plazo debería revisarse en el VAR.
...
En el terreno de la política, faltará cal para marcar los límites de la cancha.
De seguir como va, la oposición se conformará con el tiro de esquina logrado con la narrativa del narcogobierno y el narcopartido, sin importarle no tener quien remate. Sin parado técnico, condición física, estado emocional –o sea, electoral– adecuado, idea de juego en equipo ni jugadores con carisma e ideas, capaces de tomar decisiones atinadas en el terreno de juego, se entiende por qué el priista Alejandro Moreno insta a la porra –entendiendo por ello, a la ciudadanía– a saltar a la cancha, tomar las riendas del partido y hacer el milagro, mientras Vicente Fox lo felicita al ver la debacle de su equipo. La oposición vive del sudor de su lengua no del cerebro ni de la playera y es, a su pesar, un sólido apoyo del oficialismo. A la fecha, ni siquiera ha tomado nota que el campeonato electoral del año entrante se llevará a cabo en este. Da grima verla.
Si tal es la situación de la oposición, la del gobierno y Morena tampoco es halagüeña. De un lado, se quiere medir con la (s)elección de Estados Unidos sin irritar al estratega de aquella escuadra, ni alinear en el match a jugadores sin visa o en riesgo de perderla, pero cuidando que los ultras de aquel seleccionado exijan la lista completa del plantel ni se enfaden al punto de querer arrancar el pasto del terreno de juego. De otro lado, pero al mismo tiempo quiere repartir juego entre los suyos de cara al campeonato local del año entrante, pero el jaloneo por vestir el uniforme guinda le está complicado el cuadro a la nueva directora técnica del conjunto que, por lo visto, no tiene claro si cuenta con aliados ni cómo armar las eliminatorias sin que los competidores se destrocen en los vestidores, antes del inicio del torneo.
...
En cuanto a la economía y las finanzas toca, la moneda está el aire, pero el aire sopla muy fuerte, casi anunciando la temporada de huracanes. En esa materia, más vale esperar a ver qué tan pronunciada es la cuesta de agosto, al darse el silbatazo final del Mundial.
Por lo pronto, es hora del fan fest, deseando que la megapantalla de 510 metros cuadrados del zócalo baste para desvanecer la realidad que sigue después de patear el balón y que, quizá, coloque al país fuera de lugar.