Una de las citas claves en el calendario taurino español es la Corrida de Beneficencia en la Monumental Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid. A una semana de terminar la histórica feria de San Isidro, ante un imponente lleno en los tendidos, ambientazo en los alrededores y calor sofocante de inicio, partieron plaza Alejandro Talavante, Roca Rey y Víctor Hernández ante toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés, ambos hierros de la familia del Río, ganadería de máximo prestigio cuyos toros pastan en la sierra madrileña en la localidad de Guadalix.
Siempre resulta una incógnita cómo se desarrollará la tarde, independientemente del comportamiento de los toros y el quehacer de los toreros; me refiero a si los tendidos de Las Ventas jugarán un papel a favor o en contra del ambiente y la psicología durante la tarde.
Para mi sorpresa y beneplácito, vivimos una tarde que para los estándares de Madrid resultó respetuosa con los toreros; además, la mayoría de los toros dieron un juego interesante, por lo que las absurdas protestas recurrentes de siete tontos en esta tarde no tuvieron cabida.
El primer toro no tuvo mayor transmisión y Talavante, con el conocimiento que tiene del ambiente ventero y su oficio, hizo lo correcto y abrevió su faena de muleta.
El cielo se encapotó durante el segundo toro, otorgando clemencia a los tendidos de sol que merecen todo mi respeto por soportar el calor del verano madrileño. Roca Rey es la máxima figura del toreo actualmente y, para gusto de público y aficionados que asistimos a un festejo taurino a emocionarnos y pasarlo bien, no se le hostigó por el hecho de ser figura; se le exige y él responde, no en balde es la figura que es durante ya una década.
El primer calentón fue durante el tercio de quites. Tras el segundo puyazo, Víctor Hernández hace válido su derecho al quite y ejecuta temerarias gaoneras que encienden la pasión en los tendidos. Bien por el joven torero que, pese a la bisoñez, sabe y entiende que para competir en las grandes ligas hay que salir con irreverencia y a no dejar nada en la espuerta. Gran ovación.
Con parsimonia, elegancia y el porte de figura, Roca Rey se fue para los medios andando con el capote arrastrado en su mano derecha, con torería y la chulería bien entendida de los grandes. Extraordinario manejo escénico, para lo que hay que tener gran personalidad y desde luego capacidad de reacción. Se colocó el capote en la espalda, fijó al toro que estaba en el tercio a la altura del burladero de matadores, le fue andando, consiguiendo la atención del imponente animal y de los 23.000 asistentes que, emocionados, conteníamos casi la respiración conforme iba el diestro peruano acortando la distancia. Se arrancó alegre el de Victoriano e, inmóvil, se lo pasó por la faja en ajustada gaonera, dos, tres, cuatro y una revolera ligada con una brionesa que nos pusieron de pie ante la incomparable emoción de la competencia entre dos toreros en el ruedo ante un bravo sinodal.
Brindis al público en los medios, rodillas en tierra para citar de largo al negro salpicado de imponente presencia. Fue acortando la distancia, el toro fijo en el torero; en su justo momento, se arranca como un tren el toro y Roca se lo pasa por la espalda, la plaza ruge, pase por alto y de nuevo otro cambiado por la espalda a inverosímil distancia del pitón y el cuerpo del torero. Previo al segundo cambiado, el toro se frena y Roca lo aguanta de hinojos; se cruzaron las miradas, el toro con toda la ventaja, el torero con absoluta entrega por defender su sitio de máxima figura en la plaza de máxima importancia.
La faena fue corta, el toro aguantó cuatro tandas de mucho poder y mano baja antes de irse a tablas. Se apagó la euforia y, tras un pinchazo, gran ovación al peruano que dejó claro que para ser máxima figura hay que hablar en el ruedo.
Se nubló Madrid. Ante el mejor toro de la tarde, un bravo y encastado animal de la familia del Río, Víctor Hernández se jugó la vida sin cortapisas. El tercio de capote fue a la defensiva ante las poderosas embestidas del astado. Viento huracanado que hizo imposible manejar con suavidad el capote; gran mérito de Víctor y su cuadrilla durante los dos primeros tercios. Se fue el torero a los rumbos del tendido 5, donde se presume hace menos viento; esta tarde eran ráfagas terribles en todo el ruedo. Víctor estuvo hecho un león ante un bravo toro cuya máxima cualidad fue la fijeza en su embestida; pese a flamear la muleta en ocasiones con vida propia, el cuerpo del torero estuvo siempre a disposición del toreo verdad. Quieto, bien colocado y dispuesto, realizó una faena emocionante por la transmisión que tenía el toro en su embestida y el buen trato de muleta del diestro que, pese a las rachas de viento, consiguió emocionantes tandas de toreo bajo, ligado y con mucha verdad. Ese es el único camino para destacar en el mundo del toro, y Víctor lo hace y lo ejecuta. Espadazo trasero que impidió que el bravo astado se entregara pronto, lo que enfrió lo que de haber doblado rápido habría sido una faena de una oreja sin duda. Gran ovación al toro en el arrastre, lo mismo que para Víctor, que saludó en el tercio.
Antes de salir el cuarto se desató tremendo diluvio en Madrid. Casi imposible aguantar el chaparrón, por lo que prácticamente todos los asistentes sin techo huimos a los pasillos de la plaza, donde pudimos ver en televisión la gesta de la que Talavante era protagonista apenas a unos metros de distancia.
Valor, verdad y honradez. Obvio, no fue una faena de excelsa limpieza, pero sí de inenarrable mérito. Varios viajes con la espada provocaron solo palmas al diestro tras una gesta de torero macho.
¿Se suspendería? ¡Qué va! Tras unos minutos de arreglo en el ruedo y con la lluvia aún cayendo, Roca Rey le da la instrucción al chulo de toriles que abra el portón para que salga el quinto de la tarde.
Otro buen toro de la familia del Río y una faena limpia, templada, de trazo largo, ligado y de mano baja del peruano. Qué mérito en esas condiciones; todo mi respeto y admiración para los tres toreros que echaron pa’lante. Con poco público en los tendidos, las andanadas y palcos a reventar así como los pasillos interiores, Roca cuajó una faena importante. Se perdió el triunfo por las fallas con la espada, pero la gesta quedará para el recuerdo.
Hernández no aflojó un ápice el acelerador y ejecutó ya sin el aguacero, solo con una leve lluvia, una faena de entrega y verdad. Ojo con este joven matador de toros.
Queda una cita emblemática aún en el calendario hispano: la tradicional corrida goyesca de Ronda.
El próximo domingo, comparecencia mexicana en Las Ventas con la actuación de Juan Pablo Sánchez ante toros de Valdefresno, alternando con Cristian Pérez y Alejandro Peñaranda. Mucha suerte para el hidrocálido.