Plaza Viva

México campeón

Gracias a quienes cargaron con el peso de hacernos creer. Jiménez, Quiñones, el Piojo, Tala y Morita, cuyas estrellas brillaron más que nunca, porque iluminaron al equipo completo. Porque nos iluminaron a todos y a todas.

“El que menos durmió y el que más soñó / ¡Ese soy yo!”

Cristóbal Briceño, cantautor.

Transformamos una carrilla machista y burlona, el “quiere llorar”, en la posibilidad de que la otra persona quiera estar por los cielos, abrazando la gloria en el aire mientras desconocidos nos cuidan la cabeza y el tronco. Ahora el mexicano, o el extranjero, ¿por qué no?, quiere volar.

Nuestras niñas y niños vieron lo que nosotros nunca: un México gallardo, atrevido y compañero. Habíamos visto equipos con genialidades, sí, pero jamás este nivel colectivo de juego. Jamás esta claridad de jerarquía. ¿Cuándo pensamos que podríamos decir, sin complejos, que sí, somos mejores que Inglaterra? Bueno, esas infancias mexicanas ya lo dan por hecho. Estamos entre los dieciséis mejores del mundo y, en mi corazón, nadie nos supera.

Y gracias. Gracias a quienes cargaron con el peso de hacernos creer. Jiménez, Quiñones, el Piojo, Tala y Morita, cuyas estrellas brillaron más que nunca, porque iluminaron al equipo completo. Porque nos iluminaron a todos y a todas. Gracias por regalarles a millones de niñas y niños la imagen de una selección que, antes que cualquier individualidad, eligió jugar como un verdadero nosotros.

La anfitrionía nos dio el pretexto perfecto. Ahora el mundo ve el México del encuentro, de los besos, de la buena onda, del llorar y arengar juntos. El México de siempre: donde, si comen dos, comen tres. El México de la hospitalidad ilimitada, de la empatía instantánea, del amor a quien apenas está a mi lado. Mostramos que no somos lo que líderes pírricos y patéticos del mundo dicen de nosotros. No. Somos México, y esta es una casa de madre soltera donde cabe todo el barrio a la hora de cenar.

Ya vimos qué pasa después de una derrota que se siente más suave que la tragedia. Nada. O quizá un poco: las calles con menos bulla y menos cláxones, algunos desvelados y otros claramente crudos. Pero aquí, en este país, siempre se levanta la frente. A este pueblo trabajador nada lo detiene. Ahí están quienes madrugan para barrer nuestras calles, quienes preparan el desayuno en una fonda, quienes conducen el Metro o el autobús para llevarnos al trabajo, quienes reparten paquetes bajo el sol o la lluvia, quienes atienden una farmacia de madrugada, quienes venden tamales en la esquina, quienes cuidan a nuestros hijos, quienes limpian oficinas cuando ya todos se fueron. Ese es México: el que pierde un partido y, al día siguiente, vuelve a levantar el país.

La vida da nuevas oportunidades. La vida, por fortuna, es generosa. Y hoy nos está llamando a ser campeones. Pero los campeones no aparecen de la nada: se construyen con tesón.

Dentro de un año tenemos una nueva cita. Vamos a ser campeonas del mundo. Nuestra liga femenil ha demostrado su talento y también que las futbolistas mexicanas pueden competir con cualquiera. Les toca a ellas seguir haciendo historia y a nosotros apoyarlas e invertir todavía más en su desarrollo.

Y dentro de cuatro años tenemos otra cita. Vamos a ser campeones.

No nos sobra el tiempo. Preparémonos desde hoy para levantar la Copa del Mundo en 2030. Empecemos hoy mismo los recorridos por las canchas llaneras buscando al próximo Bozinha. Vayamos a las visorias de los niños más improbables, de esos que, como el Hormiga, alguna vez fueron descartados por ser demasiado chaparritos. Invirtamos, acompañemos y confiemos. Y no permitamos que este ánimo colectivo decaiga ni un solo segundo.

Pero también sanemos nuestro futbol. Una liga más justa, con ascensos y descensos que premien el mérito deportivo, con instituciones más transparentes, con decisiones que privilegien el juego antes que los intereses de unos cuantos. Si queremos ser campeones del mundo, nuestro futbol tiene que parecerse más a México: competitivo, noble, valiente y dispuesto a ganarse cada centímetro de la cancha. Que el ánimo no decaiga ni un solo segundo.

México campeón. México siendo México. México de siempre: el héroe cotidiano y el jerarca de lo imposible vuelto verdad. México, “el que menos durmió y el que más soñó”: ¡Arriba y a lo que vinimos!

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