Mexicanos Primero

¿Y si sí?

La educación debe convertirse en una causa nacional con decisiones basadas en evidencia para mejorar el aprendizaje en México.

La diferencia es que, esta vez, no hablamos de futbol. Hablamos del futuro de México, y ese sí lo podemos ganar.

Durante las últimas semanas esa frase apareció en anuncios, playeras, gorras, redes sociales y conversaciones.

Cuando el futbol dominó la conversación nacional, todos quisieron sumarse. Incluso hubo marcas que cambiaron su nombre al español para participar del entusiasmo colectivo. Pocas veces un tema concentra así la atención de todo un país.

Quienes llevamos años defendiendo el derecho a aprender sabemos que la educación casi nunca ocupa un lugar tan importante en la conversación, sólo aparece cuando ocurre una tragedia, estalla un conflicto o un indicador resulta escandaloso. Entonces llegan la indignación, los titulares y las promesas. Después, el tema desaparece. Porque cuando la educación deja de ser conversación pública, también deja de ser prioridad política.

Por eso vale la pena apropiarnos de este “¿Y si sí?” y llevarlo al terreno educativo.

En el futbol hemos vuelto a confirmar una lección sencilla: ningún jugador gana un partido solo. El talento importa, pero también la estrategia, la disciplina y quienes casi nunca aparecen en los reflectores, aunque hacen posible el resultado. Lo mismo ocurre con la educación. No depende únicamente de un gobierno, de una maestra o de una escuela. Depende de todos. Familias, docentes, autoridades, empresas, organizaciones y sociedad compartimos la responsabilidad de formar el equipo que necesitan millones de niñas, niños y jóvenes.

Nos debería indignar tanto que sólo siete de cada diez niñas y niños accedan al preescolar como una eliminación deportiva. También que, de cada diez que inician la primaria, apenas seis concluyan la educación media superior y sólo tres terminen la educación superior. O que cinco de cada diez estudiantes no comprendan lo que leen o se ubiquen en el nivel más bajo de desempeño en ciencias, según PISA.

Estos números no son destino. Son un llamado a cambiar la estrategia. Si fueran los resultados de una selección nacional, nadie diría que son aceptables. Exigiríamos cambios, nuevos entrenadores, mejores estrategias y resultados distintos. Sin embargo, cuando esos mismos números describen el aprendizaje de millones de estudiantes, terminamos por normalizarlos.

Hay otra lección que el futbol puede enseñarnos. Hoy las decisiones más importantes ya no dependen únicamente del árbitro. Hay tecnología, evidencia y un equipo de especialistas que acompaña cada jugada para reducir el margen de error. El VAR (árbitro asistente de video) no sustituye el juicio; lo fortalece.

En educación debería ocurrir exactamente lo mismo. Los datos, la evidencia y la inteligencia artificial tendrían que ayudar a tomar mejores decisiones, corregir políticas a tiempo y dirigir los recursos hacia donde más se necesitan. En cambio, seguimos tomando decisiones con ocurrencias, intereses políticos e inercias burocráticas. No porque falte evidencia, sino porque elegimos ignorarla.

Quizá la pregunta no sea si México puede llegar más lejos. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a construir el equipo que lo haga posible.

¿Y si sí dejamos de aceptar que nuestros resultados educativos son inevitables? ¿Y si sí convertimos la educación en una causa nacional? ¿Y si sí exigimos decisiones basadas en evidencia y no en ocurrencias?

Los mundiales terminan. La conversación cambia. Las campañas pasan. Pero las oportunidades perdidas de millones de estudiantes permanecen toda una vida. Y ese es un partido que México ya no puede darse el lujo de seguir perdiendo. ¿Y si sí decidimos jugarlo juntos?

Patricia Vázquez del Mercado

Patricia Vázquez del Mercado

Presidenta Ejecutiva de Mexicanos Primero

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