La escuela es espejo de la sociedad. Medir a un gobernante por cuánto invierte en educación no es terquedad: es sentido común y evidencia. Los países que apostaron por mejorar su sistema educativo hicieron la mejor inversión posible: talento humano y, con ello, crecimiento económico sostenido.
No bastan acuerdos firmados, decretos publicados ni discursos bien diseñados. El verdadero compromiso se refleja en el presupuesto. Está probado: no hay atajos para el desarrollo. Invertir en educación siempre ha sido y seguirá siendo la apuesta más rentable para México. Pronto veremos el paquete económico y con eso lo que será posible que suceda en educación para el 2026.
Mientras tanto, el próximo lunes 1 de septiembre inicia el primer ciclo escolar completo de la presidenta de México: cuatro ciclos serán su total responsabilidad. Para millones de personas, la escuela guarda recuerdos imborrables: las aulas, las conversaciones con amigos, las maestras y maestros que marcaron la vida de sus estudiantes, las personas de apoyo que mantienen las escuelas en pie —desde quienes abren las puertas y las cuidan, hasta quienes las mantienen limpias o garantizan la alimentación y la actividad física.
También están los símbolos silenciosos de la vida escolar: los periódicos murales. Quien ha visitado una escuela sabe que esos tableros en las paredes transmiten mensajes colectivos: logros, celebraciones, valores, reflexiones, mensajes a las familias y participación estudiantil. Son espejo de la comunidad educativa y de la creatividad docente.
Imaginemos ahora el periódico mural de la educación más grande de México, colocado en los pasillos de Palacio Nacional, el que recorre cada mañana quien dirige este país. ¿Qué mensajes deberían recordarse ahí, día tras día? Sin lugar a duda, los irrenunciables de la agenda educativa: todas las escuelas del país abren de manera segura, con condiciones dignas, cada estudiante aprende lo básico y fundamental, y más; cada docente trabaja con salarios justos, materiales de calidad y plenas garantías laborales, cada niña y adolescente llega y regresa segura a su casa.
Ese periódico mural debería recordarle a quien gobierna México que los 185 días de clases deben ser los más seguros, significativos y felices en la vida de más de 30 millones de niñas, niños y jóvenes. Cueste lo que cueste. Arrancar un ciclo escolar no es un trámite burocrático ni un anuncio protocolario: es asegurar la continuidad de trayectorias educativas que son un derecho constitucional. Es un deber del Estado y una corresponsabilidad de toda la sociedad.
Necesitamos un periódico mural que recuerde a la Presidenta de México cada día que la educación no es agenda de gobierno: es agenda de nación.