Razones y Proporciones

Dudas sobre Kevin Warsh

Tal vez lo más peculiar de la segunda conferencia de prensa de Kevin Warsh, posterior a la reunión del FOMC, haya sido el aumento de la incertidumbre derivado de la ambigüedad de su comunicación sobre la política monetaria.

En su segunda reunión como presidente del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), celebrada el mes pasado, Kevin Warsh generó dudas sobre el rumbo de la política monetaria de ese país.

La decisión del FOMC de mantener el intervalo objetivo de la tasa de fondos federales entre 3.50 y 3.75 por ciento ocurrió con un desacuerdo inusualmente temprano. Tres de los doce miembros votaron en contra, expresando su preferencia por un aumento de un cuarto de punto en el rango objetivo. Además, a diferencia del consenso implícito en los comunicados anteriores, el boletín reciente fue aprobado solo por nueve votantes. Estas divergencias podrían interpretarse como una señal de debilidad en el liderazgo.

Tal vez lo más peculiar de la segunda conferencia de prensa de Warsh, posterior a la reunión del FOMC, haya sido el aumento de la incertidumbre derivado de la ambigüedad de su comunicación sobre la política monetaria.

Una primera imprecisión giró en torno a la medición del objetivo de inflación. Warsh reiteró que el Comité “garantizará la estabilidad de precios” y aclaró que el objetivo de inflación es de 2 por ciento, pero dejó abierta la posibilidad de modificar el indicador utilizado para medirla.

Aunque el Índice de Precios del Gasto de Consumo Personal (PCE) ha sido el indicador preferido del Fed desde mediados de los años noventa del siglo pasado, Warsh señaló que la medición oficial podría cambiar en la revisión del marco monetario prevista para enero próximo, entre otras razones, porque así lo sugieran los grupos de trabajo anunciados en la conferencia de junio. Abrir la puerta a la indefinición sobre la medición de la inflación entraña el riesgo de poner en duda la solidez del objetivo de estabilidad de precios.

A lo anterior se añadió la vaguedad de Warsh en torno a la función de reacción de la política monetaria. Si bien fue categórico al afirmar que ninguna parte del mandato dual “está generalmente en guerra con la otra parte”, mostró una disposición vacilante a actuar en la coyuntura actual, en la que el objetivo de máximo empleo se encuentra razonablemente alcanzado, mientras que el de estabilidad de precios se ha incumplido durante más de cinco años.

Aunque aclaró que “cuando sea necesario y apropiado, no dudaremos en actuar”, optó por describir su función de reacción con referencia a un relajamiento monetario: “cuando se ha cumplido el otro objetivo del mandato y se observa que la inflación subyacente está disminuyendo, (el banquero central) se inclina más a flexibilizar la política monetaria”.

La aparente falta de disposición a endurecer la política monetaria se acentuó con la ambigüedad de la noción de inflación “subyacente” que podría tener en mente. En intervenciones pasadas, Warsh ha hecho referencia a la “media truncada” de inflación anual (PCE) calculada por el Fed de Dallas, la cual se ubicó en 2.2 por ciento en junio pasado.

Un elemento adicional provino de la advertencia de Warsh de que su “modelo mental” no consiste en “ajustar la demanda agregada para que se ajuste a la oferta”. Esta observación podría reflejar una propensión a interpretar las presiones inflacionarias como resultado exclusivo de “choques de oferta” y, por ende, no susceptibles de ser contrarrestadas mediante la política monetaria.

Warsh parece dispuesto a delegar en el mercado el combate a la inflación. Celebró que, entre las reuniones de junio y julio, las tasas de interés de largo plazo, tanto nominales como reales, aumentaran. Al no haber cambiado la postura monetaria del Fed, interpretó ese endurecimiento de mercado como información útil sobre la economía, que proporciona “cierta comodidad al saber que tenemos la capacidad y la habilidad para cumplir”.

Warsh parece subestimar los beneficios de la predictibilidad de la política monetaria. Aunque no lo pretenda, los participantes en los mercados forman expectativas sobre el grado de compromiso del banco central con el combate a la inflación. La falta de claridad sobre la política monetaria solo genera incertidumbre y reduce su efectividad.

De hecho, durante su conferencia de prensa, la tasa de interés del bono del Tesoro estadounidense a dos años cayó, mientras que las de diez y treinta años aumentaron. El mercado parece haber interpretado que el Fed será renuente a aumentar la tasa de referencia, lo que podría elevar la inflación futura y, a la postre, exigir una respuesta más severa.

Warsh debe dejar atrás el agnosticismo en política monetaria y comunicar con claridad su compromiso con la estabilidad de precios y la estrategia para restablecerla. Hacer preguntas, consultar a expertos y planear reformar el Fed pueden ser útiles, pero nada sustituye la determinación de rumbo que exige el liderazgo de un banco central.

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