Costo de oportunidad

Gasolina prorrata

La pérdida de Pemex que subsidiamos los mexicanos vía impuestos, se la debemos en buena parte al huachicol.

Tengo familia en Tepeaca, Puebla, en donde hubo una explosión la semana pasada. Ahí crecío exponencialmente la extracción de combustibles durante el sexenio del presidente Peña. ¿Por qué ahí? Los ductos vienen del Golfo de México, y bajan las Cumbres de Maltrata. En esa zona alcanzan presión, y eso es útil para los ladrones.

Ese negocio se acabó (para los delincuentes de esa zona) en el sexenio anterior. Se movieron al negocio menos rentable y más riesgoso del huachigas, lo cual podría explicar la explosión de la semana pasada.

A pesar de que los huachicoleros locales ya no estaban en el negocio de gasolinas, las cifras de combustibles vendidos por Pemex no cambiaron sustancialmente. Hace un año, un medio noticioso llamado Código Naranja reportaba que la zona seguía siendo la principal área de extracción de combustibles del país, con alrededor del 13 por ciento de los casos de tomas clandestinas.

Con mucha frecuencia manejo desde Cholula hasta Tepeaca. En el camino, en el Periférico (pseudo) Ecológico, hay una gasolinera de Mobil donde cargo gasolina. La razón por la cual cargo ahí, a pesar de que es un poco más caro, es que me gusta la calidad del combustible. Rinde más, y dado que estoy en zona huachicolera, me preocupa que me den benzina o alguna mezcla hecha con combustibles robados, que en el mejor de los casos rendirá poco, o peor, acabará con mi vehículo. Dado que Mobil es importador directo, prefiero pagar la diferencia.

Por ello, me sorprendió ver un par de lonas de la Profeco, instando a los consumidores a no cargar ahí, porque “se vuelan con los precios”. Seguramente el señor Procurador del Consumidor, el abogado Cesar Iván Escalante Ruiz, piensa que los consumidores somos retrasados mentales, y que cargamos en un lugar caro que queda de camino al Triángulo Rojo, dado que somos irracionales. Por ello, necesita ponernos una lona para que nos abstengamos de cargar ahí.

También me gusta la gasolina (como dijo Daddy Yankee) de Shell, pero esa sí de plano no me alcanza. La de BP era buena y rendidora, pero como que esa empresa se desanimó con la marcha atrás de la reforma energética del gobierno peñista, y sus estaciones de servicio han ido desapareciendo. Cargo también en Costco, gasolina de Pemex con buenos aditivos, pero está lleno todo el tiempo, y no me queda de camino. Por eso cargo en Mobil, porque tengo entendido que ellos importan su gasolina y sus aditivos.

Si asignáramos la pérdida de Pemex Transformación a cada litro de gasolina y diésel producido por Pemex, pagaríamos casi 11 pesos más por litro. Sería incorrecto hacerlo, dado que Transformación produce otras cosas; pero al menos, con datos del 2024, los contribuyentes subsidiamos entre 3 y 5 pesos, a prorrata por litro, las pérdidas de Pemex Transformación Industrial. Aunque no tengas coche.

Dado que Mobil, o Shell, o Valero, no pueden darse el lujo de perder dinero, tienen que cobrar esos 3 ó 5 pesos adicionales. Esa es la diferencia “que se volaron con los precios” que detecta el Señor Procurador del Consumidor.

Me parecen terribles, e increíbles, dos cosas. La primera, es que el aparato del Estado, en este caso la Profeco, se use para hacer publicidad negativa a un competidor lícito del negocio donde el gobierno de México tiene a la empresa dominante. Segundo, es inverosímil que los gasolineros, y sus asociaciones, no levanten la voz en contra de estas cosas, y tengamos que alzar la mano los consumidores. Hay dos explicaciones al fenómeno que no son incompatibles: la primera, es que los empresarios no tienen espina dorsal ni glándulas gónadas. La segunda, es que la posibilidad de que el Estado los saque del negocio es real, y por eso permiten que la Profeco les instale una lona en el tono en el que redactó la que les cuento aquí.

Hace años conocí a un alto funcionario de Guanajuato, quien me dijo que el poder económico y corruptor del huachicol en Salamanca era la principal razón de la delincuencia que sufrían. Ese Estado le debe más a la manufactura que al petróleo, en cuanto a desarrollo. Si yo fuera gobernador de Guanajuato, o de Puebla, preferiría que esa industria, que ya se volvió de alto riesgo porque la Federación no puede cuidar sus instalaciones, se fuera a otra parte.

La pérdida de Pemex que subsidiamos los mexicanos vía impuestos, se la debemos en buena parte al huachicol. También es causa de violencia. Necesitamos que la fiscal federal acabe con ese delito, no que Profeco nos diga dónde no cargar gasolina.

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