El jueves pasado, el INE decidió otorgar registro a dos nuevos partidos y negarlo a otros tres que lo habían solicitado. Uno de estos últimos no logró organizar suficientes asambleas ni reunir el número de afiliados requerido, de manera que su caso era evidente. Los otros dos que no fueron aprobados se debió a temas relacionados con el financiamiento y la participación de ministros de culto, entre otras irregularidades que los consejeros del INE consideraron suficientemente graves.
Los partidos que obtuvieron registro son “Construyendo Sociedades de Paz” y Somos México. El primero eligió ese nombre porque las siglas son CSP, las mismas de Sheinbaum. Por esa razón, desde hace meses se le requirió un cambio de nombre, que entiendo será Paz. Se trata de una resurrección más del Partido Encuentro Social, PES, que ya ha perdido en dos ocasiones el registro, pero tiene la capacidad de obtenerlo de nuevo. Digamos que tiene seguros los 300 mil afiliados que alcanzan para el registro, pero no los 2 millones de votos para mantenerlo. Es un partido cercano a Morena, con quienes ha estado aliado en varias ocasiones, notablemente para llevar a Cuauhtémoc Blanco a la gubernatura de Morelos.
Somos México también ha sido requerido, pero apenas en estas últimas sesiones del INE, para cambiar su nombre, color y emblema. En ese tema, la votación del consejo general fue de 6-5, y esta organización impugnará esa decisión. El argumento es que el nombre puede interpretarse como excluyente de los demás, que el color se parece al de un partido local en Tlaxcala, y el emblema deriva del nombre impugnado. No parecen argumentos sólidos, y así lo expresaron un par de consejeros durante la sesión, por lo que supongo que el TEPJF puede modificar esa decisión del INE y permitir a Somos México continuar con esos elementos.
He visto abundantes opiniones acerca de la existencia de estos dos nuevos partidos, especialmente de quienes se han quejado desde hace años de la inexistencia o inutilidad de la oposición. Ahora están inconformes por la llegada de Somos México, argumentando unos que se trata de políticos reciclados, y otros que esto debilitará a la oposición al dispersar el voto.
Con respecto al primer punto, conviene insistir en que Somos México proviene de la conjunción de varios grupos, entre ellos el Frente Cívico Nacional, que incluía al segmento más liberal del PRD y a militantes de causas cívicas. Fue la organización promotora, pero en el camino ha sumado a diferentes organizaciones y personalidades, entre ellos a abundantes exconsejeros y exfuncionarios del INE, lo que fue determinante en el éxito del registro. Así que sí, Somos México incluye a viejos políticos, pero no nada más. Conviene no olvidar lo difícil que es construir un partido político en México para entender por qué la experiencia acumulada es tan importante.
La queja de la dispersión del voto de la oposición resulta absurda, especialmente cuando viene de quienes afirman que hoy esa oposición no existe, o no sirve para nada. En las encuestas que construyen perfiles de la sociedad, como la que publica Nexos cada cinco años, o la Mundial de Valores, suele aparece un grupo de personas que no están conformes con nada, que insisten en que todos son iguales e inútiles, y que frecuentemente son etiquetados, en esas encuestas, como “cínicos inconformes”. Uno de cada 10 mexicanos cae en ese grupo, pero la proporción crece con el nivel de ingresos y educativo.
Mi opinión (obvia en tanto que participé en el proceso de Somos México) es que es necesario revitalizar a la oposición, y ofrecer a los votantes algo diferente a los dos partidos existentes en ese espacio, que hoy sufren de grandes “negativos”. Podremos verificar esto dentro de un año, pero no olvidemos que hay personas que gozan ejercer la crítica improductiva. No se junte con ellos.