Fuera de la Caja

El problema real

Detrás del fortalecimiento del narcotráfico en México, Macario Schettino analiza los riesgos que tiene el debilitamiento del Estado como lo conocemos.

El Ejército mexicano (no la Marina), con apoyo de inteligencia de la recientemente creada fuerza de trabajo conjunta interagencias del Comando Norte del Ejército estadounidense, ubicó y detuvo a Nemesio Oseguera, El Mencho, quien murió durante su traslado a la Ciudad de México debido a heridas ocurridas en el enfrentamiento. La reacción del CJNG tuvo impacto en más de 20 estados, incluyó la destrucción de centenares de tiendas y camiones y costó la vida a decenas de personas. Estos son hechos. Siguen las interpretaciones.

Todo indica que la señora Sheinbaum no estaba enterada de, o no comprendía, la magnitud del evento durante la mañana del domingo. El lunes, sin embargo, parecía que el mundo se le había venido encima. De golpe, terminó el cuento de los abrazos, la letanía soberanista y cualquier esperanza de tener un país tranquilo en las vísperas del Mundial de Futbol. El intento del martes de volver a la normalidad, es decir, regalar dinero, dudo que tenga mucho futuro.

El CJNG se había convertido en la amenaza más importante para el Estado mexicano: el intento más sólido de reemplazo que hemos visto. No se concentraba en el tráfico de drogas, no se limitaba a un puñado de entidades, se había diversificado y extendido: controlaba mercados, municipios y rutas. Ese proceso ocurrió mediante alianzas con grupos locales, sin la estructura vertical de los viejos cárteles, por lo que no está claro qué ocurrirá con la caída de El Mencho. Mi impresión (poco confiable) es que la dispersión le ganará a la sustitución del jefe. En cualquier caso, debemos esperar violencia.

Diversos especialistas insisten en que la única solución es la legalización de las drogas. Creo que ese barco ya zarpó. El problema del crimen organizado en México ya es otro, que hace casi 20 años sugerí a los encargados del tema: el reemplazo del Estado. Como propuso Mancur Olson hace décadas, el Estado es un bandido estacionario que ofrece protección contra otros bandidos a cambio de una parte de la riqueza de las personas. Se construye sobre la base de la violencia, de la cual es el legítimo monopolio. Su compromiso básico es garantizar la “seguridad nacional” (defender a la población de otros grupos externos) y la impartición de justicia (resolver los conflictos internos). A cambio, ya sabe usted, están los impuestos.

Cuando esos impuestos se utilizan en otros fines y el compromiso básico deja de cumplirse, el Estado se viene abajo y es reemplazado por poderes locales que están dispuestos a ofrecer seguridad y justicia, a su leal saber y entender, a cambio de su “piso”. Por razones históricas que he planteado en Conspiraciones, libro reciente, el Estado mexicano se construyó agrupando esos poderes locales, agregándoles grupos corporativos e inventando una ilusión colectiva llamada “nacionalismo revolucionario”. Nunca hubo un Estado fuerte, ni mucho menos hubo límites legales que este cumpliese ni intención de responder a la población.

Los fieles seguidores de la ilusión colectiva no creyeron en la amenaza del reemplazo. Peña Nieto, por omisión, y López, por comisión, facilitaron el derrumbe del Estado. Todavía este tiene fuerza suficiente para enfrentar al cártel más poderoso, pero no a todos al mismo tiempo. No es capaz de limitar el daño que se genera con la caída de líderes criminales: no lo fue en 2009 con las fracturas Sinaloa-Beltrán y Golfo-Zetas, no lo ha sido con la de Chapos-Mayo, y la que viene será aún mayor.

Es decir, que el reto que enfrentamos no es el crecimiento de los grupos criminales, sino la debilidad del Estado. Debilidad que parece alcanzar fase terminal con la señora Sheinbaum buscando una reforma electoral, la Corte en manos de ignorantes, la población ansiando limosnas y el entorno global más peligroso en 100 años. Conviene tener claro el problema.

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