Hay visitas que permiten medir el clima político de una época.
La de Angela Davis a México la semana que viene ocurre cuando Donald Trump ha devuelto al centro de la política estadounidense la persecución de migrantes, la ofensiva contra las políticas de diversidad y las presiones sobre universidades y movimientos sociales.
Davis llega cuando México es uno de los pocos países que ha resistido el viraje a la derecha del continente latinoamericano. Ofrecemos cinco ejes para entender la importancia de su visita.
1) Libertad de expresión. En 1969, Angela Davis fue despedida como profesora de filosofía de UCLA por presiones del entonces gobernador de California, Ronald Reagan.
La expulsaron por estar afiliada al Partido Comunista, razón suficiente para el macartismo de la Guerra Fría.
En tiempos de trumpismo, hemos atestiguado situaciones similares en universidades estadounidenses; o censura en la Feria del Libro en Frankfurt y en la universidad mexicana Centro por el apoyo a la causa palestina.
En México, después de la controversia en Nexos, vemos cómo la derecha y el liberalismo menos comprometido manosean y tergiversan el concepto de libertad de expresión. Davis nos recuerda cuáles son verdaderamente los discursos que las élites censuran.
2) Coaliciones internacionales y alianzas movimiento-institución. Davis es una pensadora y activista radical, en contra del reformismo tibio y a favor de los cambios profundos.
Con todo, Davis defiende continuamente la construcción de alianzas entre movimientos e instituciones y de coaliciones entre distintas luchas sociales.
Ha sido criticada por la izquierda más extrema por llamar al voto por Barack Obama, Joe Biden y Kamala Harris, pero el actual gobierno de Trump muestra la importancia de su postura contra el pensamiento binario y la terquedad política.
Davis enseña a buscar los hilos que unen distintos horizontes políticos. Intentó visitar en prisión al independentista vasco Arnaldo Otegi como parte de un esfuerzo internacional por su liberación.
El año pasado arropó en Cali a Francia Márquez al borde del abismo electoral y, contra el solipsismo estadounidense, ha defendido una identidad continental de “americanos en forma amplia”. Es una lección de internacionalismo en tiempos de nacionalismos exacerbados.
3) Igualdad racial. México ha ignorado durante demasiados años la desigualdad racial. Cegados por el mito de la “raza cósmica” de Vasconcelos, hemos ignorado la responsabilidad del Estado posrevolucionario en la invisibilización y marginalización de las poblaciones indígenas y afromexicanas.
La conquista española sembró los cimientos de una sociedad racista y ninguna de las “tres grandes transformaciones” logró deshacerlos. Está por verse si la cuarta lo logrará.
Ha habido avances en representación y discurso público, pero Davis nos enseña que no basta con cambiar los rostros de quienes gobiernan si permanecen intactas las condiciones que producen la exclusión.
4) Abolición. Una de las principales aportaciones de Davis ha sido su defensa del abolicionismo carcelario. Davis explica que, a medida que se ilegalizan las políticas segregacionistas de Jim Crow (separación racial), se cimenta un complejo industrial carcelario que hoy priva de su libertad a más de 1.85 millones de personas, cerca del 40 por ciento de ellas negras.
Se entiende así la prisión como una forma evolucionada de institución esclavista.
Las abolicionistas negras explican que la criminalidad y la violencia emergen de condiciones de precariedad y exclusión, atravesadas por la raza y la clase, que desbaratan los tejidos comunitarios.
Sumadas a los abusos policiales en comunidades negras y migrantes y a la crisis de adicción, estas condiciones generan el crimen que la institución carcelaria pretende —infructuosamente— eliminar.
En este sentido, la estrategia de seguridad de la presidenta Claudia Sheinbaum de atender primero las causas es afín a las ideas de Davis; no lo es el creciente uso de la prisión preventiva oficiosa.
5) Esperanza política. La lección más importante que nos deja Davis es no caer en el pesimismo político desmovilizador.
A lo largo de sus 82 años, ha formado parte de movimientos que crecen y luego se desinflan; de organizaciones que consiguen victorias legislativas, pero se deshacen por conflictos internos; o de efervescencias sociales que no logran cambios institucionales, pero sientan las bases para generaciones futuras.
La política es cíclica. La lucha sigue para que los retrocesos de hoy no impidan los avances de mañana.
Lectura recomendada: “Abolición, feminismo, ¡ahora!” de Angela Davis, Gina Dent, Beth E. Richie y Erica Meiners (UNAM y U-Tópicas).
Davis y Dent lo presentarán en FILUNI. Miércoles 26 de agosto a las 18:00, Sala Miguel Covarrubias.
Gracias, LGCH.