La operación puesta en práctica por el gobierno de la República supera la reacción en corto e inmediata a la coyuntura semanal. Existe un plan prospectivo para proteger al partido en el poder de todo señalamiento, crítica, acusación o incluso evidencia que afecte su reputación y credibilidad.
En esa línea se suscriben muchos esfuerzos, algunos emergentes y desesperados, otros más contenidos y estratégicos, que desde la Presidencia observamos cada mañana.
Desde el manto de impunidad extendido para todos aquellos señalados como presuntos responsables de delitos, menores o mayores, como la protección absoluta para el exgobernador Rubén Rocha Moya, hasta el evidente y escandaloso acto de violencia doméstica del exdirector de Pemex. El gobierno opera para ocultar las deficiencias, proteger a los infractores y borrar toda prueba de políticos tramposos, corruptos e indeseables.
Ahí está el día de ayer en Puebla, el proceso de sanción iniciado contra las dos diputadas por Morena, Nayeli Salvatori y Grace Palomares, que, con extrema insensibilidad, se atrevieron a criticar a los adultos mayores.
La sanción que pudiera concluir en expulsión de las filas morenistas apunta a un endurecimiento de posiciones al interior del partido.
Cero tolerancia a los excesos, a los abusos, a los lujos —como el vuelo en primera clase del gobernador de Tabasco, Javier May— y, por supuesto, a las pifias. Esa es la instrucción superior.
Las reuniones recientes de Ariadna Montiel, presidenta de Morena, y de Citlali Hernández, responsable de los procesos electorales internos, con todos los aspirantes a gubernaturas en días recientes, confirman la línea cero defecciones, acatamiento pleno del fallo interno acerca de quienes resulten beneficiados por las “encuestas” en la designación de candidaturas, y contiendas limpias que no dañen al partido, a su imagen y “prestigio”.
En este contexto también se inscribe la iniciativa presidencial de la supuesta ley para proteger los Derechos de las Audiencias. El gobierno, aunque lo niegue, quiere controlar al máximo los dichos, afirmaciones y críticas que desde los medios se hagan al partido y a sus candidatos.
El proyecto les ha salido mal, no sólo por calibrar torpemente el discurso y sustentar en pobres argumentos el “espíritu del proyecto”.
La presidenta Sheinbaum ha tenido que ir cambiando el tono y moderando los alcances de la iniciativa: pasaron de las multas en el texto inicial a la autorregulación, el defensor interno de las audiencias y sus códigos de ética. Todos los elementos ya existentes en muchas organizaciones de medios. En síntesis, han tenido que recular debido a la encendida reacción de medios, periodistas y organismos académicos.
El cambio a la ley electoral sobre la protección de la soberanía y la vigilancia desde el INE es un instrumento más de sobrerregulación para establecer filtros que protejan a los candidatos de Morena y su partido.
Ellos serán los únicos, los auténticos patriotas que defiendan la soberanía nacional, como baluartes de la independencia y la autonomía territorial. Otra capa más al blindaje en la próxima competencia.
Morena, por instrucciones de la presidenta, amarra los controles y cierra filas para marginar a los indeseables, que son muchos pero ya están adentro; esos ni remedio de cómo sacarlos. Vamos a ver qué suerte corren las diputadas poblanas.
Pero sobre todo para los de fuera, que buscan a como dé lugar una posición en Morena que les permita cargo, puesto, candidatura o lo que buenamente alcancen.
La presidenta Sheinbaum busca evitar la fractura, eliminar cualquier posibilidad de conflicto interno y presentarse con una fuerza unida ante los votantes, todos convencidos por los débiles principios de la transformación.
El blindaje consiste en prevenir los ataques y reducir los casos vulnerables en estados como Sinaloa, Campeche, Guerrero y Sonora, ahora agravados por los señalamientos contra Alfonso Durazo, donde el desempeño de los gobiernos de Morena no obtiene buena calificación.
Las líderes del partido llamaron a la unidad, la disciplina y el cierre de filas a los aspirantes la semana pasada, para neutralizar al máximo los conflictos internos y las competencias fuera de los márgenes de la civilidad y la política de alto nivel.
Pero son morenistas y no hace falta que le diga a usted que se definen por brincarse las normas, como les dijo la presidenta hace unos días, por atacarse con virulencia unos a otros, por buscar el cargo a toda costa. Tal vez el blindaje no cubra la voracidad y la ambición desmedida.