Existe una tendencia generalizada de culpar a los medios de los errores, tropiezos, torpezas o incomodidades del poder. De aquellos que ejercen el poder público desde cualquier trinchera, estatal, federal, legislativa o ejecutiva.
Pasa en México de forma muy reciente con la mal llamada reforma del derecho de las audiencias, bautizada así por “Torquemada Alcalde”, Luisa María, la consejera jurídica de la Presidencia.
La pulsión es hacia el control. La represión, la censura. Eliminar a las voces incómodas que observan y apuntan las múltiples contradicciones de los políticos.
En estos días en Washington, el presidente Trump ha lanzado una nueva ofensiva en contra de un medio, y como ha sucedido antes —también en México—, en contra de una comunicadora en particular.
Ahora se trata de Kristen Welker, del prestigioso programa político “Meet the Press” de la cadena NBC, quien en días recientes publicó una encuesta y una estadística acerca de los candidatos republicanos respaldados por Donald Trump en las primarias, proyectando un balance de quienes habían resultado ganadores y quienes no.
El resultado, inequívoco —es matemático—, ofrece números mixtos: en unos casos han ganado los apoyados por el presidente, pero en otros mayoritarios, les ha ido mal, han perdido.
La periodista comunica al público que no les ha ido tan bien a esos candidatos con el respaldo del presidente.
La reacción fue furibunda por parte del titular de la Casa Blanca.
Le pidió —en redes como acostumbra— a la Comisión Federal de Comunicaciones una sanción y una reprimenda contra la periodista.
Esto no es nuevo, ya hay antecedentes con el sonado caso de Jimmy Kimmel el año pasado, a quien ciertamente sancionaron.
Hoy Trump está presionando a la Comisión, un órgano autónomo que regula las comunicaciones en Estados Unidos en materia mediática, técnica y de competencia, para que ejerza sus facultades contra la cadena y la periodista.
¡Es inaudito! que en el país del “Watergate”, la investigación periodística que concluyó con la presidencia de Nixon en 1975, aparezcan hoy estas atroces intervenciones gubernamentales a la llamada Primera Enmienda constitucional de los Estados Unidos que garantiza y protege la libertad de expresión.
Hay muchos países con censura extendida en el mundo. Donde los medios sólo pueden publicar las versiones oficiales de los gobiernos y donde la investigación periodística para develar temas espinosos de interés social está francamente vetada, perseguida, acorralada.
China y su gobierno centralizado; Cuba y su dictadura pseudosocialista; sin duda Rusia y la brutal represión de Putin (ha encarcelado por años a críticos y opositores); Corea del Norte se suma honrosamente a la lista.
En América Latina se ha librado una eterna lucha contra gobiernos represores de derecha (Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay en décadas anteriores) hasta gobiernos censores y controladores de izquierda (Venezuela, Nicaragua, Ecuador en su momento, Bolivia con Evo, etcétera).
En esa lucha contra un régimen hegemónico unipartidista que duró décadas (PRI), aparece México. Este país ha realizado enormes esfuerzos y ha perdido no pocas vidas de colegas en coberturas políticas en años anteriores. Hoy, la lucha continúa en temas de seguridad y crimen organizado.
Los gobernadores en los estados siguen ejerciendo enorme poder para reprimir y censurar a medios y a dueños de medios con amenazas económicas, publicitarias o de persecución legal.
Un gobernador me confesó hace años el distorsionado efecto que eso provocó en muchos dueños de medios, que se convirtieron en extorsionadores del poder.
Pero hoy en Estados Unidos se exhibe el preocupante avance de la regresión democrática, de un presidente que se atreve a exigir, públicamente, el castigo, sanción y expulsión de un periodista, además de otra equivalente para la cadena o el medio.
Y que esa presión prospere es aún más preocupante, porque el efecto que provoca es la inhibición de contenidos, lo que se conoce como la autocensura. Ningún dueño quiere perder su medio por un periodista libertario que pretende exhibir la corrupción, la injusticia, la corrupción de los muchos negocios del poder.
Vea usted México y los juniors del bienestar que cada semana nos dan nuevas historias; o qué tal el señor Insunza diciendo que todo es una campaña mediática, y no una conducta presuntamente criminal no investigada.
Los medios siempre tenemos la culpa.