Y Trump se festejó su cumple. 80 años, no es para menos, considerando el egocentrismo característico del presidente.
Primero crearon el marco por el 250 aniversario de los Estados Unidos.
Segundo, que las celebraciones sean del perfil y del gusto del presidente.
Tercero, gran arena de lucha libre en los jardines de la Casa Blanca para celebrar sus 80 años, que en días pasados vinieron acompañados de una larga declaratoria de certificados médicos —más de 20 especialistas— que aseguran una salud, equilibrio, fuerza y capacidad de concentración excepcionales en el octogenario presidente.
Con ello cubren dos objetivos: encubrir las repetidas discusiones en torno a su cuestionada salud física —moretones, hinchazón, irritaciones en la piel— y a su muy dudosa y errática salud mental.
Hace unos días, en audiencia en el Senado, el secretario de Estado, Marco Rubio, tuvo que responder a cuestionamientos por parte de un senador demócrata acerca de los episodios en los que el presidente Trump aparece durmiéndose en sesiones de gabinete y de presentaciones en la Oficina Oval. Rubio negó que fueran reales.
Pero la preocupación existe, especialmente ahora que llega a los 80 años y empata a Joe Biden como presidente octogenario en funciones a lo largo de la historia.
Trump se hizo su fiesta, invitó a luchadores profesionales a realizar auténticas competencias, incluso por títulos y campeonatos.
Gabinete completo, familia entera y algunos seleccionados miembros del Congreso. Solo los amigos y, por supuesto, admiradores y simpatizantes del movimiento MAGA (Make America Great Again) que él mismo encabeza.
Velada resonante y espectacular para el niño octogenario de la fiesta, salvo que un luchador, se atrevió a insultar a la señora Michelle Obama a la hora de usar el micrófono.
Una auténtica vergüenza en un país que, alguna vez, tuvo la estatura política de respetar a sus opositores fuera y dentro de la arena política.
Trump simplemente sonrió y giró instrucciones para que la oficina de prensa de la Casa Blanca no emitiera comentario alguno de disculpa, de sanción al luchador vulgar y vil que aprovechó la palestra.
Nada es coincidencia, así que seguramente tenía la venia del presidente para decir una sandez de semejante tamaño.
Trump se convierte así en el presidente en funciones más viejo; es mayor que los tres expresidentes vivos (Bush, Clinton y Obama) a excepción de Biden.
Cuando Joe Biden cumplió 80 años en la Casa Blanca y aún en funciones, realizó un almuerzo privado y familiar, en vez de la fiesta para 4 mil personas que se organizó Trump.
Pero el regalo mayor, que era el acuerdo de paz con Irán y que él mismo presionó para que se firmara el pasado domingo 14 de junio —la misma fecha de su cumpleaños—, no alcanzó la formalización en documentos.
Solamente el anuncio: se alcanzó un acuerdo de paz con “la República Islámica de Irán”, según el mismo Trump dio a conocer en su red social.
Aunque los detalles se están conociendo gradualmente, todo indica que aún existen capítulos de dudosa confirmación, como la indemnización que Irán exige por las instalaciones bombardeadas y destruidas.
Un punto más es el retiro de todas las sanciones, además de la supervisión hacia el futuro en la no fabricación de armas nucleares.
Todos estos puntos se perciben débiles en un acuerdo que Trump promete, se firmará el próximo viernes.
Con esta noticia liberada y el consiguiente impacto favorable en bolsas y mercados, voló a Francia para un ríspido, tenso y complejo encuentro del G7 con sus pares de (Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Japón e Italia).
Le van a ensombrecer el cumpleaños, por dos razones centrales: los demás miembros se niegan a pagar o colaborar para la apertura del Estrecho de Ormuz, como Trump ha exigido; y porque volverá a insistir en la readmisión de Rusia, como ha hecho en las anteriores reuniones, que sus colegas de las economías más desarrolladas han rechazado sistemáticamente.
Putin fue el primero en felicitar a Trump en una larga llamada telefónica de una hora que, afirmó la Casa Blanca, conmovió al presidente.
Los temas ineludibles de Israel y sus continuos ataques a Líbano, Siria, Irán y Palestina, así como los fallidos intentos para una paz en Ucrania, serán puntos de difícil acuerdo entre Trump y los integrantes del G7.
Algo le darán para que no se quede dormido en alguna de las reuniones.