Quien crea que el proyecto de Tesla en Monterrey está cancelado se equivoca; quien lo dé por hecho, también.
Él no es como los demás, menos se parece a un empresario nacional.
De acuerdo con sus biógrafos, Elon Musk no se guía por los dólares, eso es la recompensa por algo más grande. Siempre advierte que el dinero es una base de datos; es un juego construido por la sociedad para dar recompensas en función de lo que aporte cada quien a los demás, claro, idealmente.
Hace cohetes espaciales con la finalidad de que el ser humano trascienda y no condene su especie a vivir solamente en un planeta por siempre. Su intención es que nuestros genes lleguen a Marte y de ahí se distribuyan por el espacio.
Pero Musk no es un marciano y su humanidad la muestra por la vía de algunas muestras de tacañería.
Aún persiguiendo esa ambición suprema, cuando probaba infructuosamente sus primeros cohetes cometió un error del que culpó a uno de sus ingenieros.
Eligió un material barato para los tornillos de una nave que casi alcanzó su meta de salir del planeta. Pero se rompió al final y cayó al mar.
Dice Walter Isaacson, su biógrafo más reciente, que cuando recuperaron las partes notaron que lo que se había roto fueron esas piezas baratas.
El equipo aprendió de ese y otros errores. Pero siguieron cuidando los costos.
Space X consiguió cohetes que no solo salen de la atmósfera, sino que escondiendo su capacidad de camión de carga espacial, regresan a la Tierra como una bailarina, para ser reutilizados.
¿Qué tiene que ver eso con Nuevo León?
Que con Tesla, Musk persigue el sueño de cambiar el parque vehicular del mundo, hacerlo eléctrico. Nuevo León aporta dos elementos fundamentales a la empresa automotriz que también posee Musk:
Reducción de costos y gente que se muere por trabajar ahí. Es un paquete dos en uno.
Texas tiene gente, pero trabajar adentro de una fábrica no es visto como lo más sexy en un estado cuya capital, Austin, se convirtió en un caldo de startups tecnológicas.
Contra esa ciudad compite Santa Catarina, municipio aledaño a Monterrey.
En el gobierno de Nuevo León saben que tienen algo que los texanos no tienen.
Pero entiendo la duda. ¿Por qué deben seguir interesados los de Tesla en el proyecto mexicano?
Sucede que Elon Musk enfrenta un buen problema en este momento, es un lío gordo.
Al cierre de septiembre, su empresa de coches eléctricos vendió mucho y es rentable, pero no llegó al nivel de ventas ni al de utilidades que esperaban otros accionistas y analistas financieros.
Pagar un coche hoy es más caro que el año pasado y el anterior. Los gobiernos así lo quieren. Para detener la inflación pospandémica y la provocada por la guerra subieron las tasas de sus bancos centrales. Sacar coches a crédito sale caro.
Pero paradójicamente, eso es tanto un obstáculo para que se construya la gigafactory en Nuevo León, como para incentivar su instalación.
Frena a Musk porque hoy no está seguro de que su producción se venda. Lo anima porque acá puede ahorrar dinero, ahora que no vende tanto como quiere.
Aquí expuse antes que Tesla paga cada vez menos a sus empleados.
La mediana de la compensación total anual en 2022 de todos los empleados calificados de la compañía fue de 34 mil 84 dólares anuales; dos años antes pagaba 46 mil 150 dólares, de acuerdo con informes entregados a las autoridades. México puede ayudar a seguir bajándolos.
¿Para qué? Para volver a aumentar los márgenes de ganancia.
El reporte trimestral que Tesla presentó ayer marcó una amarga tendencia. La utilidad neta es ya de 8 por ciento o de 8 centavos por cada dólar. Hace un año era superior al 15 por ciento.
No quiere tirar el proyecto porque México le representa una oportunidad de ahorrar. Recuerden el caso de los tornillos. Eso no es garantía de que llegue esa inversión. El presidente Andrés Manuel López Obrador no quiere detener permisos ni obras que al final podrían servir para nada. Tampoco el gobernador Samuel García, pues es quien más gana… o pierde.
La historia es un drama marca Elon Musk.