Ojos que sí ven

Como anillo al dedo

Donald Trump otorga al gobierno mexicano, “como anillo al dedo”, el enemigo perfecto para consolidar la narrativa de una defensa del pueblo y del territorio.

Hace cinco años, México y el mundo vivíamos la angustia de la llegada de una pandemia, de la cual no teníamos idea cómo enfrentar ni cómo iba a evolucionar, y fue en esos días, los primeros del mes de abril de 2020, cuando el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, minimizaba la enfermedad mundial calificándola como un a simple gripa, que no era necesario hacer nada mas que traer detentes y hacer oración para permanecer alejados de la infección por coronavirus, y qué decir del momento en el que el subsecretario de salud, Hugo López Gatell, en una de las muestras de mayor abyección que se recuerden espetó en una mañanera que: “el presidente es una fuerza moral y no una fuerza de contagio”.

Toda esta colección de momentos vergonzosos tuvo su clímax cuando López Obrador aseguró que la llegada de la pandemia de COVID 19 “le caía como anillo al dedo” al país porque con las previsibles afectaciones a la salud y muertes, que en ese entonces se estimaban como tragedia en 60 mil y terminaron siendo 800 mil, se tendría acceso a recursos económicos importantes para la construcción de sus obras emblemáticas: el tren, el aeropuerto y la refinería.

En la revisión de la historia resulta sorprendente que el ex presidente López Obrador se haya atrevido a verbalizar un concepto de esta magnitud, lo que demostró el grado de desconexión que el entonces presidente tenía de los ciudadanos mexicanos y de la realidad. A un lustro de distancia de aquellos momentos oscuros de la historia estamos ante otro “anillo al dedo” ante el activismo y el comportamiento discordante del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

En su muy particular forma de hacer las cosas y en el interés que tiene de limpiar a Estados Unidos del consumo de sustancias tan mortales como el fentanilo y con el objetivo de ir a sus elecciones intermedias con la suficiente fuerza para conservar su mayoría en el Congreso, ha apretado a México como a otros países en donde más duele, en las cargas impositivas en una de las fronteras comerciales más dinámicas que existen en el mundo.

La amenaza de imponer aranceles del 25 por ciento a todos los productos mexicanos pende como una espada de Damocles hasta en tanto no se elimine esta posibilidad de manera definitiva. Las prórrogas, mas no acuerdos, que ha otorgado Donald Trump al gobierno mexicano a manera de amenaza para cumplir con el combate en el envío de fentanilo por parte de los grupos del crimen organizado a los Estados Unidos, han generado gran incertidumbre en la opinión pública y en las inversiones del país que, sumado a las declaraciones de sus colaboradores de una posible intervención militar en México si nuestro gobierno no cumple con los compromisos de control del crimen organizado y la entrega de más capos de la droga mexicanos, nos colocan en un momento de confrontación de facto entre ambos países.

El momento otorga al gobierno mexicano, “como anillo al dedo”, el enemigo perfecto para consolidar la narrativa de una defensa del pueblo y del territorio. El “masiosare”, el extraño enemigo que profana con su planta nuestro suelo, es el pretexto perfecto para convocar a la defensa de la soberanía, de promover el trato de iguales entre naciones, la no sumisión y un largo etcétera.

Una vez que Donald Trump brindó unos minutos de llamada telefónica a Claudia Sheinbaum para ofrecerle una prórroga de poco menos de un mes, la declaratoria a plaza pública como la misma presidenta calificó a la convocatoria del próximo domingo 9 de marzo en el Zócalo de la Ciudad de México carece de sentido.

Pero como hemos visto a lo largo de estos años, las órdenes que da desde la clandestinidad López Obrador son de no dar marcha atrás a lo decidido y la concentración con su buena dosis de acarreados se producirá el domingo que entra con un interesante matiz, ya no será un plantón para reclamarle a Donald Trump, sino un festival popular de información en donde habrá música y baile para celebrar la posposición de la aplicación arancelaria por 25 días.

Que daño le hace a un país el populismo, pero a los mexicanos parece no importarles, al fin que habrá transporte redondo, desayuno gratis, un “billetito”, música y baile. Más de un asistente dirá: “qué bueno que existe Donald Trump, nos cayó como anillo al dedo”.

COLUMNAS ANTERIORES

El efecto Blanco
Viene una crisis

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.