México es un país en donde desgraciadamente los desastres naturales son parte de nuestra historia pasada, presente y futura. Si algo sabemos los mexicanos es que no estamos exentos de un próximo sismo de gran magnitud ni de un nuevo huracán que supere a Otis; es nuestra realidad y para eso debemos prepararnos.
Hablar de finanzas personales y protecciones futuras, es algo ahora difícil de procesar para quienes están viviendo esa tragedia, entendible para quienes las ven de lejos y les recomiendo tomar nota y estar preparados, o si van a donar hacerlo en instituciones que les permitan deducir y obtener una ventaja fiscal de ello y buscar la mejor protección para cada uno de ustedes de acuerdo a sus necesidades.
Pero creo en algo en lo que todos podemos estar de acuerdo, es que los pocos que cuentan con los planes de previsión y cobertura para desastres, cuando son utilizados los procesos siguen siendo no solo tediosos sino largos, lentos y muchas veces sin empatía alguna con los afectados, ahí tenemos el caso del sismo de 2017, a seis años muchos de los temas legales apenas se están resolviendo, aunque también hay que reconocer que hubo instituciones financieras que actuaron con prontitud, pero se debió más bien a quienes eran los directores por ejemplo del área hipotecaria, que conocían cómo poder ayudar de forma rápida utilizando los marcos legales que se tenían.
En el caso del huracán Otis, algunas instituciones, sin pensarlo por así decirlo, optaron porque los créditos originados en el puerto y zonas aledañas de inmediato entraran al plan de seis meses de prórroga de pagos, medida indispensable para darle liquidez a miles de acapulqueños que han tenido estos días que gastar mucho más de lo que quizás tenían planeado en sus presupuestos.
Recordemos que no hay productos básicos en el puerto, ya que fueron saqueados. Los primeros días controlaba el crimen la gasolina y los litros los vendían como oro, y trasladándose hacia la capital Chilpancingo que es el lugar ahora el centro de compras de los que tienen las posibilidades de moverse, el desgaste económico de miles de familias en estos momentos requiere el apoyo inmediato al menos para quienes tienen un crédito activo de sus instituciones financieras para tener liquidez y hacer frente a poder reparar sus casas. Hasta hoy, solo conozco dos casos de que los vidrios se salvaron de Otis.
Sé que habrá tiempo suficiente para juzgar la mala actuación de las autoridades en sus tres niveles de gobierno, desde el federal, el estatal y el municipal, y ya hablaremos de eso, pero hoy antes que dedicarles espacio por lo mal que lo han hecho, hay que reconocer el trabajo realizado por los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) quienes si bien no han cumplido el llevar el 100 por ciento de luz al puerto, no se les tiene que reclamar nada, ya que es una tarea simplemente imposible y es simplemente otra mentira de sus directivos; los trabajadores han mostrado una precisión, entrega y compromiso con el puerto de ir “levantando” la luz poco a poco, sabemos que falta tiempo para que se logre, pero a ellos, no hay acapulqueño que no le reconozcamos y aunque sea un refresco “al tiempo” como ayer les dieron ellos, se los agradecen; gracias a ellos y gracias a sus familias, el reconocimiento lo tienen, ojalá también lo tengan de su empresa.
Como bien escribió el jefe Enrique Quintana, hay que pensar en la reconstrucción de manera profunda, atacando al crimen organizado que ya había matado al puerto anticipadamente en muchos sentidos, y para eso se requiere un liderazgo claro, preciso y no como el que nos ha tocado hoy. Por lo pronto, la moneda está en el aire.