Coordenadas

Trump: ¿un aliado inesperado para México?

Comparado con el golpe que recibió China, nuestro principal competidor comercial con Estados Unidos, México podría tener una ventaja competitiva significativa, incluso en los sectores donde enfrentará impuestos.

Ni apocalipsis, ni catástrofe. Incluso podríamos decir que Donald Trump podría terminar jugando a favor de México.

Hace unos días le conté la anécdota del oso: no había que correr más rápido que él, bastaba con correr más rápido que los demás acompañantes. Parece que México hizo justo eso.

Hasta ahora, y mientras no haya sorpresas adicionales, México y Canadá quedaron fuera de los aranceles recíprocos anunciados ayer por Trump.

Todo indica que aquellos productos que cumplan con los protocolos del TMEC seguirán exentos, salvo algunas excepciones específicas. Por ejemplo, los automóviles exportados a Estados Unidos pagarán tarifas según el valor de las autopartes provenientes de EU.

El acero, el aluminio y las latas, cruciales para sectores como el cervecero, también enfrentarán cargos. Esto, inevitablemente, impactará algunas exportaciones mexicanas y nuestro crecimiento económico.

Es verdad: no saldremos ilesos de este giro en el comercio internacional.

Pero comparado con el golpe que recibió China, nuestro principal competidor comercial con Estados Unidos —un arancel de 34 por ciento—, México podría tener una ventaja competitiva significativa, incluso en los sectores donde enfrentará impuestos.

Aunque es temprano para afirmarlo categóricamente, existe la posibilidad de que esta reestructuración arancelaria global otorgue ventajas inesperadas a México en el mercado estadounidense.

Claro, siempre que Trump no retome la amenaza de imponer aranceles del 25 por ciento a México y Canadá, bajo pretexto del fentanilo o la migración.

Ayer, al anunciarse los aranceles recíprocos, buscamos inmediatamente la tasa que se pondría a México. La sorpresa fue que no hubo.

¿A qué se debió esta decisión del gobierno de Trump?

Principalmente a dos razones.

Primero, la influencia decisiva de empresas estadounidenses que dependen de productos mexicanos y canadienses logró convencer al círculo cercano de Trump de que castigar a sus socios del TMEC sería costoso tanto política como económicamente, pues afectaría directamente a las empresas norteamericanas y al conjunto de su economía.

Segundo, México y Canadá aplicaron estrategias negociadoras opuestas, pero igualmente efectivas. Canadá adoptó una postura agresiva, mientras México optó por la conciliación. El resultado fue el mismo éxito para ambos países, y esto debe reconocerse como un acierto diplomático de la presidenta Sheinbaum, independientemente del rol canadiense.

¿Y ahora, qué sigue?

Primero, adaptarnos rápidamente al nuevo orden comercial impuesto por Trump. Según un análisis detallado de Bloomberg, China, India y la Unión Europea serán los más afectados relativamente, lo que podría impulsar aún más la regionalización del comercio internacional.

En segundo lugar, más allá de simpatías personales hacia Trump, México debe aprovechar esta circunstancia favorable. Si es necesario desplazar productos chinos o japoneses del mercado estadounidense, México debe actuar sin titubear.

Finalmente, el TMEC debe revisarse con urgencia.

Sectores estratégicos como el automotriz, el acero y el aluminio necesitan claridad cuanto antes para reducir la incertidumbre económica. Mientras más pronto definamos reglas claras y estables, mejor.

En este mundo tan extraño que habitamos, quizá Donald Trump se convierta inesperadamente en uno de los mejores aliados comerciales para México.

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