Coordenadas

¿Cómo hacer frente a los aranceles de Trump?

El gobierno mexicano seguramente buscaría optimizar el impacto político en EU, para que pueda haber la mayor presión posible sobre Trump y el Congreso.

Hoy, en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, sede de anuncios y ceremonias relevantes para la historia, Donald Trump anunciará los llamados ‘aranceles recíprocos’ que va a aplicar al mundo.

Es su famoso ‘Día de la Liberación’, que ha anunciado… a ver si no se le vuelve el día del desastre, por la disrupción que provocará en el comercio global.

De acuerdo con lo que sabemos hasta ahora, solo revelará las tasas que va a aplicar a cada país, al menos a los más relevantes con los que Estados Unidos comercia.

Los aranceles sectoriales (con excepción de acero, aluminio y autos) se darán a conocer en el futuro.

Todo indica que lo que habrá no será un arancel único para el mundo, sino que tendrá diferencias en función de las tasas que cada país aplique a EU y de las barreras no arancelarias que existan.

Quizás naciones como India o China puedan ser de las más afectadas, pues son conocidas sus fuertes barreras de entrada.

Pero, hasta ahora, nadie conoce a ciencia cierta cuál es la metodología que utilizó para definir los llamados aranceles recíprocos.

La presidenta Sheinbaum ha dicho correctamente que en los productos que cumplen con las reglas del TMEC ni México ni EU imponen aranceles (salvo los casos específicos, como acero y aluminio que ya tienen arancel).

El tema específico para México es el IVA y las barreras no arancelarias.

En el caso del IVA, ya muchas veces se ha comentado la asimetría de reglas fiscales.

Mientras que en México hay un 16 por ciento de IVA, en Estados Unidos, no. Pero existen diversos “sales taxes”, diferentes en cada estado.

Veremos cómo aborda EU este hecho.

En cuanto a las barreras no arancelarias, hace un par de días la USTR presentó su informe anual al respecto.

De acuerdo con él, hay barreras en los siguientes ámbitos: reglas aduaneras; temas farmacéuticos y de dispositivos médicos; la prohibición del glifosato y la lentitud para considerar otras opciones de pesticidas; otros temas de biotecnología como el asunto de papas y algodón; debilidad en los procesos judiciales por violaciones en la propiedad intelectual; barreras en pagos electrónicos, seguros, telecomunicaciones, así como restricciones a la inversión en terrenos como la energía, la minería, transporte, entrega exprés y tierras agrícolas.

Vaya que no es poca cosa lo que los norteamericanos consideran barreras no arancelarias.

No se sabe cómo las vayan a abordar y si les pongan un valor a la hora de calcular los aranceles recíprocos.

Diversos países afectados ya han anunciado que impondrán represalias comerciales a productos norteamericanos, estableciendo aranceles también.

México ha optado por esperar al anuncio del día de hoy, y con lo dicho ayer por la presidenta Sheinbaum, todo indica que no habrá represalias.

El gobierno mexicano seguramente buscaría optimizar el impacto político en Estados Unidos, para que pueda haber la mayor presión posible sobre Trump y el Congreso, al mismo tiempo que se reduce el impacto sobre los precios y las cadenas de suministro en México.

Una ecuación complicada, pero que puede resolverse.

Si México no respondiera en absoluto, quedaría la imagen de que EU puede aplicar presiones y sanciones de manera libre.

México, de hecho, tiene más palancas para presionar a Estados Unidos que lo que tienen otros países, pero pareciera que hay la voluntad de no hacerlo.

Pero, eventualmente, podría haber respuestas menos amables. Pueden ir desde la presión de las empresas que compran y venden a nuestro país, hasta una actitud poco cooperativa en materia de seguridad.

El espectro de opciones es amplio.

Esperemos que EU no obligue al país a echar mano de todos esos recursos.

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