Lime, proveedor global de vehículos eléctricos compartidos, anunció su regreso oficial a la Ciudad de México al integrarse a un programa piloto de 60 días regulado por la Secretaría de Movilidad (SEMOVI). La firma desplegó cerca de mil unidades desde el 10 de junio, un lanzamiento estratégico que coincide con el inicio del evento deportivo más grande del mundo en la capital. La empresa, que operó por última vez en la CDMX en 2019, busca demostrar la madurez tecnológica y operativa adquirida tras siete años de experiencia en cientos de urbes globales.
Para garantizar el orden y la seguridad, Johann Schmidt, director regional de Relaciones Gubernamentales de Lime, detalló que se implementarán equipos de patrullaje a pie para gestionar el orden vial, zonas de estacionamiento exclusivas cerca de puntos de alta afluencia y servicios de valet parking coordinados con la SEMOVI. Además, a partir del 15 de junio se realizarán activaciones periódicas para regalar cascos y promover el correcto estacionamiento.
Como incentivo para los usuarios durante este periodo de alta demanda, Lime lanzará el “Fan Pass”, un paquete de 99.99 pesos mexicanos que ofrece hasta 90 minutos de viaje flexible durante cinco días, lo que equivale a un descuento superior al 60 por ciento frente a la tarifa estándar. Finalmente, gracias a una alianza global, los monopatines de Lime estarán disponibles y podrán reservarse directamente desde la aplicación de Uber, facilitando soluciones de micromovilidad interconectada en la metrópoli.
Factura de la incertidumbre
Mientras buena parte de la conversación económica sigue centrada en el potencial del nearshoring, hay una cifra que comienza a llamar la atención entre inversionistas y organismos empresariales. De acuerdo con un análisis de Oxford Economics para la ICC, la incertidumbre provocó que México dejara de recibir o pospusiera alrededor de 17 mil 400 millones de dólares en inversión durante 2025. Lo preocupante es que, si las condiciones actuales persisten, el monto podría ascender a otros 30 mil 200 millones de dólares durante 2026.
En conjunto, hablamos de casi 48 mil millones de dólares en inversiones frenadas o diferidas, una cantidad superior a toda la IED que recibió el país el año pasado. La cifra resulta especialmente relevante porque llega en un momento donde México sigue siendo uno de los principales beneficiarios potenciales de la relocalización de cadenas productivas y mantiene una posición privilegiada dentro de Norteamérica.
Parte de la explicación está fuera del país. La revisión del T-MEC, la política comercial estadounidense y el entorno geopolítico global elevaron los niveles de cautela. Sin embargo, otra parte responde a factores internos que los inversionistas observan con atención: seguridad, estabilidad regulatoria, cumplimiento de contratos y fortaleza institucional. No es casual que la encuesta más reciente de especialistas del Banco de México refleje que ninguno considera que este sea un buen momento para invertir y que más de la mitad lo califique como un mal momento.
Es ahí donde instituciones como la SCJN, encabezada por Hugo Aguilar Ortiz, adquieren una dimensión que va más allá del ámbito jurídico. Para los inversionistas, la certeza sobre el cumplimiento de contratos, la protección de derechos y la resolución de controversias forma parte de la ecuación económica. México mantiene ventajas difíciles de replicar en la región: ubicación geográfica, capacidad manufacturera y acceso preferencial al mercado estadounidense. El reto es que el capital no sólo llega por esas ventajas; permanece cuando existe confianza en las instituciones encargadas de garantizar el Estado de derecho. Y hoy, esa confianza tiene un valor que puede medirse en miles de millones de dólares.
Space X hace historia
SpaceX hizo historia al concretar la mayor oferta pública inicial (OPI) de todos los tiempos tras recaudar 75 mil millones de dólares. La firma de cohetes, satélites e inteligencia artificial vendió 555.6 millones de acciones a 135 dólares cada una, superando por más del doble el récord previo de Saudi Aramco en 2019.
Con esta colocación, la compañía fundada por Elon Musk alcanza una capitalización de mercado de 1.77 billones de dólares y debutará formalmente este viernes en el Nasdaq.
La base de seguidores minoristas de Musk fue clave en la operación al presentar órdenes por más de 100 mil millones de dólares, superando ampliamente el tramo reservado para ellos.
Aunque analistas escépticos advierten que la valoración se basa en expectativas futuras y no en fundamentos actuales de rentabilidad, la fuerte demanda anticipa una sólida base de compradores.
El desempeño bursátil de SpaceX será observado de cerca por Wall Street, ya que funciona como antesala para las esperadas salidas a bolsa de OpenAI y Anthropic.