Esta semana se han iniciado las celebraciones por los cien años de la fundación de Banco de México, de lo cual el país entero se ha congratulado de poder contar con una institución tan sólida, que ha contribuido en forma clave para lograr la estabilidad de precios en nuestro país, sin embargo, poco se ha mencionado de los retos que enfrenta esta gran institución hacia el futuro. Una pregunta clave es si debe mantenerse sólo este objetivo o si debiera transformarse para tener un mandato dual en el cual se garantizará la estabilidad de precios combinado con la tarea de impulsar el crecimiento. Esto plantea un dilema que para muchos es un problema que debe omitirse y dejar que la Banca Central se ocupe fundamentalmente de la estabilidad. Esta postura deja sin resolver el reto que enfrenta el país para impulsar un mayor desarrollo financiero para apoyar el crecimiento económico. Exploremos que es lo que podría acontecer con un mandato dual del Banco de México (Banxico) —que además de la estabilidad de precios incorporará explícitamente el crecimiento económico y el empleo como objetivo. Esta propuesta podría fortalecer el desarrollo financiero del país de varias formas.
En primer lugar se tendría una estabilidad macroeconómica con visión más amplia, ya que se pasaría del control de la inflación al desarrollo financiero integral, ya que actualmente Banxico solo está obligado constitucionalmente a “procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda”. Un mandato dual permitiría balancear ese objetivo con políticas que favorezcan la profundización financiera, el crédito productivo y el financiamiento de largo plazo. Asimimo esto conllevaría a una reducción de volatilidad cíclica, al considerar el empleo y la actividad productiva, Banxico podría modular mejor sus decisiones de tasas de interés, evitando recesiones innecesarias y favoreciendo una trayectoria más estable de inversión.
Esta transformación conllevaría de igual forma al fortalecimiento del sistema financiero, ya que daría por consecuencia un impulso al crédito productivo, ya que un mandato dual daría margen para que Banxico oriente regulaciones y programas que promuevan mayor acceso a crédito de PYMEs, infraestructura y proyectos regionales estratégicos. Asimismo esta atribución de Banxico conllevaría a una mayor inclusión financiera: al tener como meta explícita la actividad económica, podría apoyar más directamente la expansión de sistemas de pagos digitales, corresponsales bancarios y plataformas fintech que reduzcan la exclusión financiera (hoy más del 40% de adultos no accede a servicios financieros formales). Con este mandato dual se tendría una coordinación con la banca de desarrollo y podría establecer esquemas contracíclicos en conjunto con NAFIN, Bancomext y FIRA para proveer liquidez en épocas de crisis, pero también para impulsar sectores estratégicos (industria verde, digitalización, transición energética como lo anunciado ayer por la Secretaría de Energía de crear plantas fotovoltaicas con una nueva tecnología que permiten almacenar energía térmica en sales fundidas y seguir generando electricidad incluso durante la noche).
El mandato dual tendría efectos positivos en el desarrollo del país, tal como sucede en otras economías del mundo, esta política de estabilidad mas crecimiento se ha ado en países como EE. UU. (con la Fed) en donde se muestra que un mandato dual no significa abandonar el control de la inflación, sino equilibrarlo con crecimiento y empleo. Asimismo este mandato podría dar una mayor resiliencia regional, ya que Banxico podría apoyar esquemas diferenciados de crédito que atendieran rezagos en el sur del país, impulsando un desarrollo más equilibrado. En esta misma perspectiva, el mandato dual permitiría la profundización del mercado de capitales: con objetivos de desarrollo explícitos, ya que se facilitaría la creación de instrumentos financieros para proyectos de largo plazo (bonos verdes, infraestructura digital, financiamiento regional).
Para evitar riesgos en un mandato dual debería estar acompañado de claros mecanismos de rendición de cuentas para que la política monetaria no se utilice con fines políticos de corto plazo. Es esencial que en este proceso se garantizara la autonomía del banco central pero ampliando su responsabilidad a un desarrollo financiero más inclusivo, sostenible y de largo plazo. Un mandato dual podría transformar a Banxico de un “guardián de la inflación” a un “motor de estabilidad y desarrollo financiero”, siempre que se mantenga su autonomía y se combine con una política fiscal e industrial coherente. Es una tarea de transformación que requiere un amplio consenso para garantizar que el mandato dual, se convierta en un mecanismo que impulse a la economía mexicana en una nueva trayectoria de crecimiento.