Economía Política

Vida y muerte del árbitro electoral independiente

‘El árbitro autónomo no murió por causas naturales. Fue un crimen anunciado y ejecutado a la luz del día’, escribe Ciro Murayama en su columna.

Hace treinta años, el 31 de octubre de 1996, se instaló el primer Consejo General autónomo del entonces Instituto Federal Electoral (IFE), hoy INE.

Empezó así una etapa de florecimiento institucional y avance democrático de la que sólo quedan cenizas. Veamos la historia en cinco cápsulas.

Primera: los antecedentes. Para salir de la crisis política de 1988, cuando el gobierno controlaba las elecciones, se inició la edificación de un árbitro profesional permanente, cuya primera tarea fue construir desde cero un padrón confiable.

En 1994, la violencia política ensombreció al país. Fue necesario que gobierno y las oposiciones acordaran una reforma para inyectar certeza a los comicios: se crea la figura de consejeros ciudadanos nombrados por consenso —pero la contienda es asimétrica—.

Para 1996 se acuerdan reglas constitucionales para la equidad en la competencia, dar autonomía al IFE y crear un tribunal electoral adscrito al Poder Judicial para resolver las controversias.

El gobierno queda fuera de toda función electoral.

Segunda: atributos. El consejo general del IFE es nombrado por consenso de todos los partidos.

Lo integran personas con trayectorias respetables, dignas de la confianza de fuerzas políticas opuestas.

La nueva institución trabaja siempre de forma colegiada, no hay decisiones unipersonales. Además, se consolida un sólido sistema profesional de carrera.

Tercera: logros. En la primera elección organizada por el IFE autónomo, en 1997, el PRI pierde el control de la Cámara de Diputados y la izquierda gana su primera entidad, el Distrito Federal, con Cárdenas.

En el 2000 ocurre la primera alternancia en la presidencia en setenta años y ningún partido controla el Congreso. Hay división de poderes. México confirma que es una democracia.

El IFE ejerce su autonomía y sanciona las tramas de financiamiento ilegal de Pemexgate y Amigos de Fox.

El sistema electoral de México es referente internacional. El IFE es invitado a colaborar en elecciones en Sudáfrica tras el apartheid, en Perú tras Fujimori, en Irak tras Hussein.

Años después, el INE autónomo es designado el único órgano de consulta técnica electoral de la Comisión de Venecia, adscrita a la Comisión Europea.

En 2014, el IFE se transforma en INE, al que se le dan más facultades. México sigue teniendo comicios genuinos.

Cuarta: el ataque. A partir de 2018, el gobierno de López Obrador decide minar la autonomía del INE. En 2006 había inventado un fraude en su contra que dos décadas después no logra probar.

(Paréntesis: el ingeniero Cárdenas denunció fraude en la elección amañada de 1988, y como demócrata acató el veredicto adverso de las urnas en 1994 y 2000.)

Hasta abril de 2023, el INE cuenta con una mayoría de consejeros que defiende la autonomía. Un Congreso sin mayoría calificada y una Suprema Corte independiente detienen los embates al árbitro autónomo.

En el IFE y el INE autónomos, por convicción ética y por necesidad política, era obligado el escrupuloso manejo de los recursos públicos. Sólo así era posible ejercer la autonomía y atreverse a ser incómodo frente al gobierno y los poderosos partidos políticos.

Sin pulcritud administrativa no se habría podido enfrentar la ira de López Obrador y Morena, por ejemplo.

Quinta: la consumación del crimen. Se ha documentado con nitidez cómo en 2023 Morena impuso a incondicionales en el INE, que en 2024 le regalaron la sobrerrepresentación.

Después se aniquiló la vida colegiada y se dio carta ancha a la presidencia del INE para nombrar funcionarios y tomar decisiones administrativas opacas.

El árbitro autónomo no murió por causas naturales. Fue un crimen anunciado y ejecutado a la luz del día.

Colofón: el árbitro independiente fue una construcción colectiva en la cual participaron gobiernos de distinto signo, partidos, organizaciones sociales, académicos. En suma, fue un logro plural de la sociedad mexicana.

En cambio, la destrucción del INE autónomo fue unilateral, perpetrada por los operadores del gobierno anterior y el actual.

El ejercicio del poder desde el autoritarismo y el sectarismo dilapidaron la valiosa construcción de un sistema electoral confiable en México.

Y ese mismo poder es el que pretende dictar la salida al penoso espectáculo que han fraguado, de nuevo excluyendo a las oposiciones, a la academia, a la sociedad civil.

Es al revés: sólo una operación democrática puede empezar a restaurar la democracia.

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