SpaceX, la empresa fundada por Elon Musk, acaba de dar el paso definitivo hacia la bolsa. El 20 de mayo pasado, la compañía presentó formalmente su prospecto ante la Comisión de Valores de Estados Unidos, dando inicio a la que se perfila como la mayor salida a bolsa de la historia.
SpaceX busca recaudar hasta 75 mil millones de dólares y alcanzar una valuación de aproximadamente 1.75 billones de dólares (trillion en inglés). Sus acciones cotizarán en el Nasdaq a partir del 12 de junio.
De concretarse, esta oferta pública de acciones superaría con creces el récord de Saudi Aramco en 2020 y posicionaría a la empresa entre las 10 más valiosas del planeta.
A lo largo de la historia ha habido grandes ofertas públicas: desde Saudi Aramco, Alibaba y SoftBank, hasta tecnológicas como Meta, Uber y Rivian, que lograron recaudar sumas enormes de capital y alcanzar valuaciones récord.
Sin embargo, ninguna se acerca a las dimensiones de SpaceX y esto trasciende lo meramente financiero: se trata de una empresa sin precedentes, tanto por su innovación tecnológica como por su impacto en la humanidad. Para esta compañía, el límite claramente no es el cielo.
SpaceX revolucionó el acceso al espacio. Cuando el viaje espacial se concebía como una actividad exclusiva de las grandes potencias —Rusia y Estados Unidos—, que invertían cantidades estratosféricas con resultados limitados, la empresa de Musk transformó el sector en una industria comercialmente viable.
Gracias a la reutilización de cohetes se han logrado reducir los costos de lanzamiento en aproximadamente 65%, lo que ha permitido que sus vehículos espaciales despeguen más de 500 veces. Ningún gobierno o empresa se acerca a esto.
Aunque este avance en la exploración espacial es por sí solo de relevancia histórica —y ha generado planes para colonizar la Luna, Marte o establecer centros de datos en órbita—, el activo más valioso de SpaceX actualmente reside en otro pilar: Starlink.
Este servicio de internet satelital ofrece banda ancha en prácticamente cualquier punto del planeta, desde una granja en el centro de Estados Unidos hasta el desierto del Sahara o la selva amazónica.
Los números del prospecto son contundentes: Starlink generó 11 mil 400 millones de dólares en ingresos en 2025 —casi el 70% del total de la compañía— y 4 mil 400 millones en utilidad operativa, con 10.3 millones de suscriptores en 164 países y más de 9 mil 600 satélites desplegados. Las posibilidades con esta constelación no tienen comparación.
A principios de 2026, SpaceX completó la fusión con xAI, la empresa de inteligencia artificial también fundada por Musk, consolidando bajo un mismo techo cohetes, satélites y modelos de lenguaje.
El prospecto revela que el segmento de IA generó 3 mil 200 millones en ingresos en 2025, pero también pérdidas operativas de 6 mil 400 millones.
Los gastos de capital en infraestructura de IA fueron de más de 12 mil millones, reflejando la apuesta monumental de Musk por construir COLOSSUS, descrito como el clúster de entrenamiento de IA más grande del mundo, al que incluso Anthropic ha contratado capacidad de cómputo por mil 250 millones de dólares mensuales.
SpaceX enfrenta retos importantes de cara al futuro, y el propio prospecto los detalla con inusual franqueza. Uno de ellos es la dependencia de contratos gubernamentales —aproximadamente una quinta parte de los ingresos de 2025 provino de agencias federales de Estados Unidos—, lo que expone a la empresa a ciclos presupuestales y vaivenes políticos.
Asimismo, los ambiciosos planes de desarrollo de naves más grandes y potentes, como el Starship —diseñado para llevar al ser humano a Marte—, aún están por materializarse.
El verdadero desafío estructural podría ser la gobernanza: Musk conservará el poder de voto mediante una estructura de acciones de doble clase y se le exime de ciertos requisitos de independencia del consejo.
Existe además un reto regulatorio interesante: dado que el alcance de SpaceX trasciende las jurisdicciones tradicionales —con litigios activos de propiedad intelectual, investigaciones de protección de datos en Europa y escrutinio antimonopolio—, surge la pregunta de qué autoridades serían competentes para supervisar sus actividades en sus distintas vertientes.
Por ahora, el futuro de SpaceX luce sumamente prometedor, al grado de que podría transformar a la humanidad de manera permanente si logra solo una parte de lo que se propone.