Anderson Report

No imites a un vecino que se da un tiro en el pie

Si Estados Unidos cumple la amenaza de imponer aranceles, lo mejor para México sería no responder con la misma moneda. ¿Y si somos una Unión Aduanera?

“Aumentar aranceles no reduce los déficits comerciales. Responder con los mismos aranceles a una imposición de Estados Unidos solo afectará a nuestras exportaciones. No se trata de revancha, se trata de economía”.

Así de contundente y clara fue la definición que me dio Jaime Serra Puche sobre estos alborotados e inciertos días previos al 2 de abril, deadline para la puesta en marcha (o no) de las tarifas a las importaciones mexicanas.

El ex negociador del TLCAN, no sólo fue el arquitecto del que fue el primer tratado de libre comercio del mundo, sino que es uno de los expertos en comercio internacional más socorridos por gobiernos tanto en Europa como en África en materia de libre comercio.

Desde febrero de 1990, cuando se reunió con su par estadounidense, Carla Hills, en Davos (la semilla de lo que terminaría siendo una realidad a partir de 1994) no ha dejado de seguir el desarrollo, el crecimiento, los avatares, los aciertos y los ajustes de este bloque económico tan poderoso como vanguardista.

En 35 años de comercio trilateral en Norteamérica se creó un ‘tejido conectivo que amalgama las economías de los socios comerciales’, reza un paper que han escrito hace pocas semanas justamente Serra Puche y Pedro Noyola, su subsecretario de asuntos internacionales cuando ambos estaban en la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi), hoy Secretaría de Economía. El documento se llama “Hacia un arancel común en América del Norte” y es un análisis de una propuesta, un Plan C (para seguir con el orden de ideas que ya se han presentado en Washington) para preservar la estructura del TLC y darle un nuevo impulso.

La premisa de este documento -que ya se publicó en la revista Nexos- es aprovechar la profundidad que ha generado la región, las poderosas cadenas productivas, la dinámica económica y hasta la manera en la que se han alineado las indicadores macro de México, Estados Unidos y Canadá (inflación, tasas de interés y hasta tipo de cambio), son (o eran) un ejemplo para muchas otras economías que fueron abandonando el modelo de la globalización por el de la regionalización. Hoy las dinámicas de exportaciones e importaciones intrarregionales son tan poderosas que, en vez de levantar muros arancelarios invocando el déficit que vive hoy EU, ambos proponen una tercera vía: compactar más aún el tratado, manteniendo sin aranceles a las tres economías, pero unificando los aranceles que los tres países imponen a economías ‘no T-MEC’. “Proponemos que América del Norte adopte un arancel común como ancla de la evolución natural de la zona de libre comercio a una unión aduanera”, agrega el documento de ambos exfuncionarios. Serra Puche y Noyola analizan las ventajas y también los retos que impondría la transición de una zona de libre comercio a una unión aduanera, anclada en un arancel común desde Alaska hasta Chiapas. Las aceitadas cadenas productivas entre los tres países (que no se vieron afectadas ni con la pandemia del coronavirus) tienen una dinámica económica tan poderosa que han sabido resistir cambios de gobierno en los tres socios y resistir movimientos geopolíticos radicales.

Pero, así como hace 35 años, el TLCAN fue un impulso basado en la economía (para atraer inversiones y aumentar las exportaciones), hoy el impulso de romper esos contratos y reglas se basan en política.

¿Estarán los tres socios del T-MEC con la capacidad de ver el bosque (como resistir juntos la competencia china) y convertirse en una zona mucho más compacta y competitiva como proponen Pedro Noyola y Jaime Serra Puche?

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