Pero qué necesidad tiene la presidenta de México de defender a Gerardo Fernández Noroña, como decía El Divo de Juárez, cuando grandes sectores de la sociedad lo rechazan, al igual que a otros personajes que perjudican a la 4T, como Adán Augusto López.
Con tal de no darle motivos a la oposición de atacar al oficialismo, desde las mañaneras, Sheinbaum se protege y encubre a ciertos innombrables como el mismo Fernández Noroña, al igual que, incluso a gobernadores como el de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien ostenta esa posición gracias al apoyo del Cártel de Sinaloa.
El zafarrancho que ocurrió en la última sesión de la Permanente entre Noroña y Alito dibuja de cuerpo entero a un troglodita de la política y no me refiero a Alejandro Moreno, que también se pinta solo en eso de los escándalos, sino al que, por fortuna, ha dejado la presidencia del Senado y ello de suyo es un respiro para la política y para la convivencia pacífica que debe prevalecer en la clase gobernante y sus opositores.
El desencuentro entre ambos senadores fue solo la gota que derramó el vaso por la intransigencia de Noroña al impedir que miembros de la oposición tomaran la palabra, luego que los senadores del oficialismo se fueran contra Lilly Téllez, quien un día y otro también es receptora de la violencia política de género a manos de Gerardo Fernández Noroña y de todos los “narcochairos”, como les dice ella.
El paso de Fernández Noroña por la presidencia de la Cámara alta fue una fórmula perdedora para la presidenta Claudia Sheinbaum, toda vez que, lejos de aportar para la causa de la 4T, sacó a relucir todas las bajezas de un ser humano ruin, mentiroso y perverso.
Si ya traía consigo diversas consignas en su contra, ahora habría que agregar la de corrupto por el patrimonio mal habido que forjó en los últimos meses y cuyo epítome es una mansión en Tepoztlán, Morelos, que costó 12 millones de pesos y que fue comprada, a decir del troglodita, a crédito; empero no mostró ninguna prueba que lo demostrara.
El caso no es menor si consideramos que a escasos meses de ser senador adquirió el inmueble, cuando su sueldo y sus “extras como youtuber” no le alcanzan para fondear el nivel de vida que tiene y presume, y menos para hacerse de una propiedad con esas características.
Hasta hace unos años se jactaba de no poseer casa propia y ahora ostenta una residencia que, para el grueso de la población, sería imposible obtener.
El pueblo bueno y sabio no tiene posibilidades en esta vida ni en varias más de acceder a los privilegios que ostenta la casta privilegiada de la 4T.
Hay que decirlo con todas sus letras: la irrupción de la nueva clase gobernante ha demeritado el trabajo parlamentario. En general, ha desacreditado aún más a la política con todo tipo de exabruptos que instituyó desde las mañaneras Andrés Manuel López Obrador. Ahora le sigue los pasos su sucesora.
Cuando se requiere un estadista al frente del gobierno, ocurre que tenemos justamente lo contrario.
En momentos que se requiere privilegiar la unidad nacional ante los embates del presidente de EU, Donald Trump, desde Palacio Nacional se dinamita esta con descalificaciones incluso personales que contrastan con los llamados de cierre de filas contra los “enemigos del extranjero”.
Son tantos los problemas que heredó el tabasqueño a la doctora y, en lugar de abocarse al tope de las capacidades para resolverlos, se pierde buena parte del tiempo en la defensa de impresentables como Noroña o de ciertos personajes del oficialismo que no los protege ni su jefecita.
No me quiero imaginar cuando en el futuro se concrete la persecución por parte de Estados Unidos con la extracción de narcoterroristas mexicanos y sus cómplices incrustados en el gobierno. Tal vez por eso, como primer paso de su defensa, se repite hasta el cansancio la frase de que si hay pruebas, que las presenten ante la Fiscalía General de la República (FGR).
Se ha ido un troglodita de los puestos de dirección del Senado y llega Laura Itztel Castillo, que, contrastada con Fernández Noroña, es un personaje reconocido por su trayectoria y, por supuesto, por la de su padre, el ingeniero Heberto Castillo.
Alienta que una mujer ocupe la presidencia del Senado y más alguien como Itzel, quien convive políticamente con representantes de la oposición y ello, en estos tiempos, ya es ganancia.
En cualquier proyecto político, su fortaleza va en proporción directa a la de sus integrantes y, en el caso de Noroña, ha debilitado al grupo en el poder y le pega en la línea de flotación a su permanencia en el futuro.