Las Encuestas

La Odisea y la opinión pública

Los rumores, como rasgos de la opinión pública, se abordan en la película, como es el caso de los pueblos del mar que acechan a las civilizaciones: noticias y noticias falsas que circulan de un lado a otro.

Las reseñas sobre la película de Christopher Nolan abundan, y por ello, abordar el tema en este espacio implica darle un toque de opinión pública. Permítame mencionar algunos aspectos, no tanto sobre el filme como objeto de las opiniones hoy día, sino de la naturaleza de la opinión pública que se entreve en la obra de Homero.

“Opinión pública” es un término que, según algunos académicos, comenzó a utilizarse en la Ilustración, por ahí del siglo XVIII, pero la idea que conlleva de sentimiento popular y discusión pública es mucho más antigua. Vox populi quizás sea lo más cercano en la antigua Roma.

De acuerdo con la politóloga Susan Herbst, en las ciudades-Estado griegas de la antigüedad, la opinión pública era un componente importante en la esfera política, tomando diversas formas a través del teatro, la retórica, la oratoria, los festivales, los jurados, las asambleas, los consejos y otros mecanismos de expresión y discusión.

Para Herbst, la opinión pública tomaba una forma de comunidad, de normas y valores compartidos que se transmitían y se compartían, con frecuencia a través de cantos y poemas.

La Ilíada y La Odisea eran cantos que transmitían valores y normas de honor, de valentía, entre otros. El sentir popular, la reputación, el qué dirán, también juegan un papel en las acciones y las decisiones de los personajes.

En La Ilíada, Aquiles decide pelear en una guerra por fama y gloria, a cambio de morir joven. En el libro de la evocación de los muertos en La Odisea, la postura de Aquiles cambia. En una escena que Nolan omite de la película, el héroe le confiesa a Ulises que preferiría ser labrador y servir a otro en vida, a reinar sobre todos los muertos.

Los bardos y los poetas que cantaban las historias, Homero entre ellos, jugaban un papel esencial en su difusión. En La Odisea, Ulises llora al escuchar los cantos sobre las proezas y las tragedias vividas en Troya. También a través de los cantos, su hijo Telémaco se entera de esas historias.

Los rumores, como rasgos de la opinión pública, se abordan en la película, como es el caso de los pueblos del mar que acechan a las civilizaciones: noticias y noticias falsas que circulan de un lado a otro.

La prudencia ante la opinión pública, ante el potencial daño reputacional, lo ejemplifica muy bien la princesa Nausíca, hija del rey Alcíno y la reina Arete, todos ellos personajes omitidos en la película de Nolan.

Cuando Ulises llega a tierra de los feacios, Nausíca lo ayuda, pero le pide que venga a la ciudad a ver a su padre él solo, sin llegar con ella, para evitar que la gente hable mal.

“Quiero evitar sus amargos dichos, no sea que alguien me censure después”, le dice Nausíca a Ulises en la traducción de Luis Segalá y Estalella, edición Gredos. “¿Quién es ese forastero tan alto y tan hermoso que sigue a Nausíca?”, continúa, “Así dirán y tendré qué sufrir tamaños ultrajes”.

Como princesa, Nausíca era un personaje público, y ese tipo de chismes podrían elevarse a escándalo. Con Anna Karenina, Dostoyevski deja al personaje ser asfixiado por la opinión pública.

En la película de Nolan, Ulises cuenta sus aventuras en andrajos y sin audiencia, excepto Calipso, que lo escucha atenta. En el texto, lo hace ante a los feacios, en la corte de Alcíno. Para ese propósito, la diosa Atenea lo embellece. “Atenea, hija de Zeus, hizo que apareciese más alto y más grueso”, dice el texto, “y difundió la gracia por la cabeza y los hombros de Ulises”.

Ese episodio sugiere que hablar en público e impactar a la opinión pública requería de una imagen y una belleza peculiares, casi como el arreglo de un candidato para un debate televisado en nuestros días.

Para la ocasión, Atenea construyó no la imagen del guerrero, sino de un orador atractivo para contar sus historias ante la opinión pública, no en privado ni en andrajos, como en la película de Nolan.

La imagen, la reputación, son tan solo aspectos de esos poemas clásicos. La persuasión y la deliberación también. Los líderes congregan asambleas; Ulises escucha a sus hombres y a veces actúa en contra de su propio juicio. Las opiniones de otros pesan.

Claro, los caprichos y decisiones de los dioses también, pero Nolan los omite, dando apenas una mínima presencia a Atenea con la actuación de Zendaya.

El hubris de Ulises, eclipsado en el filme de Nolan por los traumas y la culpa de guerra, también parece apelar a un tema de opinión pública: Ante la oportunidad de escapar discreta y anónimamente, decide gritar: “Cíclope, si alguno de los mortales hombres te pregunta la causa de tu ceguera, diles que fue Ulises de Ítaca”.

¿Podría decirse que el origen de los males en el regreso de Ulises a su hogar fue esa consideración a la opinión pública, a la fama y a la popularidad?

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