Repensar

¡Peligro mortal!

La Consumer Product Safety Commission (CPSC) tiene autoridad sobre 15 mil tipos de productos.

Los lectores de mayor edad seguramente recuerdan cuando aparecieron los carritos de supermercado en los que se podía sentar a un niño pequeño. Pero quizá no advirtieron en qué momento dejaron de ver cunas en las que se abatían las rejillas laterales.

El carrito se modificó porque al empujarlo y al mismo tiempo buscar un producto en los anaqueles, el adulto golpeaba en la cabeza o atropellaba involuntariamente al niño que llevaba de la mano.

El diseño de las cunas se alteró debido a que era muy frecuente que los bebés cayeran al suelo cuando se recargaban en las rejillas laterales o soltaban el cerrojo.

Más recientemente hemos visto transformarse los juegos infantiles en los parques. Ya no tienen un duro piso de cemento, sino uno más flexible hecho con llantas recicladas. Así las caídas son menos graves. Los columpios y resbaladillas ahora son de plástico y no de metal, porque con el sol intenso se calentaban mucho.

Esos cambios fueron promovidos por la Consumer Product Safety Commission (CPSC), un organismo autónomo del gobierno de Estados Unidos, creado en la administración de Richard Nixon, que en estos días cumple 50 años de haber empezado a funcionar.

La comisión tiene autoridad sobre 15 mil tipos de productos. No cubre alimentos o medicamentos, responsabilidad de la Administración de Alimentos y Drogas (FDA), ni automóviles, a cargo de la Administración Nacional de Seguridad en Carreteras (NHTSA). Tampoco armas, cuya supervisión recae en la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), aunque sí vigila la pirotecnia de consumo.

Es pequeño. Cinco comisionados (nominados por el presidente y confirmados por el Senado) dirigen a 500 empleados y administran un presupuesto de 127 millones de dólares (año fiscal 2019).

Buenos resultados

Al principio enfrentaron mucha oposición de la industria. Alegaba que cuando alguien se quejaba de que un producto lo había dañado, ellos lo modificaban sin chistar para conservar su prestigio y evitar un problema legal.

No siempre pasaba eso. En los 70, docenas de niños murieron porque se metieron a un refrigerador y no pudieron salir. Fue hasta que intervino la CPSC que se hizo obligatorio que los frigoríficos se abran fácilmente desde adentro. Algo similar pasó con las puertas automáticas de las cocheras, que ya a casi nadie perjudican.

Si bien la comisión ha promovido importantes leyes y hace campañas educativas, su trabajo más fructífero es ponerse de acuerdo con las empresas para que, después de identificar riesgos y hacer pruebas científicas rigurosas, se adopten estándares voluntarios para abatirlos.

El mejor ejemplo de ello son los fabricantes de aparatos eléctricos. Si usted ve las letras UL (United Laboratories) dentro de un círculo en la etiqueta de una televisión, una licuadora o un ventilador, tiene certeza de que ese producto ha sido probado en alguno de los laboratorios autorizados. Por eso, a lo largo de estas cinco décadas, el número de incendios en viviendas se ha reducido casi a la mitad.

De la misma forma se han vuelto más seguras las albercas, las caminadoras y, sobre todo, los juguetes. El comprador siempre sabe para qué edad son apropiados, cuenta con un instructivo con advertencias para su uso y con una tarjeta con porte pagado para reportar cualquier incidente.

Cuando es necesario, la CPSC impone multas, decomisa productos, ordena recogerlos de las tiendas o canjear los vendidos y, en última instancia, inicia procesos en los tribunales. Actualmente está dando batallas legales en contra de los muebles Ikea (bonitos, pero inestables), los juguetes importados con alto contenido de plomo, los pequeños imanes (que pueden ser tragados por los niños), los generadores portátiles (que provocan intoxicaciones por monóxido de carbón) y las baterías defectuosas para teléfonos inteligentes y computadoras laptop (que explotan o se incendian).

La CPSC tiene muy identificados los peligros de las fiestas de fin de año. Lo más delicado son los incendios, causados por velas encendidas cerca de materiales combustibles (como manteles, cortinas, guirnaldas o árboles de navidad muy secos), o por enchufes sobrecargados y series de luces no certificadas, que fácilmente se sobrecalientan si se dejan prendidas toda la noche.

También son comunes las quemaduras al hornear el pavo o cocinar mayores volúmenes de lo acostumbrado.

Es la época en la que el entusiasmo por estrenar patines, patinetas y bicicletas incrementa la chamba de los ortopedistas. El producto sólo es 100 por ciento seguro cuando el usuario es 100 por ciento prudente.

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