En el entorno empresarial actual, altamente dinámico y competitivo, la incorporación de la inteligencia artificial (IA) en las decisiones empresariales constituye una transformación única, más allá de la eficiencia operativa.
Sin embargo, aunque la IA presenta beneficios para las organizaciones, no puede reemplazar la experiencia ni la creatividad humana en la elaboración de la visión.
Lo que sí puede hacer es aportar un valor significativo en el proceso de planeación estratégica, pero el criterio humano sigue siendo esencial para combinar el futuro de la organización con una visión clara de cómo hacerla realidad.
Una encuesta realizada por McKinsey, sobre el uso de la IA en diferentes procesos organizacionales, reveló que sólo el 7 % de los encuestados afirmó utilizarla en el diseño de la estrategia o incluso en la planeación financiera, mientras que en áreas como marketing, cadena de suministro y operaciones de servicios la proporción es del 25 % al 30 %.
En parte, esto se debe a que uno de los desafíos que enfrenta la mayoría de los estrategas es la abrumadora complejidad del mundo en el que operamos: la cantidad de incógnitas y la sobrecarga de datos provenientes de diversas fuentes internas y externas a la organización.
Ante este contexto, podría parecer que la IA añadirá otra capa de complejidad, pero la realidad es que puede ser una herramienta muy útil para eliminar parte del caos que trae consigo la sobresaturación de la información y evitar la parálisis por análisis.
Es así como la incorporación de la IA está provocando un cambio de paradigma en dos etapas cruciales del proceso de planeación estratégica: la formulación y la ejecución.
Esta transformación no es simplemente un avance tecnológico, sino un cambio fundamental en los procesos cognitivos y tácticos de las organizaciones.
La formulación de las estrategias identifica desafíos relevantes para los próximos años a partir del análisis del entorno, los recursos y las capacidades de la empresa.
Las herramientas de IA hacen posible analizar eficazmente grandes volúmenes de datos, identificar tendencias y predecir cambios futuros del mercado. Su capacidad para detectar patrones no visibles para las personas está anticipando la respuesta a las necesidades del mercado.
En la fase de ejecución de las estrategias, la IA permite dar seguimiento a los indicadores y los avances de acciones específicas para alcanzar los objetivos esperados.
A medida que las herramientas tecnológicas siguen evolucionando, su papel en la estrategia corporativa crecerá.
Será crucial lograr un equilibrio entre la inteligencia artificial y la humana, considerando los aspectos éticos para una implementación responsable y sostenible.
Por tanto, la incorporación de la IA en los procesos empresariales se ha convertido en un factor clave para mejorar la agilidad, transformando la forma en que las organizaciones toman decisiones y se adaptan a entornos en constante cambio.
La toma de decisiones será más estratégica con una clara visión de futuro, ya que ofrece la oportunidad de contar con nuevas alternativas para la innovación y la creación de la ventaja competitiva.
El impacto de la IA en los procesos estratégicos no se limita a las grandes corporaciones. Las pequeñas y medianas empresas (PYMES) también pueden beneficiarse mucho de la incorporación de la IA, ya que pueden obtener eficiencia e información que antes eran exclusivas de las grandes organizaciones.
Esta democratización de la tecnología permite una competencia más equitativa en el mundo empresarial, donde las empresas más pequeñas pueden competir de forma más eficaz con sus contrapartes más grandes.
Cuando la IA entre a una fase de consolidación y emerjan nuevas tecnologías, recordemos que el diseño de la estrategia empresarial seguirá siendo un arte, el cual conjuga la experiencia directiva y empresarial con un amplio conocimiento del entorno y de la misma organización.
Cada empresa es única en sí misma, al igual que sus estrategias, por lo que la IA no puede reemplazar la lógica y la interpretación humanas en un ámbito complejo como éste.
Sin embargo, la tecnología puede proporcionar respuestas más rápidas y objetivas, así como robustecer significativamente nuestra capacidad de decisión.
Por tanto, la ventaja competitiva residirá cada vez más en ser capaces de combinar nuestro criterio humano con las herramientas de inteligencia artificial en el diseño y la ejecución de las estrategias que harán realidad la permanencia de la empresa y su impacto en la sociedad.
La autora es decana asociada académica de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey y profesora investigadora en estrategia empresarial, gestión de conocimiento e innovación. Obtuvo su doctorado por la Universidad Autónoma de Barcelona.
Contacto: laura.zapata@tec.mx