Monterrey

Hugo Ortiz: Tu primera vez con el SAT

Cumples y te encuentras con Lolita. Fallas, y te enfrentas a Dolores.

Estimado lector: esta columna no es para usted… o tal vez sí. Porque, aunque usted ya le entiende al SAT, seguro conoce a alguien que no sabe ni por dónde empezar. Hoy vamos a hablarle a quienes están estrenando su relación con el SAT. Esos jóvenes que por primera vez tienen que presentar su declaración anual o que ya lo hicieron antes, pero con más dudas que certezas.

Así que le tengo un encargo: si tiene sobrinos, hijos, compañeros de trabajo o ese amigo que cree que el buzón tributario es spam, compártales esta columna. Que no los agarren en curva, que para eso estamos.

Todos hemos tenido una primera vez. Y no, no me refiero a romances de secundaria ni a aquella etapa en la que creías que la tarjeta de crédito era una extensión de tu sueldo. Hablo de tu primer cara a cara con la declaración anual. Ese instante glorioso en el que el SAT te lanza una mirada y te dice: “Acuérdate que soy tu socio… y ya toca sentarnos a ver cómo nos fue en el año, para repartirnos las ganancias”.

Para muchos jóvenes que empiezan a generar ingresos, la primera declaración puede sentirse como una cita a ciegas con términos raros, formularios extraños y una sensación constante de “¿y si la riego?”. Pero tranquilo, que aquí te explico de qué va el asunto, por qué a veces toca pagar y cómo, en otras ocasiones, el SAT puede terminar devolviéndote lana (sí, como lo oyes).

Primero lo primero: ¿qué es la declaración anual?

Es un resumen que le presentas al SAT cada año, donde le cuentas cuánto ganaste, cuánto te retuvieron (ya sea tu patrón o tus clientes), qué gastos hiciste que pueden ser deducibles, y con eso se calcula si ya pagaste lo justo… o si te faltó (o te sobró).

Es como cuando haces cuentas con tus compas para ver cuanto debe cada quien de la carne asada que se organizó: “Tú trajiste la carne, yo puse la cerveza, él llegó con el carbón…..así que hay que ajustar cuentas para que nadie salga perdiendo”.

¿Y quién tiene que presentarla?

No todos. Si eres asalariado y solo tuviste un patrón todo el año, lo más probable es que no tengas que hacerlo (aunque puedes hacerlo voluntariamente si quieres deducir gastos y buscar un saldo a favor). Pero si tuviste más de un patrón, ingresos por honorarios, actividad empresarial, arrendamiento o inversiones, es probable que estés en el equipo de los obligados.

Ahora bien, ¿por qué puede salir un impuesto a cargo?

Aquí viene la parte donde muchos se sacan de onda. Porque uno pensaría: “Oye, si ya me retuvieron impuestos durante el año, ¿por qué tendría que pagar más?”. La respuesta es: porque la retención no siempre es exacta. A veces el patrón no retuvo lo suficiente, tus ingresos crecieron, o recibiste ingresos de distintas fuentes.

Pero también puede pasar lo contrario: que hayas pagado de más durante el año. Y ahí es donde entra la parte sabrosa: el saldo a favor.

Sí, el SAT te puede regresar dinero. Así como lo oyes. Si tus retenciones fueron mayores a lo que realmente debías pagar, o si hiciste gastos que puedes deducir (como honorarios médicos, colegiaturas, lentes ópticos, pagos de seguros de gastos médicos, etc.), puedes tener un saldo a favor. Y si haces todo bien, esa devolución puede llegar directo a tu cuenta bancaria en unos cuantos días. Una maravilla que muchos descubren con ojos de niño en Navidad.

Hacer la declaración anual no tiene que ser una pesadilla. Con un poco de orden, algo de paciencia, y tal vez una playlist para relajarse mientras la llenas, puede convertirse en una experiencia relativamente indolora. Incluso, educativa. Hoy en día, gran parte de la información ya viene precargada en la declaración; solo tienes que validarla y verificar que coincida con tus ingresos y gastos del año. Si todo es correcto solo queda enviarla y, si obtuviste saldo a favor, proporcionar los datos de tu cuenta bancaria para que el SAT te deposite el dinero que te debe.

Así que, si este año te toca dar el paso, enfréntalo con dignidad. En una de esas, hasta te cae un dinerito extra. Y si no, al menos te llevas la experiencia... y una buena historia para compartir.

Y como decían en los anuncios de los años setenta: “Cumples y te encuentras con Lolita. Fallas, y te enfrentas a Dolores.” Tú decides si quieres una relación con encanto… o con dolor de cabeza.

Historias de impuestos bien contadas.

Contacto: huorsa@ortizgarza.com.mx

COLUMNAS ANTERIORES

Invertirá FlixBus 162 mdd en NL
Sumaría 1,000 mdd inversión de Volvo en NL

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.