Monterrey

Gybram Vásquez: La debacle del PRI

El PRI como lo conocíamos está en extinción y no se ve que haya algo que los pueda salvar de su caída

El Partido Revolucionario Institucional es un caso de estudio, no solamente en México si no a nivel mundial. Haber tenido la capacidad de gobernar por más de 70 años ininterrumpidos un país de 100 millones de personas, más allá de las formas y métodos utilizados para mantener el poder, es digno de reconocerse.

Sobre todo cuando dicho partido consiguió en 2012 volver al poder después de dos sexenios del PAN. El PRI logró recuperar la confianza ciudadana no al reinventarse, si no al ofrecer a las y los mexicanos resultados en los temas que más preocupaban y donde tenían experiencia: seguridad y empleo.

El nuevo PRI que entró con Enrique Peña Nieto prometía saldar la deuda de dicho partido con la ciudadanía, quien los había echado del poder después de un tortuoso camino que incluyó devaluaciones, crisis económicas, de seguridad y políticas y sobre todo muchas denuncias por corrupción.

Pero el gusto por traer de vuelta al poder a un partido que había demostrado dar resultados duró muy poco: 6 años después abriría la puerta a una opción política de izquierda, pero con una agenda política similar a la que enarbolaba el Revolucionario Institucional.

AMLO y Morena ganaron la presidencia de México, en parte por mantenerse como la única opción de cambio real en México, pero también porque el nuevo PRI se encargó de llenar de municiones al actual presidente, al acumular casos de corrupción sistémica.

Hoy en pleno 2022 el PRI parece estar viviendo sus últimos momentos como un partido de peso en nuestro país. En tan solo 7 años ha perdido no solo la presidencia de la república si no más del 80% de los gobiernos estatales que gobernaba. Tan solo mantiene Durango (en coalición con el PAN) Coahuila y Estado de México, ambas entidades con elecciones en 2023 y con una posibilidad real de que se dé la alternancia por primera vez en su historia.

¿Qué pasará con el PRI después del 2023? Es claro que por sí solo ya no son una oferta política atractiva para la ciudadanía. El Revolucionario Institucional estiró tanto la liga de confianza ciudadana que ya no se ven como una opción fiable.

En mediciones que mi casa encuestadora realiza en todo el país, al hablar sobre el PRI siempre se asocia con corrupción y mal gobierno, poco se referencia a un partido que logró poner las bases de desarrollo (en cualquier tipo de grado) en rubros como salud, educación y otros derechos fundamentales.

Al PRI le pasa lo que a muchos otros partidos políticos en México y en el mundo: se mantienen estáticos o transitan del lado opuesto ante una sociedad y un mundo que avanzan en otra dirección.

Hoy tenemos múltiples ejemplos de cómo los electores cambian sus opciones políticas en la búsqueda de encontrar alguna que solucione sus problemas y necesidades. El caso más reciente es Colombia, quien por primera vez en su historia tendrá un gobierno de izquierda.

Si el PRI quiere retomar ese protagonismo de antaño debe dejar de pensar en términos de estructuras, militancia, sectores y organismos políticos, a ningún elector promedio le es relevante y ha quedado demostrado que la movilización tradicional ya no gana elecciones, ahora tienes que convencer a través de una narrativa que arrope el cambio, algo que el tricolor no sabe o no puede lograr.

El autor es egresado de la Licenciatura en Ciencia Política en el Tecnológico de Monterrey. Actualmente es Gerente de Investigación y Proyectos en la casa encuestadora Poligrama. Ha sido asesor de comunicación en gobiernos y la iniciativa privada.

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