Los aranceles de Donald Trump al sector automotriz, incluidos a parte de la producción de Canadá y México, y las medidas recíprocas anunciadas este jueves por el primer ministro canadiense, Mark Carney, convierten al mundo del automóvil en el principal damnificado de la guerra comercial de Estados Unidos.
Este jueves 3 de abril entraron en vigor aranceles del 25 por ciento a los vehículos fabricados fuera de Estados Unidos, o del T-MEC del que forman parte Canadá y México, y que son importados al país.
La medida afecta especialmente a fabricantes alemanes, japoneses y surcoreanos. Según los datos oficiales del Departamento de Comercio de Estados Unidos, por ejemplo en 2024 el país importó automóviles alemanes por valor de 25 mil 600 millones de dólares.
Si marcas como BMW, Mercedes-Benz o Volkswagen (VW) transfieren directamente el arancel al precio de sus vehículos en los concesionarios de Estados Unidos, esos modelos costarán a partir de hoy un 25 por ciento más que hace 24 horas.
VW ha señalado que planea desglosar el precio del vehículo y el arancel del 25 por ciento en sus modelos afectados por los aranceles de Trump para que el consumidor estadounidense entienda las consecuencias de la política comercial del presidente Trump.
Además, los fabricantes alemanes están considerando aumentar su producción en las plantas de montaje que tienen en Estados Unidos para evitar los aranceles y reducir su impacto en sus cuentas de resultados.
Los aranceles no sólo afectan a las marcas de autos alemanas. Las asiáticas Toyota, Honda, Hyundai y Kia también exportaron el año pasado una cantidad considerable de vehículos que ahora costarán a los consumidores estadounidenses un 25 por ciento más.
En 2024, Japón exportó a Estados Unidos vehículos por valor de 40 mil 760 millones de dólares y Corea del Sur por valor de 38 mil millones de dólares.
Sin embargo, el proteccionismo de Trump no sólo afecta a los vehículos fabricados fuera de Norteamérica sino también a autopartes, lo que multiplica el impacto negativo de los aranceles.
Las exportaciones en el año pasado a Estados Unidos de autopartes y motores de Alemania, Japón y Corea del Sur fueron respectivamente 35 mil 500, 68 mil 500 y 66 mil millones de dólares.
De acuerdo con los términos del T-MEC que firmó el propio Trump durante su primer mandato (2017-2021), para que un vehículo esté incluido en el tratado de libre comercio de América del Norte debe cumplir una serie de requisitos.
El más importante es que al menos el 75 por ciento del contenido del vehículo debe haber sido producido en Norteamérica. Los vehículos que no cumplen ese requisito están sujetos a aranceles cuando es exportado entre Estados Unidos, Canadá y México a pesar de que haya sido fabricado en uno de esos países.
En Estados Unidos, VW, BMW, Subaru y otras marcas tienen plantas que producen vehículos fabricados con menos de un 75 por ciento de partes procedentes de Norteamérica.
A partir de este jueves, esas autopartes (desde motores a suspensiones) están tasadas con un arancel del 25 por ciento, lo que aumentará el costo de fabricación, un incremento que los fabricantes tendrán que decidir si pasan a los consumidores de Estados Unidos con una subida del precio.
De nuevo, esa medida no solo afecta a fabricantes extranjeros. Stellantis se ha visto forzada a suspender la producción en dos plantas de montaje (una en Canadá y otra en México) por la entrada en vigor de los aranceles.
Y al dejar de fabricar vehículos en esas plantas, también ha suspendido la producción en centros de trabajo en Estados Unidos que les proporcionan partes lo que supone el despido temporal de unas 900 personas.
Los vehículos fabricados en Canadá y México con autopartes procedentes de fuera de Norteamérica también están siendo tasados a partir de hoy con aranceles cuando son exportados a Estados Unidos.
En respuesta a esos aranceles a vehículos producidos en Canadá con partes procedentes de otros países, el primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció gravámenes recíprocos para los automóviles producidos en Estados Unidos y que no cumplen con las normas de origen de T-MEC.
En la práctica, esta guerra comercial supone que, por ejemplo, el BMW X6 que la marca alemana produce en su planta de Spartanburg, en Carolina del Sur, ahora acumula aranceles del 25 por ciento por parte de Estados Unidos por los componentes producidos fuera de Norteamérica.
Y cuando ese vehículo es exportado a Canadá, otro 25 por ciento que hoy empieza a aplicar Ottawa.