Construyendo

Integrar para transformar: La nueva frontera de la construcción

Integrar tecnología en construcción reduce errores, acelera procesos y mejora la rentabilidad con proyectos interconectados desde el diseño hasta la operación.

Si hay una frase que escucho con sorprendente frecuencia en el sector de la construcción es esta: “¡cómo no hice esto antes!”. Surge casi siempre después de que una empresa o un profesional decide incorporar tecnología en algún proceso que llevaba años haciéndose de manera tradicional. El descubrimiento suele ser contundente: menos errores, más control, mayor velocidad y mejores resultados. Y a partir de ahí, la verdadera reflexión aparece sola: ¿por qué esperamos tanto para integrar lo que puede transformarlo todo?

Esta lección debería guiarnos hacia una acción más decidida y temprana, para integrar tecnología desde los primeros pasos del proyecto, y hacerlo de manera estratégica. Esto es especialmente relevante en las PyMEs de la industria de la construcción. Aunque suene sorprendente, una gran porción de los proyectos de infraestructura alrededor del mundo, incluidas las grandes potencias, continúa dependiendo de flujos basados en papel, hojas de cálculo dispersas y decisiones tomadas con información incompleta o desactualizada.

Pero la integración tecnológica no consiste únicamente en comprar software, dispositivos o aparatos sofisticados. Se trata de una transformación organizacional profunda. Implica redefinir estructuras internas, crear puestos como director de tecnología, gerente de estrategia digital o responsables de ciencia de datos. Significa entender que un proyecto es tan fuerte como la calidad de los datos que lo sostienen, desde cómo se generan y recogen, hasta cómo se almacenan, procesan y utilizan para mejorar la productividad.

La tecnología tiene un potencial verdaderamente transformador para las empresas constructoras en México y América Latina. Puede ayudarlas a acelerar su progreso, volverse más competitivas y aumentar su rentabilidad. Pero lograrlo exige cambios radicales respecto a cómo se han gestionado los proyectos en las últimas décadas. Un ejemplo claro está en la concepción misma del ciclo de vida de una obra. Tradicionalmente, el diseño, la licitación, la construcción, la operación y el mantenimiento se tratan como etapas aisladas, que apenas se comunican entre sí. Primero se diseña, después se busca quién construya, y sólo al final se piensa en quién operará y dará mantenimiento.

Esa lógica ya no funciona. La infraestructura moderna exige que todo se piense como un sistema interconectado, en el que cada etapa influye sobre la siguiente. Y en esa integración, la tecnología es el puente indispensable: permite flujos de información continuos, decisiones más inteligentes y procesos mucho más fluidos y eficientes.

Si nos preguntaran hoy cuáles son las tres partes más importantes de cualquier proyecto de construcción, la respuesta sería simple: integración, integración e integración. Y la tecnología es la herramienta que lo hace posible.

Por supuesto, esta integración requiere evaluar riesgos, especialmente los relacionados con la integridad y seguridad de los datos. Un entorno más digitalizado necesita protocolos robustos de protección. También es indispensable evitar una adopción tecnológica deshumanizada. El futuro de la construcción pertenece a quienes sepan equilibrar la innovación con una visión profundamente humana del trabajo.

Las herramientas ya existen. Lo que sigue es utilizarlas para construir de manera más inteligente, más segura y con proyectos interconectados desde su origen hasta su operación. Un futuro así no es lejano: está, literalmente, a un clic de distancia.

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